Esquema sobre la Guerra de la Independencia elaborado por el profesor extremeño Daniel Gómez Valle.
El secuestro de la familia real en Bayona desencadenó en Madrid una sublevación popular el 2 de mayo de 1808 (como hemos visto en el apartado anterior), seguida por levantamientos en otros lugares. Comenzó así la Guerra de la Independencia, en la que la población española se dividió entre afrancesados, que reconocieron a José I como rey, y fernandinos, fieles a Fernando VII.
La contienda fue larga y dura. Las guerrillas hostigaban continuamente al ejército francés, mejor equipado y formado. La guerra pasó por tres fases:
· Hasta finales de 1808. Tras la sublevación de Madrid, los franceses sitiaron Zaragoza y Girona, pero sufrieron una gran derrota en Bailén.
· Desde finales de 1808 hasta 1812. Las tropas de Napoleón ocuparon casi toda la Península.
· De 1812 hasta 1814. Coincidió con el declive militar de Napoleón. Tropas españolas e inglesas, al mando del duque de Wellington, derrotaron definitivamente a los franceses. Estos abandonaron España y Fernando VII fue repuesto en el trono.
Mapa con las fases de la Guerra de la Independencia del libro Historia de España de la editorial Akal.
LAS FUERZAS EN PRESENCIA Y EL PRIMER AÑO DE GUERRA
En principio, la relación de fuerzas era muy desigual. Frente a un ejército francés amplio y hasta entonces invencible, los restos del español, compuesto por unos 100.000 hombres, estaban en clara inferioridad de condiciones, aunque demostraron una gran capacidad de lucha. Además, la intervención de unidades inglesas y de los restos del ejército portugués reforzó considerablemente la resistencia española.
El nivel de eficacia del ejército francés tampoco fue tan alto como en otros conflictos. Durante la mayor parte de la guerra el número de soldados franceses fue limitado, y en general eran fuerzas recién reclutadas y con escasa cohesión entre sí. Muchos soldados eran extranjeros reclutados a la fuerza. Y es que el mando francés jamás pensó que la invasión española fuera a encontrar una resistencia seria. Cuando ésta se organizó y surgió la acción guerrillera, que les impedía abastecerse sobre el terreno, los generales no supieron reaccionar, y acabaron actuando por su cuenta, desobedeciendo incluso las órdenes del rey José I.
En las primeras semanas de guerra los franceses trataron de sofocar los levantamientos urbanos surgidos por todo el país. A mediados de junio se inició el sitio de Zaragoza, cuya resistencia fue organizada por el general Palafox. Pero el curso de los acontecimientos dio un brusco vuelco cuando, el 19 de julio, las tropas francesas sufrieron una humillante derrota en la batalla de Bailén. José Bonaparte, que había llegado a Madrid el día 20 en medio de una fría acogida popular, hubo de abandonar ocho días después la desguarnecida capital. Los franceses se vieron obligados también a levantar el sitio de Zaragoza. Además, el cuerpo expedicionario inglés, al mando del duque de Wellington, vencía a las tropas francesas en Lisboa.
Fue entonces cuando Napoleón decidió intervenir personalmente. Al frente de los 250.000 soldados de la Grand Armée, sus tropas de élite, atravesó el Pirineo en noviembre y en una campaña fulgurante ocupó Burgos, que fue saqueada, derrotó a las tropas españolas que le salieron al paso y avanzó hacia la capital. Tras vencer la resistencia en el puerto de Somosierra, Madrid se rindió el 4 de diciembre. En enero continuó la campaña, derrotando a los ingleses en Galicia y obligándoles a reembarcar. Cuando Napoleón abandonó el país en enero, parecía asegurada la victoria. Días después, Zaragoza, Sitiada por segunda vez, se rendía.
LA GUERRA DE DESGASTE. LA GUERRILLA
En 1809 los franceses consiguieron vencer la resistencia y avanzar hacia el sur. Pese al tropiezo de Talavera, donde Wellington consiguió derrotarles, en 1810 ultimaron la conquista de Andalucía. Sólo Cádiz, resguardada por su aislamiento terrestre pudo resistir abastecida desde el mar por los ingleses.
Pero, en realidad, los ejércitos napoleónicos estaban lejos de haber vencido. Aún quedaban unidades del ejército español, se había organizado un gobierno de guerra, la Junta Central, y la voluntad de resistencia permanecía. Se inició entonces una guerra de desgaste, caracterizada por la imposibilidad de que las tropas francesas controlaran efectivamente el territorio y por la lucha cada vez más organizada de las partidas guerrilleras.
Las guerrillas aparecieron en 1808 como unidades de paisanos armados con el objetivo de mantener en constante amenaza a los franceses. Compuestas al principio por unas docenas de hombres, fueron creciendo rápidamente al sumarse a ellas no sólo civiles, sino numerosos delincuentes y también soldados de unidades dispersadas por los franceses.
La importancia de la guerrilla radicaba en su peculiar táctica. Los guerrilleros rehuían la batalla frontal, en la que se sabían inferiores, y optaban por golpear repetidamente, mediante emboscadas, a fuerzas reducidas del enemigo. Vivían sobre el terreno, con el apoyo de la población civil, que les suministraba víveres, información y escondites, lo que hacía muy difícil a los franceses detectarles y capturarles. Sus objetivos clave eran las líneas de comunicación, la retaguardia, los abastecimientos y los convoyes de armas.
Su efecto sobre el ejército francés era doble: por un lado, minaba la moral de los soldados; por otro, obligaba a mantener un elevado número de hombres dedicados a misiones de escolta, vigilancia y retaguardia, lo que mermaba drásticamente las tropas que participaban en operaciones de guerra convencional. Además, los guerrilleros colaboraron desde el principio con las unidades de los ejércitos regulares español e inglés.
EL CAMBIO DE RUMBO Y EL FIN DE LA GUERRA
A partir de 1811 la guerra cambia de rumbo. En marzo, tras la derrota de Torres Vedras, los franceses abandonaron Portugal, y meses después Wellington avanzó por el sur y reconquistó Badajoz. En la primavera de 1812, además, Napoleón tomó la decisión de atacar Rusia, para cuya campaña retiró a las mejores unidades que tenía en España. En junio, las tropas de Wellington entraban en Salamanca, y un mes después tuvo lugar la batalla de los Arapiles, en la que la victoria inglesa abrió el camino hacia Madrid.
Tras el desastre de Rusia, Napoleón retiró más hombres para asegurar la defensa de Francia, dejando a las fuerzas hispano-británicas en superioridad. El 21 de junio de 1813 la batalla de Vitoria consumó la derrota francesa y obligó a José I a cruzar la frontera. El 11 de diciembre de ese mismo año, asediado en su propio territorio, Napoleón firmaba el Tratado de Valençay, por el que restituía la Corona de España a Fernando VII.
LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA
La guerra supuso un enorme colapso demográfico. Se calcula que hubo medio millón de muertos, una cifra considerable para una población total de 11 millones en 1807. A las bajas producidas en combate hay que añadir las debidas a las epidemias y a las hambrunas, como la terrible que asoló Madrid en 1812, sin olvidar el exilio de miles de afrancesados, españoles que habían colaborado con el gobierno de José I y que debieron atravesar la frontera junto con las tropas francesas al término de la guerra.
Los daños materiales no fueron menores. Ciudades como Zaragoza, Gerona o San Sebastián quedaron totalmente arrasadas. En otras muchas fueron destruidos edificios y monumentos artísticos. Además, los franceses también llevaron a cabo un importante expolio de obras artísticas, sólo parcialmente devueltas tras la guerra.
Respecto a los daños económicos, la industria textil catalana perdió no sólo el ritmo de progresión de los años de preguerra, sino también numerosas fábricas y, lo que es más grave, el mercado colonial. También hubo fábricas y manufacturas destruidas en acciones de guerra.
Pero fueron los campesinos quienes soportaron el peso principal: alistamientos masivos y campos arrasados dejaron un país agotado en su principal fuente de riqueza. Por si fuera poco, la guerra arruinó definitivamente la Hacienda española.
En cuanto a la repercusión internacional, la guerra española fue decisiva para la derrota napoleónica. El bloque contra Inglaterra quedó roto. Bailén reavivó la resistencia europea, al demostrar que los ejércitos del emperador eran vulnerables. Además, los franceses se vieron obligados a mantener grandes contingentes en la Península.
Por otro lado, la guerra activó el proceso de independencia de la América española. Ante el vacío de poder creado, los grupos criollos optaron por negarse a acatar la nueva monarquía francesa. Sustituyeron a las viejas autoridades, organizaron sus propias Juntas y comenzaron un proceso de autogobierno que estaba en el inicio del proceso de emancipación de las colonias.
Esquema sobre la Guerra de la Independencia española realizado por el profesor Francisco.