Escuchad, Hermanos de la Cruzada.
El rango no es un premio, sino una carga sagrada. Quien aspire a portar mando entre los Templarios Negros debe demostrar, día tras día, que su fe es tan firme como el adamantio y su conducta digna del nombre que proclama.
No basta con jurar lealtad una sola vez.
Todo aspirante a rango deberá mostrar actividad constante, tanto en el campo de batalla como entre sus Hermanos. La Cruzada no tolera sombras ausentes ni espadas oxidadas por la inacción.
Un verdadero Hermano de Armas no lucha solo para su gloria.
Es su deber ayudar, guiar y sostener a sus Hermanos, fortaleciendo la Cruzada con actos, no con palabras vacías. Quien abandona a los suyos, abandona al Emperador.
La Cruzada se forja en la guerra y en el consejo.
Todo guerrero que aspire a rango deberá usar el vox de la Hermandad (Discord) y portar micrófono funcional, pues la coordinación y la palabra firme son armas tan sagradas como la espada y el bólter.
Portar el emblema del Capítulo es cargar su honor.
Se exige respeto absoluto, dominio propio y conducta ejemplar dentro y fuera del campo de batalla. En los canales privados y públicos, cada Hermano representa a los Templarios Negros ante la galaxia.
Lenguas indisciplinadas y actos indignos no serán tolerados.
La fe verdadera se prueba con constancia.
Solo aquellos que hayan demostrado permanencia en el grupo, compromiso continuo y lealtad a la Cruzada podrán mantener o aspirar a un rango. La impaciencia es señal de debilidad espiritual.
La concesión o permanencia de un rango será evaluada por el mando y la administración de la Cruzada.
Se juzgarán actividad, conducta, apoyo a los Hermanos y representación del Capítulo.
Quien falle en estos preceptos perderá el honor que no supo sostener.