Cuauhtli Iyarieya (En el corazón del águila), nace en el año de 1992. Con la inquietud de trabajar más en serio y profundo con el conocimiento de nuestros antepasados, y en un grado más superlativo, el asentamiento del conocimiento o filosofía náhuatl. Quienes empezamos este proyecto de grupo fueron Marco P. Aguirre, R. Figueroa y R. Ruiz entre otros elementos que se fueron alejando del grupo, ya sea que cambiaron de estado, de residencia o simplemente dejaron el camino de la danza. Todo esto sucedió en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.
Después de cierto tiempo tuvimos la visión de llevar a sembrar la danza a Monterrey, Nuevo León, puesto que no existía un movimiento cultural enfocado a la danza prehispánica, esto sucedió en el año de 1999.. Poco a poco se fueron integrando elementos que concluyó con la conformación del círculo de Monterrey, donde quedo al mando nuestro capitán Ramiro Figueroa Sánchez, siendo muy importante nuestra labor porque en la entidad no existía un precedente ni grupo alguno que manifestara la danza azteca.
Desde el año de 1992 que tuvimos la fortuna de conocer el pueblo de San Andrés, en la sierra al norte de Jalisco, gracias Aparruki, un cristo huichol que se encontraba extraviado y después de cuarenta años volvieron a su hogar, esta vez ya con sus danzantes, los huicholes nos dieron el cargo de ir a danzar cada aniversario a la sierra.
Por otra parte, desde el primer año que asistimos a la sierra nos dimos cuenta que aunque tenían mucha riqueza espiritual, era todo lo contrario con lo material, ya que su estado no es de pobreza, sino de miseria. Lo que percibimos nos impulsó a comenzar un proyecto de ayuda, comenzando con los niños en las escuelas y lugares donde presentábamos la danza, así era que podíamos ayudar a los más desprotegidos, proporcionándoles ropa, medicina, útiles escolares, comida no perecedera y herramientas de trabajo para el campo. Mismas que llevamos y entregamos a las autoridades de la comunidad, y aunque esto fue una labor ardua, producto de muchas horas de dedicación, ya que eran toneladas de mercancía; nos quedó la satisfacción que brinda la solidaridad; poder convivir y compartir con este grupo. Y así ayudar a uno de los pueblos prehispánicos más representativos y vivos de nuestro país, y con los cuales estamos hermanados y compartiendo conocimiento. De esta relación ya cumplimos quince años, y la labor la hemos continuado.
Extendemos la invitación para quienes deseen integrarse a este proyecto y así tener un acercamiento con la comunidad huichol y conocer la riqueza de sus tradiciones, ya que siempre es oportuna y necesaria la cooperación de quienes amen la mexicanidad.