BLOG
═══════════════════
BLOG
═══════════════════
ORPHÉA
Umbral
Hubo otra razón por la que dejé de escribir durante un tiempo.
Necesitaba tomar distancia.
No solo de las palabras, sino también de la tecnología, de las notificaciones, de la necesidad de estar presente en todo momento y de esa sensación de que siempre debía responder, hacer algo o demostrar que seguía ahí. Por un instante decidí desaparecer un poco, y fue una de las mejores decisiones que pude tomar.
Pensé que el silencio terminaría agobiándome, como otras veces. Creí que la soledad volvería a convertirse en ese lugar incómodo donde la mente comienza a llenarse de pensamientos desordenados. Pero ocurrió exactamente lo contrario.
La soledad dejó de ser un castigo y se convirtió en mi mejor compañía.
Comprendí que nunca fue un espacio vacío; simplemente era un lugar que aún no sabía habitar. Y cuando por fin aprendí a permanecer en él, dejó de dar miedo.
En ese silencio descubrí una versión de mí que hacía mucho no escuchaba. Una que ya no necesitaba correr detrás de todo al mismo tiempo. Una que podía detenerse, respirar profundamente y preguntarse, sin prisa: ¿Quién soy ahora? ¿Qué quiero conservar? ¿Hacia dónde quiero ir?
Poco a poco comencé a sentir que algo dentro de mí también descansaba.
Ya no despertaba con esa presión constante del estrés académico, con la lista interminable de tareas, entregas, proyectos y exámenes girando una y otra vez en mi cabeza. Esa tormenta, que durante tanto tiempo pareció interminable, finalmente comenzó a disiparse.
Y con ella también desapareció una parte del peso que llevaba encima.
Ahora mis días tienen otro ritmo. Leo con calma. Escribo cuando realmente nace hacerlo. Dedico tiempo a aquello que alimenta mi espíritu, a mis lecturas, a mis prácticas espirituales y a esos pequeños rituales que me ayudan a regresar a mí misma. Ya no siento culpa por descansar. Entendí que detenerse también forma parte del camino.
Quizá por eso no había escrito.
No estaba desapareciendo.
Estaba regresando.
Regresando a mí, a mi paz y a esa tranquilidad que durante tanto tiempo estuve buscando en lugares equivocados. Y ahora que la encontré, quiero protegerla. Porque sé que pronto llegarán nuevos retos, una nueva etapa académica y nuevos proyectos. Pero esta vez quiero recibirlos de una manera distinta: con la mente serena, el corazón ligero y la certeza de que ninguna meta vale más que la paz que tanto me costó recuperar. Y, quizá lo más importante de todo, es que ya no siento la necesidad de llenar cada espacio con ruido. Antes creía que estar ocupada era la única manera de avanzar, pero ahora entiendo que también se crece en la quietud. En esos días donde aparentemente no sucede nada, en realidad sucede lo más importante: uno cambia por dentro. Tal vez nadie lo note desde afuera, pero yo sí. Y eso es suficiente. Porque la paz que encontré no depende de nadie más; depende de la decisión de seguir eligiéndome todos los días.
Meredith Villalba
━━━━━━━━━━━━━
Colaboradora desde el 13 de mayo de 2026. Escribe en la edición mensual y publica su blog en el sitio web.
IG: @merisvk
PUBLICADO EN
ORPHÉA
Blog de Meredith Villalba
━━━━━━━━━━━━━
OTROS TEXTOS DE LA AUTORA
━━━━━━━━━━━━━
Consulta la última edición de nuestra revista
< PREVIO
SIGUIENTE >
La ciudad donde aún existes
>> ENVÍA TU COMENTARIO
Habla sobre la sección, texto o blog sobre el que sea tu comentario