ENSAYO LITERARIO
DESARROLLAR POTENCIALIDADES Y DIMENSIONES PARA EJERCER LA LIBERTAD
MAESTRÍA EN TECNOLOGÍA EDUCATIVA
INTEGRACIÓN HUMANA
MAESTRA: PATRICIA GARCÍA HERNÁNDEZ
ALUMNO: EDGAR RAMÓN CONDE CARMONA
¿Hasta qué punto un docente debe cambiar su paradigma y su praxis, justo en un momento en el que se cuestiona la ausencia o disminución de valores en el seno de la sociedad?; ¿será posible encontrar un punto de equilibrio entre la instrucción, la enseñanza y la formación de jóvenes que al parecer han perdido respeto hacia sus maestros? Y lo más importante, ¿qué puedo yo, maestro, hacer para dar respuesta a esas cuestiones? A través del presente ensayo literario busco reflexionar ante esas interrogantes, especialmente a partir de las experiencias personales en el ámbito de la educación media, pues considero que si bien el modelo educativo actual conduce a centrar el proceso de enseñanza – aprendizaje en el alumno, es indispensable que yo, como docente, tenga presente la importancia de la función que desempeño, y también considere que al ser parte de un proceso activo, mucho de lo que haga en mi actuar impactará en ese proceso.
Al hacer un recuento de lo que acontece en mi entorno, asumo que al ser la escuela el espacio formal de la educación, también se convierte en el sitio idóneo, que no el único ni el más importante, en el que se debe formar ciudadanos ejemplares, particularmente a los pubertos y adolescentes; incluso el Nuevo Modelo Educativo (SEP, 2017) plantea que ante el cambio de era que vive nuestro país, una de las necesidades más apremiantes de la educación en México, es la introducción de un enfoque humanista en el quehacer educativo. Por suerte, me precio de laborar en una institución que, desde sus documentos fundacionales, el humanismo es la base de su génesis.
Tengo la certeza que en la escuela donde laboro, la formación integral, con la cual se acerca al alumno hacia una formación en valores desde una perspectiva católica, se hacen esfuerzos por dejar en claro que no sólo se trata de la transmisión de conocimientos, sino que también se brindan las herramientas para atender la parte espiritual y moral de los estudiantes. No se trata únicamente de una pose, sino que se busca que los miembros de la comunidad educativa vivan a través del contacto con la realidad, momentos que despierten en ellos su interés por solucionar los problemas de su comunidad.
El inconveniente, sin embargo, estriba en un asunto de percepción. Para unos, este concepto (el humanismo) significa que todo se ha de dejar pasar, que todo se ha de perdonar; para otros, se trata de un asunto tan viejo que ya está en desuso. Veamos: para la Ex corde Ecclesiae , citado en el documento “La Formación Integral Humanista Cristiana con Sello UPAEP”, el Humanismo debe integrar las dimensiones moral, espiritual y religiosa del ser humano para que en un futuro inmediato sea capaz de “desempeñar funciones de responsabilidad en la sociedad y dar testimonio de fe ante el mundo” (UPAEP, 2016, p. 5). No obstante, lo que percibo es lo mismo que desde el siglo antepasado, Barreda (1863) planteaba en su ensayo “De la educación moral”, cuando ya se vislumbraba una actitud de desconfianza hacia el humanismo y la formación moral:
Se confunde generalmente la moral con los dogmas religiosos, hasta el grado de que para muchos ambas no sólo son inseparables, sino que vienen a ser una misma cosa; pero cuando se reflexiona sobre la inmensa variedad de religiones y sobre la uniformidad de las reglas de la moral; cuando vemos que los dogmas religiosos cambian esencialmente con los progresos de la civilización, desde el cándido fetiquismo (sic) primitivo o la adoración de los astros y el politeísmo que le sucedió, hasta el monoteísmo cristiano, y musulmán, o el deísmo y aun el panteísmo modernos, mientras que todos, a pesar de las profundas diferencias que los separan, se ponen de acuerdo en cuanto a los fundamentos de la moral, no puede uno menos de reconocer, que cualquiera que sea la íntima relación que entre unos y otros se haya querido establecer, debe existir entre ambas cosas una diferencia radical y una independencia que no puede menos de presentarse a los ojos de todo aquél que quiera fijar sobre esto su atención, ora examine el objeto de lo que forma la parte característica de las religiones, es decir, el culto y los dogmas, comparándolo con el objeto de la moral, ora tenga en cuenta la inconcusa variedad de los primeros y la evidente uniformidad de las reglas que sirven de base a la segunda. (p. 1).
Los padres, y por consecuencia sus hijos, tienden cada vez más a alejarse de la práctica de una moral constructiva porque lo relacionan con los dogmas religiosos. Justo en esta época en la hablar de religión genera una posición de rechazo, y se prioriza el desarrollo de una actitud sensual como eje central del desarrollo humano. Ello, sin duda, considero que ha disminuido la dignidad, moral y social, de las personas. Sostengo esto cuando me doy cuenta que, pese a trabajar una institución con carisma cristiano, esa actitud de los padres y los alumnos, descrita por Barreda (1863), los aleja cada vez más de un comportamiento ético y moral que les permita trascender en cuanto seres humanos. Ese es el reto que debo considerar en mi ejercicio docente, para modificar este pensamiento a efecto de consolidar entre la comunidad educativa, el respeto por la persona (quien sea) y el autocuidado.
Veamos un caso concreto. En la escuela que laboro, hay un alumno que repite el segundo año de secundaria; de acuerdo con el dicho de varios compañeros maestros, el menor presenta escaso interés y una actitud de rebeldía frente al estudio y las actividades escolares; alumno repetidor del segundo grado de secundaria, su desempeño lo puso al borde de reprobar, de nueva cuenta, cinco materias. Al hablar con los padres, a quienes se les ha pedido ayuda para canalizar y atender oportuna y eficazmente el caso de su hijo, éstos se limitan a decir que ya buscaron un tutor personal para que en su casa cumpla con todas las actividades, pero los resultados no son concretos ni eficaces. En el último Consejo Técnico Escolar (CTE) de la escuela, surgió una hipótesis: no se trata de actitud del alumno; el pobre resultado académico se debe a que, desde la primaria, presenta muchas deficiencias y por lo tanto no sabe hacer lo que se le pide.
Es decir, desde su formación inicial, este joven adolescente (que además se caracteriza por su nobleza y su deseo de colaboración, especialmente cuando se trata de actividades físicas) ha sido abandonado a su suerte y a su libertad mal construida. Fue entonces que una duda me asaltó inmisericorde: ¿estoy siendo un ser humano digno, dejando que este alumno quede a la deriva de su ignorancia? Caí en la cuenta de que algo estaba faltando. No se trataba de una cuestión institucional, sino de una cuestión personal: me estaba quedando corto en la formación de seres humanos a través del proceso educativo, tal y como lo plantea Klein (2014). De esta manera entendí que no sólo se trata de transmitir conocimientos, de desarrollar habilidades o de generar competencias en los alumnos.
Algo fundamental se había detenido: “estimular a las personas a desarrollar al máximo sus potencialidades y dimensiones, a ejercer su libertad, a actuar con autonomía y personalidad” (Klein, 2014, p. 2), particularmente porque se estaba dejando a la deriva a un joven que por cierto ni conciencia ni culpa tiene de la situación que vive. Me quedó claro lo que aprendí en la clase de Integración Humana me permitió tener consciencia de que no estaba siendo capaz de amar, desde la perspectiva de Melendo: no estaba decidiendo por mi propia voluntad, acoger a esa persona para su propio bien. Mi egoísmo, sin duda, oculto y activo, me había impedido entender que si realmente deseo ayudar a ese alumno, como muchos otros, me es indispensable sentir amor, esa clase de amor con la que “he de luchar más por ser mejor, con todas las fuerzas de mi alma, para así poder querer más, entregarles algo de mayor categoría las personas que quiero o debo querer” (Melendo, 2001, p. 83)
Comprendí entonces, de manera aplastante, que a pesar de tener una buena relación (hasta diría que excelente) con mis alumnos, lejos estaba de poder decir que en realidad era una persona digna socialmente. Y es que mi concepción de entrega, de amor, estaba enfocada a querer actualizarme para estar en consonancia con mis alumnos; mi idea, errónea, sólo me permitía considerar que era un profesor humanizado, humanista, en la medida en que guardara constancias de mi formación y mi preparación; en mi fuero interno llegué a creer que ser un maestro que ama a sus alumnos sólo era cuestión de darles discursos moralizantes sobre el bien y el mal en sus vidas, sobre la necesidad de aprender a tomar decisiones o sobre la importancia que tiene la lectura en sus vidas. ¡Cuán equivocado estaba!
Pongo un ejemplo concreto: luego de diferentes evaluaciones docentes, por ejemplo, una de las observaciones más insistentes que hacen mis alumnos es que me dirijo a ellos con expresiones que no forman parte del lenguaje y por lo tanto les es difícil comprenderme. No me percataba que esta era una forma inadecuada de comunicación con mis alumnos; tenía la firma convicción de que al moverlos al enriquecimiento de su léxico, estaba en el camino de mostrar mi apoyo hacia ellos. Esta situación hoy me representa un conflicto complicado: cómo puedo hacer para enriquecer el léxico de mis alumnos, si al hacerlo ellos se sienten incómodos o ajenos. Para Susie Dent, lexicógrafa y experta en diccionarios, “una persona cuenta en su haber con unas 20 mil palabras activas y unas 40 mil palabras pasivas” (BBC, 2011) en el idioma inglés, que además es considerado como un idioma fácil de usar debido a la sencillez de su gramática. En el español, la cosa no es menor; Argüelles, citado por Mateos-Vega (2016), da cuenta de que “tenemos una sistema educativo en México que no está enseñando a las personas a hablar y escribir”.
No he dejado de creer que mi obligación, pese a la percepción de mis estudiantes, tiene que fortalecer su competencia lingüística; pues no es posible que, como señala Mateos-Vega (2016), hasta el 2015 nuestro país se encuentre en último lugar en comprensión lectora entre todos los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), como tampoco es posible que nuestros jóvenes empleen entre 300 y dos mil palabras dentro de su bagaje diario. Considero ilustrador el dicho de Juan Domingo Argüelles: “Es una aberración de Televisa haber tenido un programa, 100 mexicanos dijieron, en el que ni siquiera se entendió que había sarcasmo o ironía en el título. Las personas que lo veían y que nunca acuden a los diccionarios ni tienen preparación piensan que así se dice: ‘dijieron” (Mateos-Vega, 2016, p. 4).
Hoy entiendo que educar es amar, y que para amar, debo ser digno a efecto de despertar la dignidad de los otros, de aquellos que apenas empiezan a formar su conocimiento y se empiezan a formar como seres humanos conscientes. Caigo entonces, en la cuenta de que también yo, ser humano imperfecto pero perfectible, estaba lejos de una práctica moral como la que sugiere Barreda (Ibidem) y que denomina <<Arte Moral>>, con el riesgo inequívoco de malinterpretar el verdadero propósito de la docencia: “emplearse horas y horas y multitud de esfuerzos, para agotar todos los beneficios (pasados, presentes y futuros), que uno ha debido o debe otorgar a quien uno quiere” (Melendo, 2011, p. 84). Entonces, podré dignificar mi papel docente, en la medida en lo que el mismo autor sugiere, cuando logre demostrar que los sujetos del aprendizaje alcancen dos beneficios a partir de mi crecimiento personal: que sean y que sean buenos. Luego, surge una duda acuciante, motivo de la presente reflexión: ¿Cómo puedo alcanzar la dignidad que, reconozco, está pendiente de consolidarse en mi práctica cotidiana?
La respuesta, considero, puede estar en la “formación integral” (UPAEP, 2016), en la “relación de aprecio por el hombre” (UPAEP, 2015) que se traduce en “amar a una persona, estar empeñado que exista” (Melendo, 2011). En suma, hacer que mi alumno mejore en su potencial de Ser Humano; y para ello será imprescindible que antes de fijarme en sus talentos o sus conocimientos o sus habilidades, tengo que fijarme en que es un ser humano, igual que yo, lleno de muchos otros puntos que lo hacen completamente valioso. Podré, en resumidas cuentas, alcanzar el ideal de Hombre: “perseguir el bien del otro en cuanto otro” (Melendo, 2011, p. 92) y no en cuanto yo.
Bajo esta perspectiva, mi tarea más importante será la de mejorar mi comunicación intrapersonal, para determinar con claridad qué es lo que quiero transmitir a mis alumnos; pero sobre todo estoy obligado a perfeccionar mi comunicación interpersonal para establecer “reglas de operación claras” que permitan que el otro, mi alumno, tenga claro el mensaje que deseo transmitir. Tengo presente, a partir de esta reflexión, que estas dos tareas serán posibles en la medida en que al momento de establecer comunicación con mis interlocutores (es decir, mis alumnos) practique una comunicación consciente, en la cual tenga presente el lenguaje, las conductas y la calibración que hasta ahora se mantuvieron ocultas, como obstáculos insalvables de una interacción humana eficaz, digna. Estoy moralmente obligado a mejorar las tres áreas de la comunicación humana en mi práctica docente cotidiana: la sintáctica (relacionada con el acto de transmitir información: problemas de transmisión, canales, ruido o redundancia), la semántica (tiene que ver con el significado de los términos empleados) y la pragmática (cuando la comunicación afecta la conducta de cualesquiera de los participantes en el proceso de la comunicación). Todo esto en virtud de que “toda conducta es comunicación y toda comunicación afecta a la conducta” (Watzlawick, P., Helmick, J., Jackson, D, 1985, p. 24).
Esto me lleva a seguir insistiendo en mi labor. Es cierto que tengo que empatar la necesidad de mejorar las condiciones contextuales, con las condiciones particulares y específicas de cada uno de los alumnos con los que tengo la oportunidad de interactuar. Sin embargo, el sentido de la dignidad humana me hace mantenerme firme en esta parte. Y por lo tanto, también estoy obligado a buscar las estrategas y los mecanismos adecuados para hacer coincidir el amor por mis alumnos, con el propósito de generar condiciones de desarrollo y mejoramiento en cada uno de los aspectos en la vida de aquellos con quienes tengo la oportunidad de incidir a través de mi tarea educativa.
En suma, esta reflexión me ha permitido identificar que en mi labor docente, estoy obligado a cambiar tanto mi practica como mi paradigma docente, apoyado siempre en el amor incondicional hacia aquellos que quiero que mejoren; estoy consciente en la necesidad de equilibrar la instrucción, la enseñanza y la formación de aquellos que están bajo mi resguardo diario. La tarea, sin embargo, no es sencilla, aunque tampoco imposible. Se trata de constancia, y determinación para tener presente, en cada momento, que de mí depende en parte el cambio social que tanto demanda la sociedad.
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Barreda, G. (1863) De la educación moral. Disponible en: https://es.scribd.com/document/313391850/Gabino-Barreda-De-La-Educacion-Moral
BBC (2011). ¿Cuántas palabras se necesitan para comunicarse? Disponible en https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/04/110330_palabras_ingles_lp
Klein, L. (2014). La pedagogía ignaciana: su origen espiritual y su configuración personalizada. En Segundo encuentro de directores académicos de colegios jesuitas de América Latina. 22 pp.
Mateos-Vega, M. (2016). La pobreza léxica de internet daña el idioma español: Argüelles. La Jornada. Cultura. Disponible en http://www.jornada.com.mx/2016/06/07/cultura/a04n1cul
Melendo, T. (2001). La capacidad de amar. Las dimensiones de la persona. 2a. Edición. Biblioteca Palabra. España. 176 pp.
SEP (2017). Modelo educativo para la educación obligatoria. Educar para la libertad y la creatividad. Secretaría de Educación Pública. México. 216 pp.
UPAEP (2015). La dignidad humana. Persona y dignidad. Universidad Popular Autónoma del estado de Puebla. México. 2 pp.
UPAEP (2016). La formación integral humanista cristiana con sello UPAEP. Criterios y orientaciones fundamentales. Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. México. 23 pp.
Watzlawick, P., Helmick, J., Jackson, D. (1985). Teoría de la comunicación humana. Interacciones, patologías y paradojas. Editorial Herder. España. 260 pp.
Axiomas de la Comunicación
Integración Humana
Mtra. Patricia García Hernández
Julio de 2018
Bautista Pérez, Alejandra Saraí; Conde Carmona, Edgar Ramón; Marcial Hernández, Elena; Morales Castillo, Casandra.
Axiomas de la comunicación
Estudiar la conducta humana es un proceso que depende de la comunicación, especialmente cuando los actos corresponden con las intenciones, lo cual afecta la visión del mundo, tanto del emisor como del receptor. Por esta razón es que el psicoanálisis es un instrumento auxiliar para comprender los comportamientos humanos.
De hecho, las ciencias del comportamiento terminaron con el nombre de enfoque comunicacional. Fue en 1945 cuando surgió la Teoría de la información, que estaba centrada en el “estudio de las condiciones ideales para la transmisión de información” (p. 12), influenciada por las características y efectos de los mass media.
Aprender un nuevo lenguaje implica reemplazar el vocabulario nativo y además adoptar un conjunto de “reglas de operación”, lo cual provoca un cambio en la percepción y en la concepción que tengan los inter-actores, lo cual implica una lucha contra los hábitos de pensar y de percibir que se tenían.
El aprendizaje de un nuevo idioma conlleva transmisión de información y calibración según el lenguaje y sus respectivas reglas, lo cual regula la conducta del hablante hasta que se vuelve inconsciente. Y porque la comunicación forma parte de la práctica más básica del ser humano, debe analizarse desde el campo fuera de la consciencia, donde podrán observarse nuevos relieves y profundidades de un acto tan cotidiano como comunicarnos.
La comunicación es una condición sine qua non, la cual está íntimamente ligada a la conducta; y aunque la conducta está más relacionada con la psicopatología, es a través de la literatura donde se puede ilustrar con ejemplos este aserto. Ejemplos que, por cierto, son modelos de definición y no predictivos o afirmativos.
Atención especial merece el medio en el que se registra una interacción comunicativa, pues parte de la complejidad de la comunicación humana. Esta práctica se divide en tres áreas: la sintáctica (relacionada con el acto de transmitir información, problemas de transmisión, canales, ruido o redundancia), la semántica (tiene que ver con el significado de los términos empleados) y la pragmática (cuando la comunicación afecta la conducta de cualesquiera de los participantes en el proceso de la comunicación). De esta manera se puede afirmar que “toda conducta es comunicación y toda comunicación afecta a la conducta” (p. 24).
Luego, lo que se sugiere para entender la comunicación, es importante determinar la relación emisor-receptor y dejar de lado las relaciones emisor-signo o receptor-signo. Y es que, desde que Vieta introdujo el concepto de variable en las matemáticas, se comprendió que la comunicación depende de ellas según la relación emisor-receptor. A estas relaciones se deben sumar las sensaciones, las percepciones, la atención o la memoria, que modifican sustancialmente un mismo acto comunicativo. Por ello se considera que mientras menos variables hay, es más necesario revisar el pasado en la comunicación.
Según investigaciones, sólo se pueden percibir relaciones y pautas de relaciones. Entonces, la retroalimentación es adecuada, segura y estable entre más variables se consideren, siempre y cuando esas relaciones no sean lineales, unidireccionales y progresivas. La retroalimentación (positiva -es cambiante y genera inestabilidad o cambio- o negativa -si es constante y mantiene estables las relaciones-) es necesaria, indispensable, tanto que “los sistemas interpersonales -grupos de desconocidos, parejas matrimoniales, familias…- pueden entenderse como circuitos de retroalimentación, ya que la conducta de una persona afecta la de cada una de las otras y es, a su vez, afectada por estas” (p. 32).
Para fortalecer las relaciones interpersonales, una herramienta muy valiosa es la redundancia que nos puede proporcionar una gran cantidad de conocimientos para evaluar, modificar y predecir las conductas, pues “para conocerse a sí mismo, el hombre necesita que otro lo comprenda. Para que otro lo comprenda, necesita comprender al otro” (p. 37). Aquí se consolida la idea de que las reglas de conducta, determinadas por la comunicación determinan las relaciones interpersonales. De esta manera, es imprescindible entender la comunicación no es otra cosa que la secuencias de interacción humana, que dependen de una conjunto de reglas.
En fin, al tratar de entender la comunicación humana, es indispensable concentrarse en las relaciones específicas entre entradas y salidas y entonces tendremos una verdadera comunicación
Adicionalmente, el concepto de caja negra se ha aplicado a la mente ante la imposibilidad de entenderla en su totalidad; es por ello que se ha prestado más atención a las relaciones entre entradas y salidas, que es a lo que se le llama comunicación. La información de salida de una mente puede representar la entrada de otra, y aquí es donde cobra importancia el “significado” que si bien es subjetivo en la comunicación, objetivamente es imposible de determinar.
El presente, el pasado; la causa, el efecto; lo normal y lo anormal, condicionan también la comunicación y su significado en la interacción entre los individuos, ya que la relación presente entre las personas puede influir al compartir recuerdos pasados, de igual forma que la interacción entre dos personas puede depender de la forma en que reacciona una ante la otra, sin que ellas mismas puedan explicar el por qué de su actuar. Del mismo modo que los conceptos de “normal” y “anormal” se vuelve cuestionable, ya que el estado de las personas no es estático.
Algunos axiomas exploratorios de la comunicación
Una vez que se acepta que toda conducta es comunicación, se debe considerar también que no hay un estado de “no conducta”, lo cual significa que siempre hay comunicación; si hay actividad o no, palabras o silencio, ello lleva a una respuesta por parte del otro, que implica a su vez respuesta a la comunicación, lo cual significa que no se puede dejar de comunicar. Por tanto la comunicación no sólo tiene lugar de manera voluntaria y consciente, sino cuando se logra un entendimiento mutuo. De aquí se postula el axioma: “No es posible no comunicarse”.
La comunicación no sólo transmite información, sino que también impone conductas. Así, la comunicación humana es sinónimo de contenido, y ésta, tiene a su vez tiene un aspecto conativo que se refiere al tipo de mensaje que debe entenderse y a la relación entre los comunicantes. De modo que lo que se dice puede interpretarse de diferente forma, dependiendo de elementos tales como el tono, el acento de la voz, la expresión facial y el contexto, que determinan la forma en que se interpreta el mensaje. En una relación sana estos factores se pierden en el trasfondo de la comunicación, mientras que en una relación enferma hay una constante lucha en cuanto a la relación por lo que el contenido pierde importancia.
De aquí se deduce que la capacidad de metacomunicarse de forma adecuada está relacionada con la auto-percepción y la del otro. Por lo que se considera el siguiente axioma: “Toda comunicación tiene un aspecto de contenido y un aspecto relacional, tales que el segundo clasifica al primero y es, por ende, una metacomunicación”
La comunicación se considera como una secuencia ininterrumpida de intercambios estímulo-respuesta-refuerzo, y cada cual establece sus propios patrones. Si no hay un acuerdo en la forma de pautar la secuencia de hechos causan conflictos en las relaciones. Así se plantea el tercer axioma de la metacomunicación: “La naturaleza de la relación depende de la puntuación de las secuencias de la comunicación entre los comunicantes”
En la comunicación humana es posible referirse a los objetos mediante un símil (representación gráfica) o mediante un nombre, siendo éstos, signos arbitrarios que se manejan mediante sintaxis propia de la lengua. De aquí surge el concepto de comunicación analógica, que refiere a la comunicación no verbal y a los indicadores comunicacionales que tienen lugar en cualquier contexto en el que tenga lugar la comunicación; mientras que la comunicación hablada es a lo que se le llama comunicación digital. Al considerar que la comunicación se centra en hechos relacionales, la comunicación digital carece casi por completo de significado, por lo que se deduce que ambas formas de comunicación se complementan entre sí.
Algunos mensajes analógicos son ambiguos, por ejemplo las lágrimas, lo mismo pueden expresar alegría que tristeza, mientras que la sonrisa puede transmitir simpatía o desprecio. La comunicación analógica carece de indicadores que ayuden a saber cuál de los significados está implícito, pero en la comunicación digital si existen, aunque falta vocabulario adecuado para referirse a ésa relación. Así se puede decir que “los seres humanos se comunican tanto digital como analógicamente. El lenguaje digital cuenta con una sintaxis lógica sumamente compleja y poderosa pero carece de una semántica adecuada en el campo de la relación, mientras que el lenguaje analógico posee la semántica pero no una sintaxis adecuada para la definición inequívoca de la naturaleza de las relaciones”. (p. 68)
Muchos sistemas de relación entre individuos o grupos de individuos generan un cambio progresivo al que se le puede llamar cismogénesis complementaria que está basada en un caso de diferencia máxima o cismogénesis simétrica cuando los participantes tienden a igualar su conducta e interacción recíproca y se caracteriza por la igualdad o diferencia mínima. Así se formula el último axioma tentativo “Todos los intercambios comunicacionales son simétricos o complementarios, según que estén basados en la igualdad o en la diferencia”
La comunicación patológica
Los axiomas anteriormente mencionados implican como corolarios ciertas patologías inherentes. En la esquizofrenia los pacientes se comportan como si trataran de negar que se comunican.
Intento de no comunicarse puede existir en cualquier otro contexto en que se debe evitar el compromiso frente a toda comunicación. La pragmática de este contexto comunicacional se ve limitada a unas pocas reacciones posibles. Rechazo de la comunicación, aceptación de la comunicación y descalificación de la comunicación. No es sorprendente que habitualmente recurra a este tipo de comunicación todo aquel que se ve atrapado en una situación en la que se siente obligado a comunicarse, pero al mismo tiempo, desea evitar el compromiso inherente a toda comunicación.
La teoría de la comunicación concibe un síntoma como un mensaje no verbal: no soy yo quien quiere o no quiere hacer esto, sino algo fuera de mi control, por ejemplo, mis nervios, mi enfermedad y mi ansiedad, mi mala vista, el alcohol, la educación etc.
LA ESTRUCTURA DE NIVELES DE LA COMUNICACIÓN (CONTENIDO Y RELACIÓN).
El fenómeno del desacuerdo ofrece un buen marco de referencia para estudiar los trastornos de la comunicación debidos a la confusión entre el contenido y la relación. El desacuerdo puede surgir en cualquiera de los dos niveles y ambas formas dependen una de la otra. Como ya vimos en el nivel relacional las personas no comunican nada acerca de hechos externos a su relación, sino que proponen mutuamente definiciones de esa relación y por implicación de sí mismos.
Martin Buber sostiene que la sociedad humana, en todos sus niveles, las personas se confirman unas a otras de modo práctico, en mayor o menor medida, en sus cualidades y capacidades personales, y una sociedad puede considerarse humana en la medida en que sus miembros se confirman entre sí…
La base de la vida del hombre con el hombre es doble, y es una sola: el deseo de todo hombre de ser confirmados por los hombres como lo que es, e incluso como lo que puede llegar a ser y la capacidad innata del hombre para confirmar a sus semejantes de esta manera. El hecho de que tal capacidad esté tan inconmensurablemente descuidada constituye la verdadera debilidad y cuestionabilidad de la raza humana: la humanidad real solo existe cuando esa capacidad se desarrolla. (32, págs. 101-2).
En la comunicación patológica, la desconfirmación ya no se refiere a la verdad o falsedad. En otras palabras, el rechazo equivale al mensaje, la desconfirmación afirma el hecho.
IMPENETRABILIDAD
Las relaciones no son realidades concretas, sino experiencias puramente subjetivas o construcciones hipotéticas. Ello significa que no son reales en el mismo sentido en que lo son los objetos concretos de la percepción conjunta. Estos últimos pueden convertirse en el material de las comunicaciones digitales, son algo que está afuera, por así decirlo, algo que se puede señalar.
LA PUNTUACIÓN DE LA SECUENCIA DE HECHOS
Las discrepancias en cuanto a la puntuación de las secuencias de hecho tienen lugar en todos aquellos casos en que por lo menos uno de los comunicantes no cuenta con la misma cantidad de información que el otro, pero no lo sabe.
En términos generales, resulta gratuito suponer no solo que el otro cuenta con la misma información que uno mismo, sino que el otro debe sacar dicha información idénticas conclusiones. Los expertos en comunicación han calculado que una persona recibe diez mil impresiones sensoriales por segundo.
Lo que podemos observar en casi todos casos de comunicación patológica es que constituyen círculos viciosos que no se pueden romper a menos que la comunicación misma se convierta en el tema de comunicación.
Profecía autocumplidora fenómeno más interesante en el campo de la puntuación, se trata de una conducta que provoca en los demás la reacción frente a la cual esa conducta sería una reacción apropiada.
El lenguaje digital posee una sintaxis lógica que lo hace particularmente apto para la comunicación en el nivel del contenido. Pero al traducir el material analógico, al lenguaje digital, deben introducirse las funciones lógicas de verdad pues estas faltan en el modo analógico.
El ritual puede ser el proceso intermedio entre la comunicación analógica y la digital, ya que se asemeja al material, de un mensaje, pero de una manera repetitiva y estilizada ubicada entre la analogía y el símbolo.
ESCALADA SIMETRICA
En una relación simétrica existe el peligro de la competencia, y una relación asimétrica sana, cada participante puede aceptar la mismidad del otro, lo cual lleva al respeto mutuo y a la confianza en ese respeto, e implica una confirmación realista y realista del self.
La teoría de los sistemas generales, no se refiere tan solo a sistemas biológicos económicos o de ingeniería. Uno de los pioneros en este campo Ludwig Von Bertalanffy, describe esa teoría como “la formulación y derivación de principios que son válidos para los sistemas en general”. Cabe mencionar que podemos utilizar la definición de Hall y Fagen es “conjunto de objetos así como de relaciones entre los objetos y entre a sus atributos” Así mientras que los “objetos” pueden ser seres humanos individuales, los atributos con que en esta obra se los identifica, son sus conductas comunicacionales.
Ahora bien, para un sistema dado, el medio es el conjunto de todos los objetos cuyos atributos al cambiar afectan al sistema y también aquellos objetos cuyas características son modificadas por la conducta del sistema.
Por lo tanto, un sistema es estable con respecto a algunas de sus variables tienden a permanecer dentro de límites definidos. Además podríamos encuadrar factores dentro de la noción del efecto imitador de la comunicación ya que en una secuencia comunicacional todo intercambio de mensaje disminuye el número de movimientos siguientes posibles.
Los mensajes manifiestos intercambios se vuelven parte del contexto interpersonal particular y ejercen limitaciones sobre la interacción posterior.
Por otro lado, la paradoja se puede definir como una contradicción que resulta de una deducción correcta a partir de premisas congruentes. Además de que nos permite excluir de inmediato todas esas “falsas paradojas”. Entonces las premisas congruentes de hoy quizás se conviertan en los errores o las falacias de mañana.
Según Quine una antinomia crea una autocontradicción mediante modos aceptados de razonamiento. Cuando la paradoja contamina las relaciones humanas, aparece la enfermedad. Además de que es imposible comportase de una manera congruente y lógica dentro de un contexto incongruente e ilógico.
Por último el principal distingo entre las instrucciones contradictorias y las paradójicas consiste en que, frente a una instrucción contradictoria, se elige una y se pierde o se sufre, la otra alternativa. Pero frente a una instrucción contradictoria la elección es lógicamente posible. La instrucción paradójica por otro lado impide la elección misma, nada es posible y se pone así en marcha una serie oscilatoria autoperpetuante.
Referencia
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Watzlawick, P. (1985). Teoría de la comunicación humana. Interacciones, patologías y paradojas. Biblioteca de psicología. España. Editorial Herder. 263 pp