“Para dar a los demás y ayudar lo primero es estar bien”
Cuando estamos en calma es cuando podemos enfocarnos en la otra persona. No podemos dar aquello que no tenemos, por tanto, el primer paso es empezar por nosotros y nosotras, por gestionar nuestras emociones y ser referente para el colectivo juvenil.
Cuando nos cuidamos y respetamos estamos enseñando a la juventud a cuidarse y respetarse. Cuando gestionamos los problemas desde la calma y la amabilidad, estamos enseñando estas herramientas a quienes nos ven como un ejemplo a seguir.
Si prestamos atención es curioso observar cómo, a pesar de los sermones, las personas jóvenes acaban haciendo más lo que ven, que lo que les dicen que tienen que hacer. Cuando van creciendo y asumen roles más adultos, han aprendido las estrategias que emplearon sus personas más cercanas y es lo primero que van a usar para solucionar conflictos. Por ejemplo, si en su familia se utilizaba un lenguaje agresivo es fácil que hayan normalizado esa forma de comunicarse, a no ser que tomen conciencia y decidan que no quieren repetir ese camino, que es probable que salga de forma automática. Obviamente, como profesionales de la información juvenil no somos su padre o madre, pero si podemos ser referentes y podemos ser un espejo en el que puedan verse.
“La palabra convence, el ejemplo arrastra”
“¿Vivimos de forma consciente o de forma reactiva?”
En nuestro día a día reaccionamos desde nuestro cansancio o malestar. Por eso, es muy importante observarnos y si vemos que estamos perdiendo el contacto con nuestros valores y motivaciones, es necesario parar, respirar y canalizar nuestras emociones en función de nuestros objetivos y valores, recuperando la actitud que queremos tener frente a las circunstancias.
Para vivir más conscientes se han mostrado eficaces las técnicas de mindfulness. Ejercicios que nos pueden ayudar a parar, tomar conciencia, escucharnos de forma amable y mantener el foco.
A continuación te proponemos el siguiente ejercicio de autorregulación emocional basado en mindfulness.
Para un momento. Siente y deja que calme tu respiración.
Haz un chequeo corporal y emocional. ¿Cómo estoy? ¿Qué me está afectando? ¿Qué es importante para mí? ¿Qué necesito? Hazlo desde la amabilidad y comprensión, es normal que las cosas nos afecten. Acepta y abraza tus emociones, solo te dan información sobre aquello que es importante para ti.
Canaliza tus emociones en función de tus objetivos y valores ¿Qué actitud quiero tener frente a las circunstancias?
Si te está afectando algo externo a tu trabajo, abrázalo y céntrate en el aquí y el ahora. A veces los conflictos no se resuelven en el momento y hay que aprender a estar en el conflicto o posponerlo.
“La calidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”
Las palabras tienen poder. El poder de construir nuestro mundo interno, según nos decimos las cosas, así también las sentimos y las creemos.
La forma de hablar es muy importante a la hora de tener una relación sana contigo y con las demás personas. A menudo le quitamos importancia y esto nos lleva a conflictos que se podían haber evitado.
"Es muy importante darse cuenta de cómo es nuestro lenguaje"
Por ejemplo:
Si digo: “¡Qué desastre, he hecho todo mal!”, no siento lo mismo que si digo: “Hoy siento que no me ha salido como me hubiera gustado, creo que podría mejorar si lo planifico con más tiempo”.
El primero es general, negativo y dañino, no ayuda a mejorar en nada. El segundo es respetuoso e intenta sacar un aprendizaje. Uno nos perjudica, el otro nos lleva a aceptar nuestro lado vulnerable, a mejorar y corregir.
Cuando te sientas mal, escribe tus pensamientos y analiza cómo te estás tratando, si es justo, si es verdad, si es útil lo que te dices y si tratarías así a una persona que quieres. Luego puedes reformular las cosas y practicar un lenguaje más positivo.
“Recuerda la fórmula mágica: “menos porque tú y más porque yo”
Solemos centrarnos en lo que no nos gusta o nos molesta, pero nos cuesta más reconocer, valorar y expresar lo positivo. Hacerlo te hará sentir mejor y mejorará la satisfacción en tus relaciones.
Pero en la vida también habrá cosas con las que no estemos de acuerdo. Evitar hablar de esto no lo va a solucionar. Hablarlo ayuda a regular nuestras relaciones.
Si evitamos el conflicto, no deja de afectarnos, esas conductas afectan a nuestra relación, nos vamos a sentir mal o vamos a estallar en algún momento. La cuestión es aprender a expresarnos de manera asertiva para mejorar las cosas en lugar de empeorarlas.
Reconocer el conflicto nos permite aceptar o darnos cuenta de que algo no va bien, condición necesaria para abordarlo, resolverlo y evolucionar.
Cuando nos sentimos mal, a menudo, proyectamos el malestar fuera, es decir me siento mal porque tú... Esto hace que la otra persona se sienta atacada, y lo más probable es que contraataque o se ponga a la defensiva. En cambio, cuando nos hacemos cargo de nuestras emociones, y buscamos soluciones, es más probable que la otra persona, si nos quiere, quiera colaborar para que nos sintamos mejor. Para ello la fórmula mágica sería: “es que yo... me siento, necesito...”
Vivimos en un mundo exigente en el que sentimos a menudo que no llegamos a todo. Por eso es muy importante parar a priorizar y planificar. Esto nos ayudará a conseguir objetivos y tener una mayor sensación de control, reduciendo nuestra ansiedad y mejorando nuestra autoestima.
Es importante ser eficaz y hacer planes realistas, teniendo en cuenta que no todos los días son igual de productivos y que no es necesario ser perfecto para hacer cosas útiles. La mayoría tenemos claro que es necesario tener una agenda de trabajo, pero cuando se trata de autocuidado a menudo nos descuidamos.
Una forma de analizar cómo estamos gestionando nuestro tiempo es realizar el siguiente registro diario durante una semana.
También es necesario dejar tiempo para el autocuidado y el disfrute.
¿Puedo meter alguna de estas actividades en mi rutina diaria?
¿En qué momento me generarían menos interferencia?
Hay algunas actividades con las que se nos va el tiempo, si no nos hemos planificado previamente.
Un ejemplo es el móvil, las redes sociales, la televisión... si no nos ponemos un límite nos pueden enganchar y hacer que dejemos de hacer otras cosas que son importantes.
Analizar a qué dedicamos el tiempo es fundamental para tener unos hábitos que nos enriquezcan y nos ayuden a sentir que nuestra vida es agradable y con sentido. "Haz hueco en tu agenda para cargar pilas y poder estar como tú quieres estar, con ilusión y sin quemarte".
“Somos el conjunto de nuestros hábitos”
Valora y reconócete por las actividades que has realizado.
Responder a las siguientes preguntas puede ayudarte a analizar qué ha pasado:
¿Has hecho un plan y te has ajustado a él?
Intenta acabar la actividad que comienzas y no iniciar otras tareas asociadas o saltar de una tarea a otra.
¿Has caído en la trampa del perfeccionismo?
Un excesivo perfeccionismo no es práctico, nos bloquea y no nos deja avanzar.
¿Estás evitando algo?
Cuidado con la procrastinación, a menudo cuanto más posponemos algo, más crece el problema y nuestro miedo a enfrentarlo.
¿Sabes decir que no?
Aunque a muchas personas les cuesta decir que no y temen que la otra persona se moleste, cuando se hace de una forma apropiada suele contribuir al respeto mutuo. A veces es necesario poner límites por amor propio.
¿Qué es lo que puede pasar si delego?
Reflexiona si hay personas en tu entorno en las que puedas delegar o te puedas apoyar puntualmente. Aunque, a corto plazo podemos sentir que la otra persona no lo hará igual o llevará más tiempo corregir o explicar, a largo plazo nos descarga.
Algo muy importante para estar en evolución constante y no quemarnos es buscar información, charlas, cursos y personas que nos impulsen y nos inspiren. Propiciar espacios para compartir y para enriquecernos mutuamente.
En tu trabajo con personas jóvenes no necesitas tener todas las respuestas. Reconocer tus limitaciones y contar con otros profesionales es fundamental.
Generar redes y contar con otros recursos permite ofrecer un mejor apoyo a las personas jóvenes y ayuda a que no dependan únicamente de nuestro servicio y busquen otros apoyos en su comunidad.
No tienes que saberlo todo, ni ser especialistas en todo.
Tu papel como profesional de la información juvenil no es sustituir a otros especialistas.
Puedes escuchar, acompañar, ser ejemplo de un estilo de vida saludable, ofrecer orientación y facilitar la reflexión, ayudando a que las personas jóvenes encuentren sus propias respuestas.
Si detectas un sufrimiento intenso, recurrente o que limita la vida cotidiana de una persona joven, o intuyes que la situación requiere un tratamiento más específico y va más allá de un malestar puntual, es importante buscar apoyo externo. En estos casos, los programas de juventud pueden complementar el apoyo, pero no sustituyen una intervención clínica cuando es necesaria.
¿Qué puedes hacer en estas situaciones?
Compartir la situación y buscar el apoyo de tu equipo.
Recurrir a la asesoría psicosocial del centro de información juvenil (si existe este servicio).
Valorar la posibilidad de contactar con la familia, especialmente si se trata de una persona menor de edad.
Orientar a la persona joven para que acuda a profesionales especializados en salud mental.
Trabajar en red permite ofrecer un apoyo más completo y adecuado a las necesidades de cada persona joven.
Una herramienta muy útil en tu trabajo es conocer bien los recursos disponibles en tu municipio.
Te proponemos un ejercicio sencillo: crear tu propio mapa de recursos.
Identifica los servicios, programas y entidades de tu municipio o de tu entorno cercano que puedan ayudar a responder a las demandas de información o asesoramiento que plantean las personas jóvenes en tu servicio.
Puedes empezar por localizar recursos en ámbitos como:
educación
cultura
servicios sociales
voluntariado
salud afectivo-sexual
ocio y tiempo libre
bienestar emocional
asociacionismo
Contar con este mapa te permitirá orientar mejor a las personas jóvenes, derivar cuando sea necesario y facilitar el acceso a apoyos dentro de su comunidad.