A comienzos de 1800 existía en lo que es hoy el puerto de Coquimbo, un rancherío de unas 30 ó 40 casas en las que vivían grupos de pescadores. Este lugar se denominaba La Rinconada de Coquimbo y pertenecía a la congregación de los Padres Franciscanos.
Los Pescadores con la autorización de los Padres Franciscanos levantaron una ermita de barro con la imagen de San Pedro.
En 1808 entró en la bahía el buque corsario Cahance a las órdenes del capitán White, quien ordenó la destrucción de la ermita. Posteriormente, alrededor de 1830 se construyó una nueva ermita u oratoria. No se sabe exactamente el lugar en que fue construida, posiblemente entre los roqueríos de la Parte Alta.
Este rancherío fue creciendo y tomando las características de pueblo por las actividades que originaron la instalación de Guayacán, de una fundición de cobre y de otros minerales, más el ferrocarril que unían los centros mineros con los barcos que llegaban al puerto, estableciéndose así un intercambio comercial con otras ciudades y países lo que hizo que Coquimbo se fuera transformando en uno de los puertos principales del país.
Al mismo tiempo que crecía la población también se extendía la fe cristiana Católica.
Por esta razón, el Arzobispo de Santiago decretó el 2 de Diciembre de 1837 que en Coquimbo habría una vice parroquia atendida por un capellán quien ejercerá por derecho y será además inspector de la escuela de primeras letras, establecida en aquel puerto. Tendrá a su cargo la construcción de la iglesia, su casa y la escuela. Se le fija un sueldo de 40 pesos mensuales. Habrá un profesor de primeras letras con un sueldo de 25 pesos. Se autoriza al intendente invertir 28 pesos mensuales para la casa del Capellán, el profesor de la escuela y agua necesaria solo para la escuela.
La designación afianzó la misión que ya cumplía el cura Francisco Bonilla Nieto, que instaló la escuela, la iglesia y la parroquia. El sacerdote Dominico fue también autor de un libro de enseñanza, un catecismo (interpretado) que le sirvió para educar a los chicos.
La escuela del cura Bonilla que más tarde fue la número 1 del puerto, según el informe evacuado por el Visitador don Elciario Palomero, logró su aprobación formal el 3 de abril de 1843.
El Padre Francisco Bonilla pidió la colaboración de los feligreses para cumplir a cabalidad con la misión que ya había empezado (en un Oratorio) desde antes de 1837.
Y así empezó la construcción de la iglesia en un terreno donado por doña Buenaventura Argandoña Subercaseux y por su hija doña Margarita Garriga Argandoña que vivían al frente y que junto con su familia, más dineros donados por los demás fieles lograron terminar la iglesia.
Tres siglos después, en el año 1857, se crea en Coquimbo la Parroquia de San Pedro, con su templo matriz, ubicado en el mismo lugar que tiene hoy, en calle Aldunate, frente a la Plaza de Armas del Puerto de Coquimbo.
Fuente: Iglesia de San Pedro.
Iglesia de San Pedro. 2016.