BLOG
═══════════════════
BLOG
═══════════════════
MIENTRAS TRATO DE VIVIR
Morir de ti
Quisiera poder darte un último abrazo, un último beso y, después, morir o hacer algo tan bueno como eso.
ULISES BURGO
MAYO 31, 2026
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
Hoy comienza mi agonía de ti.
Hoy vuelvo a extrañarte. Regreso a los días en que leía tus cartas honestas una y otra vez, durante horas. Me he encontrado contigo de nuevo. He intentado mirarte cuando por fin tomas un asiento en el transporte; sin embargo, termino con la cabeza inclinada hacia el piso. Calcularé mejor los horarios para encontrarme contigo más seguido. Estarás en mi mente todo el tiempo, por si un día de estos piensas en mí y nuestros pensamientos chocan, obligándonos así a encontrarnos.
Este día comienzo a buscar tus fotos; empiezo a observar los más mínimos detalles. Comienzo a contar tus sonrisas, a mirar con detenimiento la forma de tus labios.
Hoy, que por la mañana coincidimos, no pude evitar extrañarte. Vi tu rostro con sutileza. Te reconocí al instante por la forma de tus manos, que son lo que más tengo grabado de ti. No pude ignorar la ausencia de tu mochila rosa, pues por ella te he reconocido últimamente. No pude evitarte. Me parece haber visto tu cabello de un color distinto.
Interrumpí la escritura. Hice una pausa para ir a mi rincón más personal. Destapé la caja en que guardo tus regalos y las cartas que me diste para leerlas una vez más; para revisar el pequeño libro que armaste; para sentir de nuevo la transcripción que hiciste de «Pretty Boy», de The Neighbourhood, que cada vez que escucho me hace recordarte, pues la dedicaste a este confuso. Revisé de nuevo el pequeño libro, también para mirar otra vez la fotografía de cuando te graduaste del preescolar.
Explorando la caja descubrí un crimen, algo que mucho me duele: que se haya deshecho el ramo de flores de papel que me obsequiaste, consagrándote como la única persona que me ha dado flores; las más eternas.
Leí las cartas en su totalidad. Toqué el papel por el que deslizaste tus manos inconfundibles. Puse mucha atención en los inicios: nunca fueron iguales, pero siempre portaron los mismos sentimientos: «te amo», «te quiero», «hola».
Revisé de nuevo los dos dibujos con los que acompañaste dos de las cartas. Un sobre es blanco; el otro, gris. En algún pequeño escrito me bautizaste como el amor de tu vida. Tú, el mío, lo sigues siendo, por supuesto.
Hoy me has hecho volver a llorar.
Esperaré a que él se aparte de tu vida, a que tú y yo queramos volver a estar en la nuestra. Esperaré a que del cielo vuelvan a llover luces. Me acabaré la vida escribiéndote, pues así lo han prometido mis voluntarias palabras al terminar de leer una de tus cartas.
Dime dónde y ahí te espero: ¿en la casa azul, donde siempre bajábamos del transporte? ¿En el sitio donde siempre lo abordábamos? ¿En la calle donde platicábamos y éramos solo tú y yo? ¿En las calles aledañas a tu casa? ¿En la secundaria? Te lo pido: dime dónde y ahí me sentaré a esperar tu regreso.
Quisiera poder darte un último abrazo, un último beso y, después, morir o hacer algo tan bueno como eso. Morir de ti. Desmoronarme a causa de tu ausencia y de no saber si esta agonía que comienza hoy me llevará a tus labios o a la muerte en tus brazos.
Redacción: Mayo 27, 2026
Por Ulises Burgo
Publicado en Sinfonías ambulantes
< PREVIO
SIGUIENTE >
>> ENVÍA TU COMENTARIO
Habla sobre la sección, texto o blog sobre el que sea tu comentario