Antes de comenzar a intervenir, es necesario ordenar lo que está ocurriendo.
A través de entrevistas y cuestionarios, recopilaremos la información necesaria para comprender la situación y definiremos el motivo de consulta. Este proceso nos permite realizar un análisis funcional del caso, integrando tu historia, tus características personales y tus patrones de comportamiento, con el fin de entender qué está manteniendo el malestar en este momento.
A partir del establecimiento de objetivos y tras decidir de forma conjunta por dónde empezar, diseño un plan de intervención personalizado, orientado tanto a la comprensión de uno mismo y de las relaciones con los demás.
Las sesiones son un espacio activo de trabajo: reflexionamos, analizamos situaciones concretas, tomamos notas si es necesario y construimos recursos y estrategias que puedas aplicar en tu día a día.
Las primeras suelen implicar una mayor activación emocional. Abrirse, poner palabras a lo que duele o a lo que confunde, no siempre es fácil. Por eso, más allá de la evaluación y del propio proceso terapéutico, es fundamental que te sientas en un espacio de confianza.