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Primer granja de camarón
Por: Biólogo Sergio García Sandoval
Entre los impactos sociales, de salud y económicos que ocasionan las granjas de camarón que operan sin ajustarse a los preceptos constitucionales a las leyes ambientales y sus normas, siempre ocasionan la destrucción de los ecosistemas que son de gran importancia para las comunidades locales, ¡que por supuesto no participan en las ganancias! Se afirma que la acuicultura es una respuesta viable al problema de los recursos alimentarios, especialmente en los países pobres. Resulta claro que no es el caso de la cría del camarón. También se ha dicho que es una fuente de divisas muy necesaria, que les permite a los países productores de camarón importar proteínas de costo menor y así garantizar la seguridad alimentaria. Este argumento presenta dos problemas. Primero, que no hay evidencia de que las divisas generadas por los criadores de camarón se usen para importar proteínas baratas. Las divisas no llegan a los pobres sino a los propietarios de las granjas camaroneras, que son ricos y generalmente políticos y que deciden como gastar ese dinero. En segundo lugar, la dependencia de alimentos importados reduce la seguridad alimentaria en tiempos de inestabilidad monetaria.
En relación con la generación de empleo, la acuicultura del camarón, debido a su naturaleza industrial, emplea menos personas que la agricultura u otras actividades pesqueras.
El desplazamiento de las comunidades locales es común en los países exportadores de camarones, donde los inversores con conexiones políticas convierten ecosistemas complejos altamente productivos en dominios privados para un uso exclusivo. Con el tiempo, los numerosos pobladores pobres que dependen de los manglares y la producción pesquera costera para su sustento son desplazados. Los conflictos sobre los derechos de tenencia de la tierra son el núcleo de los conflictos relacionados con la cría del camarón.
La cría del camarón es un negocio rentable para un grupo pequeño de personas, y es rentable porque el comercio liberalizado no toma en cuenta las llamadas “externalidades". Esto significa que aquellos que obtienen las ganancias no pagan por la destrucción del ecosistema, mientras que los costos tremendos que producen son absorbidos contra su voluntad por las comunidades locales, a cuya costa la industria produce sus ganancias
En resumen, la cría industrial del camarón no solo no es una solución, sino que agrava las desigualdades socioeconómicas, en el marco de la destrucción ambiental, son un riesgo por la afectación a la salud de las personas, incrementa el cambio climático, la contaminación y la perdida de especies.
La naturaleza pone sus reglas y todo lo que vaya en contra, se paga muy caro.