Vladimir Barisic llegó a ocupar una posición global en la industria agroexportadora después de haber empezado desde abajo, entre silos, camiones y vagones. Quienes trabajan con él, en Bunge, encuentran otra forma de explicar ese recorrido: un liderazgo silencioso, construido en las pequeñas cosas que hace todos los días.
Por Luisa Rosner.
(Gentileza: Vladimir Barisic)
Antes de hablar de Bunge, Vladimir Barisic habla de su familia. "Lo mejor que me pasó en la vida", dice cuando se refiere a la familia que construyó junto a Lala, su mujer, con quien está desde los 18 años y con quien tiene cuatro hijos. Además aparecen sus amigos, los deportes y una idea que atraviesa casi todas sus respuestas: intentar ser una buena persona y ayudar a los demás desde el lugar que ocupa.
Es una manera particular de presentarse para alguien que hoy está al frente de una de las empresas más importantes del negocio agroindustrial. Barisic podría empezar por su cargo, por las decisiones que toma o por los resultados de una compañía que participa de una cadena que conecta productores, transporte, plantas, puertos y mercados internacionales. En cambio, vuelve una y otra vez a las personas.
La explicación está en su historia. Barisic recuerda como determinante la educación y el cariño que recibió de su madre y de sus hermanos. También influyó el colegio al que fue de chico, donde encontró contención, y la posibilidad de estudiar en una universidad y formarse académicamente. Pero cuando tiene que señalar qué fue realmente importante, vuelve a la formación humana que recibió de su familia y de algunas personas que lo acompañaron a lo largo de su vida: su madre, el sacerdote y amigo Jorge Murias, su amigo de la infancia Pablo Franzini (junto con la familia), el psicólogo Julio Labaqué (con quien trabajó durante siete años) y Lala.
Su relación con el agro empezó antes de convertirse en una profesión. De chico ya le gustaba el campo y la naturaleza. Con el tiempo descubrió también su interés por la parte comercial del sector y eligió una carrera vinculada con esa actividad. A partir de ahí, dice, fue cumpliendo los objetivos que se iba proponiendo.
Pero su carrera no comenzó en una oficina. Ese comienzo fue en Nidera, donde arrancó "desde la base", trabajando en una planta y haciendo tareas que hoy pueden parecer lejanas a la posición que ocupa: barrer una celda o un silo, sacar muestras de camiones y vagones, cargar y descargar mercadería, o determinar calidades. Esas tareas terminaron convirtiéndose, para él, en una forma de aprendizaje. Antes de tomar decisiones desde arriba, necesitó conocer cómo funcionaba el negocio desde abajo.
De Nidera pasó a Glencore, la compañía que años más tarde cambiaría su nombre a Viterra. Fue ahí donde llegó una decisión que cambió su carrera: a fines de 2013 le propusieron trasladarse a la sede central en Holanda para ocupar una posición global. Tenía poco tiempo para decidir y la decisión no lo involucraba solamente a él, significaba mudarse con toda su familia.
"Fue una de las decisiones más difíciles", recuerda. Finalmente se fueron. Vivieron cuatro años en Holanda. Lo que en aquel momento significaba poner en juego su futuro laboral terminó siendo, según Barisic, una de las mejores experiencias de su vida. No solamente por lo profesional, sino también por lo familiar. En ese proceso, destaca especialmente el apoyo de Lala y de sus hijos. En febrero de 2026, Viterra se fusionó con Bunge, y así fue como Barisic llegó a ocupar la posición global que tiene hoy dentro de la compañía. Quizás por eso, cuando habla de dirigir una empresa, los números aparecen después de las personas.
Foto: Infocampo. “El elogio al Gobierno del CEO global de una gigante del agro: "Está sentando las bases para la inversión", 11 de noviembre de 2025.
Barisic sostiene que una empresa, sin importar su tamaño, está formada por personas. Su lógica es sencilla: primero buenas personas, después buenos profesionales; con buenos profesionales se forman buenos equipos y con buenos equipos se construyen buenas empresas.
Francisco García Mansilla, director comercial de Planeamiento Estratégico de Bunge, trabajó con él durante años y ofrece una mirada desde adentro. Dice que creció profesionalmente trabajando junto a Barisic y que llegó a admirar especialmente su forma de liderar. Lo define como un "liderazgo silencioso". En las reuniones, cuenta, Barisic habla poco y escucha mucho. No es necesariamente quien dice la frase más brillante o genera una gran impresión en un momento puntual. Su diferencia está en otro lugar: en hacer bien las pequeñas cosas, todos los días. Para García Mansilla, esa constancia es difícil de sostener. Llegar primero, irse último y mantener el mismo nivel de compromiso cuando nadie está mirando son parte de una manera de trabajar que, según él, termina generando resultados.
Ese liderazgo también aparece cuando Barisic habla de los desacuerdos dentro de un equipo. No busca que todos piensen igual. Al contrario, considera que la fortaleza de un grupo está justamente en sus diferencias y en la diversidad de miradas. Le gusta debatir, escuchar opiniones contrarias a la propia y buscar un consenso. La decisión final, explica, es suya, pero llegar hasta ella implica haber discutido con el equipo.
En la mirada de García Mansilla, esa forma de trabajar tiene además una dimensión más amplia. Habla de los resultados que consiguieron juntos y de cómo, en un período de dos años y medio, pasaron de ocupar el séptimo lugar entre los exportadores a convertirse en los primeros. Cuenta que duplicaron el flujo, la producción y generaron nuevos negocios.
Pero cuando explica qué lo mueve a Barisic, tampoco se queda solamente con los números. "Quiere que a Argentina le vaya bien", dice García Mansilla. Para él, generar inversión y trabajo forma parte de ese objetivo. En una industria que compite por inversiones con otros países, sostiene, hacer crecer una empresa también significa sostener empleos y, detrás de ellos, familias.
Barisic expresa algo parecido desde otro lugar. Cuando habla de las decisiones que toma dentro de la cadena agroindustrial, dice que intenta que todos ganen. En lugar de pelear por "la porción de una torta", propone "agrandar la torta". Si al productor le va bien, también puede irle bien al transporte y al resto de los actores de la cadena.
Para él, dirigir significa además hacerse responsable de las consecuencias de esas decisiones. Por eso habla de trabajar con responsabilidad y sentido común y de quedarse tranquilo cuando sabe que dejó todo para alcanzar un objetivo, incluso cuando el resultado no sale exactamente como esperaba. No entiende el éxito solamente como ganar. También lo encuentra en el esfuerzo constante, en aprender de lo que salió mal y en no dejar de crecer. "Dejar todo en la cancha", dice, es lo que le permite disfrutar de lo que hace.
García Mansilla agrega otra dimensión a ese esfuerzo. Trabajar con Barisic implica jornadas largas, viajes y un costo personal y familiar importante. Hay estrés y decisiones permanentes. Pero también hay algo que, para él, termina justificándolo: mirar hacia atrás después de algunos años y ver cuánto cambió una empresa.
Es una tensión que atraviesa la historia de Barisic. Por un lado, una carrera construida a partir del trabajo, los objetivos y la exigencia. Por otro lado, una persona que coloca a su familia en el centro cuando explica qué es lo que realmente la hace feliz.
Quizás por eso, cuando habla de los próximos diez años, su ambición no se limita a los resultados económicos. Quiere construir "la mejor empresa de agro del país", pero define esa idea también a través de valores: confianza, respeto, responsabilidad, buenas prácticas corporativas, sustentabilidad, trazabilidad y cuidado del medio ambiente.
Hay un objetivo que resume esa visión: que jóvenes profesionales quieran trabajar en Bunge. Para Barisic, que una empresa sea capaz de atraerlos sería una señal de la calidad que logró construir.
“El campo argentino perdió una oportunidad de crecimiento por decisiones impositivas, no por límite productivo" Vladimir Barisic. (Gentileza Braisic)
Cuando mira hacia atrás, tampoco elige un cargo ni un ascenso como el momento que mejor explica quién es. Vuelve a la planta, a las primeras tareas, a los objetivos que se fue poniendo y, otra vez, a su familia.
El hombre que hoy ocupa una posición de liderazgo en una compañía global todavía encuentra parte de su identidad en haber empezado barriendo una celda y aprendiendo cómo funcionaba una planta. Francisco García Mansilla, que lo conoce desde el trabajo cotidiano, encuentra la misma lógica en otro lugar: en alguien que no necesita hacer grandes demostraciones para liderar, sino que sostiene las pequeñas cosas todos los días.
Entre ambas miradas aparece un mismo recorrido: el de una carrera que creció hacia arriba sin desprenderse, al menos en su propio relato y en el de quienes trabajaron con él, de aquello que estuvo en la base.
Barisic resume esa forma de mirar su vida en una frase sencilla: "Hacerlo con pasión y disfrutarlo". Tal vez por eso, después de una carrera que lo llevó de una planta a Holanda y luego a una posición global, hoy sigue poniendo más énfasis en cómo se recorre el camino que en el lugar al que se llega.