En la última década, la epistemología ha pasado de ser una preocupación principalmente académica a convertirse en una cuestión de urgencia social y política. La propagación de la desinformación organizada y su capacidad para desestabilizar las instituciones democráticas (Bernecker et al., ed. 2021), el auge del pensamiento impulsado por las emociones y el desprecio público por las pruebas (McIntyre 2018), las deficiencias persistentes en la educación destinada a reforzar las capacidades epistémicas de los ciudadanos (Moshman 2020) y la desconfianza conspirativa hacia las fuentes tradicionales (Dentith 2023) son ahora características habituales de nuestro panorama público. Al mismo tiempo, muchas personas confían cada vez más en nuevos «agentes epistémicos» —influencers, redes, bots— que suelen carecer de credenciales epistémicas (Lynch y Gunn 2021), mientras que los sistemas de IA generativa introducen la posibilidad de deepfakes escalables y otros resultados epistémicamente corrosivos (Habgood-Coote 2023).
Esta situación invierte un clásico dilema filosófico. Mientras que Platón (en el Menón) se preguntaba cómo podemos saber tanto con tan poco, nuestra situación actual se acerca más a lo contrario: la información se ha expandido de forma espectacular, pero el conocimiento y la comprensión parecen estar disminuyendo (Lynch 2016). El resultado no es solo un problema práctico de «gestión de la desinformación», sino una presión sobre nuestra propia condición de agentes epistémicos, seres que pueden adquirir conocimiento y comprensión y compartirlos con otros. E-AIMS aborda esta presión centrándose en el papel normativo de los fines epistémicos.
Los fines u objetivos son aquello que los agentes persiguen a través de su acción. En el ámbito epistémico, los fines se dividen naturalmente entre fines positivos (metas) y fines negativos (riesgos). Las metas incluyen la verdad, la justificación, el conocimiento y la comprensión, así como cualidades agenciales como la fiabilidad y la virtud epistémica, y apoyos ambientales como redes fiables y recursos seleccionados. Los riesgos incluyen creencias falsas, irracionalidad, confusión y dinámicas sociales que socavan la investigación: opacidad, secretismo, injusticia epistémica u opresión epistémica. Para evitar confundir los objetivos con nociones similares, E-AIMS distingue los fines epistémicos de (i) los bienes epistémicos (resultados valiosos, como el conocimiento y la comprensión), (ii) las funciones epistémicas (características seleccionadas, biológica o culturalmente, para producir de forma fiable esos bienes) y (iii) los intereses epistémicos (prioridades motivacionales que determinan qué bienes nos importan en la práctica).
Basándose en el anterior proyecto E-RISK, E-AIMS promueve un enfoque constitutivista: ciertos fines epistémicos no son complementos opcionales de la agencia, sino que constituyen en parte lo que significa ser un agente autónomo racional (individual, colectivo o institucional). El proyecto desarrolla esta idea a través de cuatro paquetes de trabajo:
PT1 (la constitución de los agentes racionales),
PT2 (diseño de entornos moldeados por fines epistémicos),
PT3 (conflictos políticos entre fines epistémicos y prácticos), y
PT4 (la integración de fines positivos y negativos en un modelo más amplio de florecimiento humano).