14 de octubre de 2025
14 de octubre de 2025
La arquitectura no se define únicamente por su estructura física, sino también por la forma en que es percibida por quien la observa. El ornamento no pertenece solo al edificio, sino también a la mirada del espectador que lo contempla. La ornamentación arquitectónica es una expresión estética y simbólica del creador, pero también una experiencia que depende de la sensibilidad de cada persona. El valor ornamental de una obra no es una cualidad fija, sino algo que se construye en la relación entre la obra y quien la aprecia.
El ornamento puede entenderse como un lenguaje simbólico mediante el cual el arquitecto comunica ideas y emociones. Gaudí, por ejemplo, en La Pedrera, logra que la forma y la decoración se fundan en una sola expresión. Sus fachadas ondulantes y los detalles inspirados en la naturaleza no son simples adornos: representan la vitalidad de la vida y la energía del entorno. La ornamentación, en este sentido, es la huella visible del pensamiento del creador, quien otorga al edificio identidad, movimiento y significado. El ornamento vive en la estructura como testimonio de la intención artística del arquitecto.
Aun así, la interpretación del ornamento no puede separarse de la mirada que lo observa. Cada persona percibe el edificio desde su experiencia, su gusto y su cultura visual. Un mismo detalle decorativo puede parecer exagerado para alguien que prefiere la simplicidad o resultar fascinante para quien valora la riqueza formal. Esta diversidad de miradas demuestra que el ornamento no es algo objetivo, sino una construcción subjetiva. La arquitectura se convierte así en un diálogo: el edificio propone y la mirada responde, completando el sentido de la obra.
La decoración o el ornamento en la arquitectura no puede entenderse como una entidad fija localizada únicamente en el edificio ni exclusivamente en la mirada. Es un fenómeno relacional, un encuentro entre la intención del arquitecto y la interpretación del espectador. La belleza arquitectónica se completa cuando la forma construida despierta una respuesta estética o poética en quien la contempla. Como señalaba Gaudí, la verdadera ornamentación no se impone, se descubre; y su existencia depende tanto del creador como del observador.
Referencias
Isado.net. (s.f.). Sesiones 1-4: Arquitectura sin arquitectos y el sistema de la moda. Recuperado de http://www.isado.net/sesiones-1-4
Casa Milà – La Pedrera. (s.f.). Antoni Gaudí’s masterpiece in Barcelona. Fundació Catalunya La Pedrera. Recuperado de https://www.lapedrera.com/en