Para mí, el arbitraje es una forma de vida. Es un mundo poco conocido y una figura poco valorada y muy vejada hoy día.
Primeramente, el árbitro es el juez en un partido de fútbol. Según las Reglas de Juego, es "la persona encargada de dirigir el partido y que posee plena autoridad para hacer cumplir las Reglas de Juego en dicho encuentro".
Se encarga de señalar las infracciones cometidas, de amonestar y expulsar, pero también de gestionar a 22 personas más técnicos y público, cuyo objetivo es, en innumerables ocasiones, engañar al árbitro.
Más allá de pitar un penalti o señalar un fuera de juego, consiste en gestionar emociones, en no dudar, en tomar decisiones clave en menos de 1 segundo, en redactar un acta y, en definitiva, en ayudar al transcurso del encuentro y de las competiciones.
Si le preguntan a cualquier árbitro que conozcan, seguro que les ha cambiado la vida completamente. En mi caso, además, fue un cambio muy radical. Cuando entré hace unos añitos en este mundillo, era un niño de 11 años con las preocupaciones de un niño de 11 años, y con la madurez de un niño de 11 años. Ahora, sin embargo, soy una persona totalmente diferente. El arbitraje me ha dado una vuelta a la vida. Soy una persona más madura, capaz de gestionar conflictos y emociones en un partido de fútbol, y soy un deportista.
El arbitraje te cambia, sobre todo, en la faceta psicológica. El recibir semana tras semana insultos y amenazas de todo tipo, y el tener tanta presión a la hora de tomar una decisión, te marca la personalidad.
Por otra parte, la faceta física también sufre muchos cambios, claro está, para bien. Otra anécdota personal mía es que, cuando entré al arbitraje, no tenía una buena condición física y sufría muchísimo a la hora de realizar actividad física (principalmente por el hecho de que soy asmático). Sin embargo, a día de hoy, he mejorado tanto, que soy capaz incluso de realizar entrenamientos entre semana, y una media de 4 o 5 partidos al fin de semana.
En resumen, entrar al arbitraje es entrar a un mundo nuevo, con, como todo, cosas buenas y malas. Si alguien me preguntara si vale la pena, no dudaría ni un segundo, y mi respuesta sería clara y simple: sí.
Amo al arbitraje, y me es imposible imaginar mi vida sin él. La emoción de los jueves y la felicidad en los fines de semana, no me los quita nadie.
Por todo esto, y por mucho más, gracias, arbitraje.
Carlos del Cerro Grande con Lionel Messi y Clément Lenglet