Comencé la universidad en el otoño de 2016. Desde entonces he dividido la mayoría de mis estudios entre el español y las matemáticas—un balance saludable entre diferentes modalidades de pensar. También me interesan el arte, la historia y la literatura. Empecé a estudiar en el major de español al comienzo de mi primer semestre de Amherst, pero inicié mi formación en el idioma antes de llegar a la universidad.
Me crié en Maryland, justo fuera de Washington, D.C. Mi casa era una casa monolingüe; adentro sólo se hablaba el inglés. Entonces, siempre me asombré cuando los amigos de familias multiculturales cambiaban entre idiomas sin pausa. De hecho, originalmente decidí tomar clases de español en la escuela después de compartir el auto con un amigo y escucharlo hablar en el español con su madre sin que yo entendiera nada.
A pesar de mis limitaciones con el idioma durante mi niñez, la ciudad de Washington era un lugar repleto de culturas diversas de todos lados del mundo, incluso una población extensa hispanoamericana. Por mi parte, quería experimentar la cultura de las diferentes comunidades de Washington, y eso me motivó a seguir con el aprendizaje del español a lo largo de la secundaria.
Todavía me acuerdo de la dificultad de memorizar el vocabulario y practicar la gramática en mis clases de la secundaria. De esa manera llegué a entender a los que no habían dominado el inglés a pesar de vivir en los Estados Unidos desde hacía años. Para mí, ese período de aprendizaje fue difícil, pero eventualmente descubrí que cada gota de sudor valió la pena cuando empecé a entender la literatura en el español.
Mis estudios en la secundaria culminaron con el AP Spanish V, en que leí la literatura hispana por la primera vez. Las fantasías de Julio Cortázar y las tragedias de Miguel de Unamuno me abrieron puertas a otros mundos y me inspiraron a seguir más allá de simplemente aprender el español como idioma. Así que cuando llegué a la universidad en el otoño de 2016, ya tenía una base en la gramática española y además un hambre intenso por la literatura. Sin embargo, todavía me faltaba la fluidez en el hablar y el escribir.
Por eso, en mi primer año en Amherst, cursé SPAN-135: Spanish Conversation y SPAN-199: Writing Workshop. En ambos cursos mejoré mis facultades con la lengua a través de ejercicios de redactar, discutir y presentar sobre eventos y cuestiones actuales del mundo hispano.
Con un fundamento más firme en el idioma, por fin pude satisfacer mi apetito por la literatura. Empecé el segundo año con un curso de estudio general de la literatura hispana con el Profesor Paul Schroeder Rodríguez. En la clase, vi obras ejemplares de la historia literaria de España y las Américas. Leí los cuentos maravillosos de Jorge Luis Borges y miré las películas del cine moderno caribeño, pero lo que me atrajo más que todo fue la poesía barroca del Siglo de Oro español. Los sonetos de Góngora, Quevedo y Lope de Vega me estimularon a intentar escribir un poema mío al estilo barroco. Aunque no alancé la altura de los maestros, el ejercicio me hizo pensar en el lenguaje de una manera distinta.
Los sonetos barrocos en esa clase me motivaron a explorar la evolución moderna de la poesía. En la primavera de 2018, me encontré en otra clase del Profesor Schroeder Rodríguez, SPAN-241: The Poetics of Liberation. Leímos las obras de autores de toda Latinoamérica que habían desarrollado toda una gama de poética para expresar la liberación en un contexto histórico problematizado por el colonialismo, el racismo, el machismo, el neo-imperialismo y tantos otros factores. Por consecuencia, me enteré de una historia no enseñada ampliamente en el país, de la explotación en el Caribe, las identidades fracturadas por la frontera y la represión de las dictaduras latinoamericanas en el siglo XX. El tema me guió al poeta uruguayo Mario Benedetti, y a través de sus ojos, descubrí el conflicto entre la memoria de un pasado doloroso y el olvido peligroso de la amnistía que todavía persiste en Latinoamérica.
Seguí esta intersección de la literatura y la historia en el próximo semestre en SPAN-363: 100 Years of Solitude con el Profesor Ilan Stavans. La novela de Gabriel García Márquez, una alegoría por la historia de Colombia escondida tras una narrativa multigeneracional escrita en el estilo del realismo mágico, me cautivó. Para el proyecto final, la poesía me llamó de nuevo. Escribí veinte sonetos correspondientes a los capítulos de la novela. El proyecto me encantó, y al final me di cuenta de que necesitaba viajar a América Latina para experimentar la cultura que generó esa historia.
Por consecuencia, el próximo semestre viajé a Montevideo, Uruguay para estudiar. Allí, me esforcé a cumplir con el requisito de inmersión completa en la cultura. Me quedé con una familia anfitriona uruguaya. Hablé y leí solamente en el castellano. Escuché las canciones del candombe y el tango. Charlé y compartí el mate con los amigos de la universidad. Jugué el fútbol cinco e hinché por la Celeste (el equipo nacional de fútbol). Viví la cultura bien criolla.
En Montevideo, cursé tres clases en la Universidad de la República—dos sobre la historia reciente del Uruguay y una de la literatura española. Las clases de la historia fueron reveladoras sobre el pasado y la política interna del país y el continente en los siglos XX y XXI.
La experiencia se hizo aun más especial por la oportunidad de viajar a otros lugares en América del Sur. Vi a los guachos dominando caballos en el interior del Uruguay, el collage de color que es Valparaíso, los Andes como gigantes vigilando a Santiago, las carreteras de trueno en Iguazú, las anchas avenidas de Buenos Aires y finalmente el ajetreo vivaz de Bogotá.
Mis experiencias en el exterior me han fomentado el deseo para continuar utilizando el español en la carrera y como un pasatiempo. En el futuro cercano espero enseñar el inglés en un país hispanohablante. Más allá, anticipo continuar explorando y gozando de la literatura y cultura hispana, sea a través de más estudios o sea simplemente para divertirme.
Abajo, se puede ver una muestra de obras de cada año a lo largo mi sendero en el major de español en Amherst. ¡Qué lo disfrute!