Parece existir una tensión entre las metas que las comunidades deberían tener para lograr disminuir las secuelas de salud pública y la crisis socioeconómica. Dichas medidas son elementales para eludir agobiar nuestro sistema de salud y de atención médica con un enorme conjunto de pacientes que enferman paralelamente. Ningún sistema de salud en el planeta está pensado para funcionar bien bajo estas presiones extremas.
Sin embargo, esto no debería llevar a reabrir la economía bastante rápido o bastante veloz negando la gravedad de la enfermedad pandémica, como se ha hecho repetidamente en ciertos medios y en las redes sociales manipulando y realizando mal uso de los datos. Este coste comúnmente se ignora y no debe ser de esta forma, pues, además del dolor relevante provocado por el deceso de parientes y seres queridos, la economía además está perdiendo gente, que son el elemento de producción más relevante. Los años velozmente posteriores a las limitaciones sociales de la enfermedad pandémica son el instante conveniente para emprender estas inversiones públicas, que podrían utilizarse para mejorar muchas infraestructuras simples en atención de salud, comunicaciones y transporte, por ofrecer solo ciertos ejemplos.
Al final, esta crisis es un caso muestra importante de que la mayor parte de los inconvenientes apremiantes a los que nos enfrentamos son de naturaleza universal: una totalmente nueva enfermedad pandémica, o el calentamiento global, o los inconvenientes generados por las desigualdades son preguntas que no tienen que abordarse independientemente por cada territorio. No obstante, la metodología de la economía, basada en el enfoque científico, no se debería enfrentar con los procedimientos usados por las ciencias médicas y biológicas. Desgraciadamente, en dichos días de dominio por las redes sociales y copiosidad de noticias erróneas, demasiadas sugerencias prescriptivas inexactas, estudio de datos incorrectos y canalización de la infelicidad de la población a causa de políticos populistas han llevado a ciertos a edificar una separación artificial entre economía y epidemiología.