La geografía del Antiguo Egipto fue fundamental para su desarrollo como una de las civilizaciones más importantes de la historia. Ubicado en el noreste de África, el Antiguo Egipto estaba en gran parte rodeado por el desierto del Sahara al oeste y al sur, y por el desierto de Libia al este. Al norte, el río Nilo fluía hacia el Mar Mediterráneo, proporcionando un valioso recurso para la agricultura y el transporte.
El Nilo jugó un papel crucial en la vida de los antiguos egipcios. Cada año, cuando el río inundaba sus riberas, depositaba limo rico en nutrientes en el valle, creando tierras fértiles que permitían una agricultura próspera. Esta inundación regular también facilitaba el transporte y el comercio a lo largo del río, lo que contribuía a la unidad y cohesión del antiguo reino.
La mayor parte de la población y de las ciudades estaban ubicadas a lo largo del valle del Nilo y en el delta del Nilo, donde las tierras fértiles permitían la producción de alimentos en abundancia. Además, el río proporcionaba una fuente confiable de agua para beber, irrigación y actividades industriales.
Más allá de las áreas fértiles a lo largo del Nilo, el paisaje egipcio estaba dominado por vastos desiertos, que ofrecían protección natural contra invasiones y conflictos externos. Sin embargo, también presentaban desafíos, ya que las comunidades que vivían en estas regiones dependían en gran medida del comercio con las tierras agrícolas del valle del Nilo para obtener alimentos y otros recursos.
En resumen, la geografía del Antiguo Egipto, con su río Nilo, sus tierras fértiles y sus desiertos circundantes, influyó en gran medida en su economía al proporcionar recursos naturales, medios de transporte y comercio, protección contra invasiones y un entorno propicio para la agricultura y la vida urbana.
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Seguro que te has quedado con la boca abierta, ya que imaginabas que el descubrimiento de los antibióticos se había producido en una época mucho más moderna. Pues parece ser, siempre según investigaciones y apariciones en papiros de la época, que los antiguos egipcios descubrieron las propiedades antibióticas de algunos mohos del pan. Evidentemente, estos antibióticos eran muchísimo más básicos que los que podemos encontrar en la actualidad, pero sin duda alguna la idea de usarlos vino del Antiguo Egipto. Todos estos remedios eran extraídos de forma natural, destacando el moho del pan según el experto en medicina Mark Nelson. Fleming desarrolló la idea y los hizo viables, pero se tiene constancia documental de que en el Antiguo Egipto ya sabían de sus propiedades. Además de estos antibióticos, también nos gustaría destacar que eran auténticas eminencias en el mundo de la medicina, ya que llegaban a practicar operaciones y fabricar prótesis de madera para miembros amputados.
Es cierto, que muchas culturas antiguas usaban pinturas caseras que se extendían por el cuerpo a modo de adorno. Pero los egipcios llevaban esto al máximo nivel y fueron los primeros que usaron esas pinturas con el concepto cosmético que tenemos en la actualidad. Tal y como aparece en los jeroglíficos, las clases altas del Antiguo Egipto acostumbraban a rendir culto al cuerpo y a maquillarse para parecer más atractivos. Seguro que tendrás en la cabeza, la imagen de los largos y negros contornos de ojos que se aplicaban tanto hombres como mujeres. Tenían la creencia, que esto les hacía estar protegidos por Horus y Ra. Como dato curioso, apuntar que estos maquillajes estaban hechos de un material antibacteriano que evitaba cualquier daño que les pudiera provocar en los ojos. Además de la cosmética, también solían perfumarse y untarse la piel con aceites. Los más pudientes tenían incluso pelucas que se ponían después de afeitarse por completo la cabeza. Evidentemente, estos lujos no estaban al alcance de todos, pero si era común encontrarlos en la realeza.
Otro de los aportes de la civilización egipcia que ha llegado hasta nuestros días, ha sido el calendario. Algunos de los habitantes del Antiguo Egipto eran unos auténticos expertos en astronomía, usando sus conocimientos para predecir inundaciones, eclipses o hasta el movimiento de los planetas. Para ellos era vital este estudio y aunque las explicaciones que usaban para los fenómenos eran mitológicas, si que estaban en lo cierto en lo que a cuestiones físicas se refiere. Realizaron un calendario solar que se dividió en 360 días que se agrupaban en doce meses, un sistema muy similar al que tenemos en la actualidad y que adoptó en su momento el papa Gregorio XIII, quien a su vez se lo copió a Julio César. Los días tenían 24 horas y cada parte del día duraba 12 horas, el amanecer y el anochecer lo explicaban como un camino en barca de Ra. Un dato muy curioso es que reservaban los cinco últimos días de todos los años solares y los dedicaban enteramente para realizar fiestas o celebraciones.