CREENCIAS
Leyenda
Karina, una vecina cuyos padres fueron vecinos del primer sector, nos relata lo siguiente:
Mamá decía que cuando llegaron a la colonia eran contadas las casas, diez casitas apenas. Y eran casitas chiquitas, ¡pero con un terrenón…! No había bardas, era puro monte. Una vez se estrelló un avión y duró un buen tiempo ahí tirado, los niños iban y esculcaban y sacaban periódicos viejos. También hubo un accidente muy fuerte cuando estaban construyendo la iglesia, se cayeron las estructuras y murió mucha gente; tuvieron que empezar a hacerla otra vez. Atrás de la iglesia era puro llano, puro monte… ésa es plática de personas del primer sector. La vaga referencia del accidente aéreo devino en una leyenda popular que se extendió por la villa de San Nicolás: que a bordo del avión iban un piloto, un niño y una enfermera; que ella salió violentamente decapitada del accidente; que por las noches su espectro, bañado por un halo de luz plata, se le aparece a los vigilantes de la clínica Cuauhtémoc y Famosa. El rumor, ya leyenda, es un ejemplo de la poderosa tradición oral de la Colonia.
ACTOS FESTIVOS
La fiesta patronal empezaba el primer día de mayo. La misa era el preludio solemne; después había que prepararse para las celebraciones. Los miembros de jesva cocinaban la cena y vendían los boletos con anticipación. La feria duraba tres días.
Al tercer día la fiesta cerraba con la quema del castillo, una atronadora sucesión de coloridos fuegos artificiales. Las fiestas patronales eran las únicas que atraían a toda la población de la Cuauhtémoc. Las posadas de la Iglesia San José Obrero comenzaban el 16 de diciembre, nueve días antes de Navidad.
El cierre de calles, la música y la comida eran los elementos fundamentales para reconocer una fiesta en la Cuauhtémoc. Las bodas y los quinceaños podían extenderse hasta bien entrada la noche. Aunque la Empresa ofrecía de manera gratuita un gran salón en scyf, la gente prefería quedarse en la Colonia y celebrar en las banquetas.
En 1960 iniciaron las funciones gratuitas de cine. La pantalla se instaló en el parque de béisbol y se proyectó una película por semana. Por las calles pasaba un cochecito anunciando la cartelera; los vecinos interrumpían conversaciones y aguzaban el oído al paso del altavoz. Las proyecciones, como los juegos de la Liga Pequeña, eran una excusa para salir con amigos de otros sectores, disfrutar el aire nocturno y socializar