A partir de ahí, viven en las conocidas como Daaras o Escuelas coránicas que, desde la década de los 70 del siglo pasado, con la llegada del azote que suponen las sequías que aún continúan, proliferan en el extrarradio de las ciudades.
Las Daaras, improvisadas en edificios a medio construir, sin agua, sin luz, sin evacuación, y con unas condiciones higiénicas inadecuadas. Son foco de enfermedades de todo tipo, en niños con una alimentación escasa y falta de muchos nutrientes imprescindibles.
No reciben ningún tipo de formación reglada, y llegan a la adolescencia sin conocer el francés, la única lengua oficial de Senegal. Que además es vehicular entre todas las etnias y es el idioma de trabajo en el país, en el que conviven diferentes lenguas Wolof, Serer, Peul, Mandinga, Soninké, Diola.
Como además no han desarrollado ningún tipo de formación ni habilidad profesional, se ven abocados a optar a los trabajos más precarios y mal renumerados.