Fuente: Forbes
Eduardo Medina20 de Octubre de 2018A pesar de que la riqueza mundial se ha incrementado durante este año hasta llegar a 317 billones de dólares según cifras de Forbes. Resulta alarmante el hecho de que la mitad del ingreso esté en manos un grupo reducido, el 60% del ingreso se encuentra distribuido en América del Norte y Europa Occidental.
Estados Unidos se mantiene a la cabeza de la lista, mientras que China se encuentra en el segundo lugar. Si bien estos datos resultan alentadores para dichos países, debemos tener en cuenta que dicha riqueza no se ve traducida en bienestar, baste señalar que Estados Unidos es uno de los países con mayor índice de desigualdad social, a pesar de que encabeza la lista de países desarrollados.
Según se afirma en el Global Wealth Report del año 2018, América Latina ha perdido patrimonio, de una manera tal que ha visto reducidos sus ingresos hasta en un 4.9%, esto debido a las abruptas fluctuaciones del tipo de cambio, de igual forma, se debe a los problemas que han presentado economías tales como Venezuela, Argentina y Brasil.
Es necesario mencionar que la inadecuada distribución del ingreso representa un obstáculo para el desarrollo económico, a pesar de que el crecimiento observado en los últimos años ha ido en ascenso. El modelo económico que prevalece hoy en día puede ser en gran medida causante de este hecho.
Debemos tener en cuenta que el libre mercado ha generado que las grandes empresas transnacionales provenientes tanto de América del norte como de Europa occidental, obtengan ganancias millonarias sobre todo en países en desarrollo donde la mano de obra es abundante y barata, dichas ganancias, terminan regresando a sus países de origen. Al sobreponer a las empresas sobre los trabajadores y sus intereses, los gobiernos de diversos países se han concentrado en incrementar y generar las ganancias de las mismas, dejando de lado el bienestar social y el desarrollo. La inversión proveniente de dichas actividades resulta insignificante comparado con las ganancias.
En términos generales, la desigualdad seguirá prevaleciendo en el mundo toda vez que los gobiernos no establezcan una política económica orientada a proteger los intereses nacionales.