La evaluación será continua y formativa y tendrá como referencia los criterios de evaluación establecidos para la materia.
Las láminas, actividades, proyectos, pruebas y demás trabajos servirán para recoger evidencias del aprendizaje. Cada actividad podrá estar relacionada con uno o varios criterios de evaluación.
Todos los criterios de evaluación tienen el mismo valor.
La calificación se obtiene a partir de la media de los criterios evaluados, no de la media directa de las láminas o trabajos.
Una misma actividad puede servir para evaluar varios criterios.
Los criterios podrán evaluarse varias veces a lo largo del curso, permitiendo comprobar la evolución y mejora del alumnado.
Si un criterio todavía no ha podido ser evaluado, no se incluirá en el cálculo hasta disponer de evidencias suficientes.
La realización y entrega de las actividades es fundamental, ya que constituye la principal fuente de evidencias para poder evaluar los criterios. La falta de trabajos puede impedir valorar determinados aprendizajes y, por tanto, dificultar la obtención de una evaluación positiva.
Se tendrá también en cuenta el cuidado, orden y adecuada presentación de los trabajos cuando estos aspectos formen parte de la actividad.
El profesorado podrá utilizar rúbricas, escalas de valoración, autoevaluaciones y coevaluaciones para ayudar al alumnado a comprender qué se espera de cada trabajo, valorar su propio progreso y detectar aspectos que puede mejorar.
La evaluación es continua. Los criterios no superados podrán volver a trabajarse y evaluarse mediante nuevas actividades, proyectos o tareas posteriores.
El alumnado podrá completar actividades pendientes y aportar nuevas evidencias de aprendizaje hasta la finalización del periodo lectivo, de manera que la recuperación forme parte del propio proceso de aprendizaje.
Importante: la nota no depende únicamente de hacer muchas láminas, sino de lo que esas actividades permiten demostrar acerca de los criterios de evaluación trabajados.