Opinión | Espectráculos

Mario Martín Gijón

19 SEPT 2026 7:00

Un poemario trilingüe

La Asociación Norbanova presentó en Cáceres el libro Ser solo esto, un texto reflexivo del poeta belga Yves Namur que invita a los lectores a explorar la lengua de sus vecinos




Hace ya unos meses que asistí a la presentación del libro Ser solo esto, del poeta belga Yves Namur (nacido, valga la redundancia y coincidencia, en la ciudad de Namur, en 1952), editado por las EdiçõesFantasma, en versión trilingüe, ya que además de la versión original en francés, incluye las traducciones al castellano y al portugués a cargo de dos poetas: la extremeña Emilia Oliva (Malpartida de Plasencia, 1957) y el portugués Carlos Ramos (Peniche, 1967), a quien tuve el gusto de conocer en su ciudad hace dos años. Ramos es, además, el director de esta editorial portuguesa, para la cual ha traducido a muchos autores; entre ellos, a Miguel Ángel Curiel.

El acto, enmarcado en el Aula de la Palabra de la Asociación Norbanova, fue un interesante coloquio sobre poesía y traducción. Con el poeta y profesor Dionisio López como maestro de ceremonias, Oliva y Ramos departieron con Yves Namur, que en esta ocasión no pudo asistir (sí que vino a Cáceres en 2024, a presentar otraobra) pero se conectó por videoconferencia.

Confieso que no me había adentrado hasta hace poco en este libro, casi medio año después de tenerlo, quizás porque intuía que se trataba de un texto de caminar lento y reflexivo, cuya lectura encuentra su mejor momento en el verano, lejos de ajetreos laborales. Y es que, sin apenas moverse de su jardín, el yo poético emprende un profundo viaje interior, que parte de un suceso inesperado: “Una cosa muy extraña había sucedido esta mañana: de repente tenía la íntima y profunda convicción de nacer”. La contemplación de los pájaros y la reflexión sobre las satisfacciones de lo humilde van hilando un “libro que se escribe a mi pesar”, y que se nutre también del recuerdo de versos de Edmond Jabès o de Roberto Juarroz, el poeta argentino con el que Namur tuvo una gran amistad.

Vale la pena, a pesar de que ralentice el ritmo, leer el libro linealmente: el texto francés, luego el castellano y después el portugués. Uno descubre, por ejemplo, los distintos nombres de las aves (“alouette”, “alondra”, “cotovia”) y aprecia la creatividad y fidelidad de los otros dos miembros de este triángulo poético.

El escritor búlgaro IlijaTrojanow declaraba, hace poco, que la Unión Europea saldría reforzada si los europeos intentáramos, al menos, aprender la lengua de nuestros vecinos. También para eso puede servir este libro.