A lo largo de nuestra vida se manifestarán numerosas emociones, tanto agradables como desagradables. Aceptarlas y gestionarlas sin dejarnos llevar por ellas forma parte del proceso adaptativo a las circunstancias, esto es lo que se conoce como resiliencia.
Todo ello incluye mantener una actitud positiva y equilibrada, a pesar de las circunstancias externas positivas o negativas, responder de forma apropiada a los estímulos, así como el control de las reacciones a la frustración, la ansiedad, la euforia y cualquier otro cambio brusco.
A través de las emociones construimos nuestra identidad como personas
Una EMOCIÓN es una reacción automática, psicofisiológica que nos informa sobre que nos está ocurriendo y nos prepara para afrontar la nueva situación.
Esta respuesta la experimentamos en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Nos dice cómo estamos y qué necesitamos.
Cada persona lo alcanza a un ritmo diferente.
No hay una única forma de hacerlo.
Algunas personas puede llevarles tiempo aprender herramientas y habilidades para manejar sus emociones.
Otras lo logran de manera natural sin necesidad de entrenarse en técnicas concretas.
El proceso depende de la persona y sus circunstancias.
INDICADORES PARA IDENTIFICAR QUIÉN
HAN LOGRADO ENCONTRAR EL EQUILIBRIO EMOCIONAL
Entiende por qué está bien o mal. Sus cambios emocionales son cortos y los integra con buenas respuestas casi de manera natural.
Se preocupa por las cosas negativas sin exagerarlas. No se desespera cuando se siente mal y es consciente de que esa emoción irá desapareciendo.
Es capaz de relajarse y centrarse en el presente.
Evita recrearse en los problemas y en las emociones desagradables pasadas.
Es consciente de que hay cosas que no dependen de ella y no se martiriza por ello.
En general, se encuentra relajada y cómoda
Las respuestas a sus emociones son fluidas y resilientes.
Tiene facilidad para conectar con los demás y capacidad de mantener relaciones sanas.
Siente que, ante diferentes problemas, tiene alternativas y opciones.
Prácticamente todas las personas en algún momento perdemos el equilibrio emocional.
Nos desestabilizamos.
Y esto es lo normal.
Se produce cuando alguien siente que no puede controlar sus emociones, cuando siente que está fuera de control y no puede tomar decisiones correctas.
Suele causar ansiedad, tristeza, ira, frustración y otros sentimientos desagradables.
Cambios de humor frecuentes: pasar de la alegría a la tristeza o la ira sin una razón aparente.
Dificultad para concentrarse: sentirse incapaz de enfocarse en tareas cotidianas.
Aislamiento social: evitar las relaciones con los iguales y familiares.
Problemas de sueño: insomnio o dormir en exceso.
Reacciones desproporcionadas ante situaciones cotidianas.
Se pierde debido a situaciones estresantes por motivos de trabajo, familia o enfermedad.
Pero nos ayuda a ajustarnos a las necesidades que la situación requiere y nos “informa” de que algo no va bien.
Lo natural es experimentar sentimientos de ansiedad, ira, tristeza, excesiva euforia...
Sentirse mal por encontrarse mal, nos hace entrar en un círculo que empeora la situación.
Lo importante es ser capaces de regular las emociones y tener estrategias para afrontarlas, o buscar ayuda profesional para implementar dichas estrategias y no generalizar las emociones negativas como parte de nuestra identidad para que no afecte a nuestra autoimagen, nuestras relaciones familiares o sociales, nuestro trabajo, etc.