En los últimos años ha reflotado con fuerza la tendencia de aquellas personas que han optado por suprimir por completo el consumo de carne de todo tipo: rojas, blancas, procesadas, etcétera.
En términos generales, una de las principales razones para optar por esta tendencia tiene que ver con convicciones que promueven el cuidado por los animales. De hecho, es posible que en nuestro círculo de amigos o familiares conozcamos alguna persona que sea “pro animal” y, en consecuencia, vegetarian o vegano.
Los riesgos están asociados al consumo de carnes con más contenido graso, ya que se relacionan con un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculaes, a consecuencia de las grasas saturadas y el colesterol.
Pero también hay otros riesgos asociados al consumo en exceso de aquellas que son procesadas, ahumadas o a la parrilla. Para estos efectos, los problemas están relacionados a afectar el funcionamiento del tubo digestivo por las grandes cantidades de hierro y hemoglobina que, en conjunto, podrían aumentar el riesgo de cáncer de colon.
no se trata de estigmatizar su consumo, sino que éste debe ser moderado, porque también cuenta con nutrientes que podríamos necesitar para mantenernos saludables, como proteínas, vitamina B12 y hierro.