Todo cambió aquel martes 27 de diciembre de 2016, cuando el Ministerio de Transporte de la Nación habilitó el uso de la tarjeta SUBE en las primeras cinco líneas de colectivo urbanos e interurbanos de Catamarca.
Aquello que pasaba desapercibido en nuestra cotidianidad, ese punto de color que resaltaba en una vereda, desapareció para siempre. Este es el último registro de los boletos urbanos de pasajeros de Catamarca, aquellos papeles que nos acompañaron durante años de nuestros derroteros ciudadanos en transporte público de pasajeros.
Yo, que forré las tapas de mis carpetas de la secundaria con collages de boletos capicúas, que presumía de la suerte numerológica de mis boletos.... yo, que junté boletos para que alguien donara una silla de ruedas al compañero lisiado de la escuela, que viajaba distraído mientras los anillaba, enrollaba o masticaba, sentí el vacío. Vaya esta colección para el recuerdo de quienes compartieron una época menos tecnológica.
Si te agarraba sin el boleto, el guarda te bajaba del ómnibus y le imponía una multa al chofer. Así que el boleto significaba un viaje, pero no era el viaje. Un día el colectivo en que viajaba mi hermana tuvo un accidente, chocó, con la frenada brusca y el choque, algunos pasajeros que viajaban parado atrás se abalanzaron sobre otros pasajeros que estaban sentados, una vieja que viajaba sentada, cayó al piso del colectivo y al golpearse la cabeza, se hizo un corte. Mi hermana, que viajaba parada, agarrada del pasamanos del techo, iba distraída y la violencia del golpe la empujó hacia atrás y se dobló la mano de tal manera que se quebró su dedo meñique derecho, que había quedado trabado. El chofer dió la orden, todos abajo, con su boleto en la mano... llegó la policía y explicó algo que quedó grabado para siempre en mi memoria. "No tire este boleto, usted viaja asegurado por San Cristobal Seguros". Contaba mi hermana que no sabía dónde había dejado el boleto y entre el dolor del dedo, los nervios del choque y el tumulto, nunca se dió cuenta que lo había guardado, junto con el vuelto en monedas, en el el bolsillo chico del monedero. En la policía le explicaron que el único modo de cobrar el seguro de pasajero era mostrando el boleto al hacer la denuncia. Un mes con el dedo entablillado. Puedo asegurar que el boleto usado no dá cuenta de ese detalle... yo tenía la mala costumbre de masticar el boleto del ómnibus mientras viajaba, lo seguí haciendo, pero desde ese día, dejaba intacto el número del boleto, convencido de que de ese modo resguardaba mi integridad, asegurado ante la contingencia.
Recuerdo un viaje a la escuela, estaba emocionado y enamorado, subí al colectivo como lo hacía todos los días de semana, le entregué el dinero al conductor y mientras esperaba el vuelto ya había relojeado el número de cinco cifras del boleto, mi cabeza de adolescente dormido realizaba la operación automáticamente, uno más uno dos, dos más seis ocho, ocho más cuatro doce y doce más nueve veintiuno..! "T" de Teresa! El boleto me acompañó hasta que el pantalón gris del uniforme fue lavado con los papeles en el bolsillo... el amor había terminado mucho antes...
Es increíble lo que un pequeño detalle del paisaje urbano puede hacer en las ciudades de nuestro valle central. Aquellos rituales del boleto dejaron un vacío que pasó a llenarse en el mismo momento en que aumentó del uso de los teléfonos celulares durante el viaje.