La pobreza priva a los niños de su derecho fundamental a la nutrición, el agua, la educación, la protección y la vivienda, entre otros, y reduce su capacidad de construir un futuro mejor para sí mismos y las generaciones venideras. Si no hay una intervención a escala mundial, lo más probable es que la pobreza infantil agrave la desigualdad social y prive a los niños y niñas más vulnerables de los servicios que necesitan para sobrevivir y prosperar.
La nutrición óptima es la base de la supervivencia, la salud y el desarrollo de los niños. Los niños que están bien alimentados son más capaces de crecer y aprender, de participar en sus comunidades y de resistir frente a las enfermedades, los desastres y otras situaciones de emergencia.
En la actualidad hay más niños que nunca que sobreviven y, sin embargo, solo en 2018 murieron 6,2 millones de niños y adolescentes jóvenes, la mayoría por causas que se pueden prevenir.
UNICEF trabaja en todo el mundo para fortalecer los sistemas de salud; para inmunizar y tratar a los niños contra la neumonía, la diarrea, el paludismo y otras afecciones de salud; para ayudar a los países a combatir las enfermedades no contagiosas; y para ayudar a los niños que padecen trastornos de salud mental, retraso en el crecimiento y discapacidad.
En la actualidad hay más niños y adolescentes que nunca matriculados en la educación preescolar, primaria y secundaria. Y en general, el número de hembras y varones que asisten a la escuela es casi igual. Sin embargo, para muchos niños, estar escolarizado no significa aprender.
Las normas de género nocivas se manifiestan de distintas formas; algunos ejemplos son el abandono escolar para asumir responsabilidades en el hogar, el matrimonio forzoso, o la violencia infligida por razón de género.
Las disparidades de género pueden comenzar al nacer, y aumentan a medida que el niño o la niña crecen. En la actualidad hay en todo el mundo cerca de 650 millones de niñas y mujeres que contrajeron matrimonio en la infancia, y más de 200 millones que han sido sometidas a la mutilación genital femenina.
La contaminación del agua y el saneamiento deficiente son dos de las principales causas de muerte de menores de 5 años. Sin unos servicios adecuados de agua, saneamiento e higiene (WASH), los niños corren un mayor riesgo de contraer enfermedades que son prevenibles y de padecer problemas graves de salud como la malnutrición y el retraso en el crecimiento.
La falta de saneamiento e higiene también socava el progreso en otras esferas del desarrollo, como la educación y la igualdad de género.
Cada año mueren más de medio millón de menores de 5 años por causas relacionadas con la contaminación atmosférica. Y otros tantos más sufrirán daños irreversibles que afectarán al desarrollo de su cerebro y sus pulmones.
El acceso a la energía asequible y limpia es fundamental para el crecimiento y el bienestar de los niños.
Actualmente el índice de desempleo entre los jóvenes es del 13%, tres veces mayor que entre los adultos. Si no invertimos urgentemente en educación y capacitación, la mayor parte de esta población de jóvenes que aumenta a gran velocidad –se prevé que llegue a los 2.000 millones para 2030– carecerá de la cualificación necesaria para competir en el mercado laboral.
Aproximadamente 4.000 millones de personas carecen de conexión a internet, y casi una tercera parte de ellas tienen entre 18 y 24 años. Esta creciente población de personas jóvenes corre peligro de quedar rezagada y excluida del moderno mundo digital y del uso de tecnologías que podrían mejorar sus vidas de forma drástica.
El progreso en la tarea de erradicar la pobreza ha sido desigual. La pobreza es tan solo una de las razones que pueden hacer que se excluya a los niños y niñas de la atención y los servicios básicos; también se les excluye en todo el mundo debido a la discriminación basada en el género, la discapacidad, el idioma y la etnicidad. La marginación que afecta a estos grupos hace difícil que puedan disfrutar del progreso y escapar a la pobreza.
La mitad de los niños de todo el mundo viven en zonas urbanas, y se prevé que esta cifra alcance el 70% para mediados de siglo.
UNICEF promueve la Iniciativa Ciudades Amigas de la Infancia desde 1996. En colaboración con aliados, apoyamos a los gobiernos en la creación de espacios urbanos donde los niños tengan acceso a los servicios básicos, donde disfruten de aire y agua limpios y donde puedan jugar, aprender y crecer sintiéndose seguros.
Las tendencias actuales de consumo y producción continúan generando residuos tóxicos y agotando valiosos recursos, s naturales. Pese a que los niños son los menos responsables de la degradación medioambiental eran ellos quienes soporten la carga peor de consecuencias, principalmente en forma de problemas de salud y crecimiento.
El cambio climático constituye una amenaza directa a la capacidad de los niños para sobrevivir, crecer y prosperar. Cerca del 90% de la carga de morbilidad atribuible al cambio climático recae en los niños menores de 5 años.
Hoy, por vez primera, una generación mundial de niños crecerá en un mundo que se ha tornado mucho más peligroso e incierto como consecuencia del clima cambiante y de la degradación del medio ambiente.
Actualmente 530 millones de niños viven en zonas que presentan una elevadísima incidencia de inundaciones; y 1 de cada 4 niños vivirán en zonas de sequía extrema para 2040.
Las repercusiones del cambio climático se hacen sentir en todo el mundo. Para muchos niños, los cambios en el clima se manifiestan por medio de cambios en el agua.
La degradación del suelo, junto a la pérdida de bosques, de especies y de biodiversidad, está estrechamente vinculada con el cambio climático y representa una grave amenaza a la capacidad de los niños para sobrevivir, crecer y progresar.