Normalmente el asunto de las adicciones (drogas, pantallas, juego de azar con dinero,...) despierta sensibilidades muy distintas en un equipo de trabajo, y esto dificulta, en ocasiones, la intervención, produciéndose incoherencias, y por lo tanto dificultades en la convivencia en el centro.

A pesar de las diferentes posturas que se pueden encontrar, todas las personas que conforman los equipos de trabajo de los centros escolares comparten su preocupación por el alumnado y por sus formas de relacionarse con las drogas (legales e ilegales) y con las pantallas (redes sociales, juego online…).

Ante estas preocupaciones pueden existir diferentes propuestas de trabajo; en ocasiones se llevan adelante propuestas como las de impartir charlas al alumnado y/o profesorado por parte de una persona externa especialista en adicciones, que puede ser eficaz en el logro de algunos objetivos, pero tiene un efecto limitado, y siempre que detrás haya un diseño adecuado. Por ello, desde el punto de vista de la prevención, es necesario que exista una cultura de centro; es decir, que el programa de prevención impregne todas las actividades del centro en su conjunto, formando parte de la “cultura” del mismo. Esto supone que es necesario que el programa de prevención implique al Centro en su conjunto, participando en su diseño todo el conjunto de personas trabajadoras, y por supuesto, con la supervisión y el apoyo de la dirección del centro.

Además, es necesario que conozcamos que prevenir la aparición de conductas adictivas, implica también promover el desarrollo de determinadas competencias personales que ayuden al alumnado a decidir libre y responsablemente respecto a su salud y fomentar la participación del alumnado en actividades de ocio alternativas. Todo ello implica el desarrollo de actividades personales y grupales de forma continuada y no puntual.