Portugal nació en la región Porto y Norte, en la que, en el siglo XII, los portugueses se convirtieron en un pueblo y en una nación.
Ciudad Patrimonio Mundial, es la puerta de entrada y el punto de partida de un viaje por la diversidad natural y cultural de la región. Se la conoce por el vino de Porto, que desde aquí parte hacia todo el mundo, pero también por un patrimonio que sabe combinar la antigüedad de iglesias y monumentos
La estación de São Bento, con su vestíbulo revestido de azulejos, es el lugar ideal para iniciar su recorrido.
Después de ver desde el río, la silueta de las casas y de las torres de las iglesias, nos espera el interior dorado de la Iglesia de San Francisco. Muy cerca puede atisbar más iglesias y monumentos, azulejos en las fachadas.
Junto a la Rotonda de Boavista se encuentra la Casa de la Música, siempre imponente por su forma arquitectónica y su cartel cultural. En esta zona puede encontrar buenas tiendas para ir de compras.
Todavía falta ir a la orilla sur del río para visitar las bodegas de vino de Oporto y probar el vino en su peculiar entorno. Desde Ribeira, podemos atravesar andando el puente D. Luís y ver, desde este lado, una de las panorámicas más bonitas de Oporto.
Tiene sus orígenes en los años 50 y 60, cuando durante la dictadura portuguesa miles de portugueses emigraron a Francia. Esta inspirado en un sándwich típico de la región, el croque-monsieur. Actualmente es un plato típico de la región de Porto (aunque no se consume cotidianamente por razones que vas a conocer a continuación)
En pocas palabras, es un pan tostado con carne de cerdo, salchicha ahumada, tocino, bistec y cubierto con huevo frito y queso. Sí, todos juntos! Al mismo tiempo, se sirve con papas fritas y una salsa picante local, generalmente hecha de tomate, cerveza y especias. También es ideal acompañarlo con una cerveza. ¿Te atreverías a probarlo?
Bacalhau
El bacalao es probablemente el plato más famoso de la gastronomía de este país. Los portugueses, no son solo grandes productores de bacalao, también es considerado el primer consumidor. Esto hace que en Portugal se consuma más de lo que realmente se produce.
Los portugueses encontraron bacalao por primera vez en las costas de Terranova (lo que ahora es Canadá). El viaje de regreso a casa era largo, así que para conservar el pescado lo salaban para que llegase en condiciones.
Portugal siempre ha sido un país experto en la producción de sal. El bacalao se salaba y podía aguantar en perfectas condiciones durante mucho tiempo. Por lo que era el alimento perfecto. No era excesivamente caro, por lo que se hizo muy popular entre la población portuguesa, de hecho, era de los pocos pescados que se podían permitir, por lo que se convirtió en un elemento de identidad cultural.
Aunque existen variadas recetas, popularmente suele consumirse hervido, acompañado con algunas verduras y decorándolo con un poco de aceite de oliva.
Caldo Verde
Basicamente se trata de una sopa elaborada a base de papas pisadas y acompañado de unas tiras de couve-galega, que le proporcionan el color verde característico, algo de ajo, aceite de oliva y todo ello ligeramente sazonado. La combinación de estos ingredientes proporciona el aroma típico de la region. La receta tradicional aconsejaba que se sirviera en los días festivos con unos trocitos de chouriça.
Por su belleza y el encanto de sus paisajes, el Valle del Douro también podría recibir el nombre de valle encantado.
Saliendo de Oporto, donde desemboca el río y donde también desembocan los vinos de Douro (de mesa) y de Oporto (vino generoso) que se producen en sus laderas, varias son las maneras para conocer este paisaje cultural, catalogado como Patrimonio Mundial: por carretera, en tren, en un crucero o, incluso, en helicóptero. Ninguna de ellas nos dejará indiferentes.
Vinho Porto
Este tipo de vino, entra dentro de la categoría de los vinos fortificados, debido a que se le adhiere brandy al vino mientras está en proceso de fermentación.
Esta suma de brandy al vino permitía estabilizarlo, y lo convertía en apto para soportar variadas temperaturas y humedades en los viajes en barco que se hacían en esa época debido al comercio marítimo.
Este vino es de un alto nivel alcohólico, de 25 grados, y tiene un sabor más dulce por el azúcar que no se terminó de fermentar al agregar el brandy. Se produce en los viñedos de la Región vitícola del Alto Douro. Antes del siglo XVII, esta región era ya conocida por sus vinos, tintos y blancos.
Vinho Verde
Estos vinos ligeros y atrevidos, frescos y un punto frívolos son ideales para acompañar mariscos y pescados. Las viñas, que se extienden entre el Duero y el Miño, trepan por los emparrados cercanos a la pintoresca población de Valença en la frontera con Galicia y continúan hacia el sur llegando a Barcelos, Braga y Guimarares, ciudad señorial, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Se trata de un vino con tintes ácidos y a menudo ligeramente espumoso. La denominación indica la extremada juventud de la uva que produce el vino, que apenas ha madurado.
Construida hace más de 2.000 años, Bracara Augusta fue fundada, precisamente, por Augusto, y se convirtió en una de las principales vías romanas de la Península Ibérica, ya que era sede administrativa del Imperio. Más tarde, el emperador Caracala la convirtió en capital de la provincia romana de Gallaecia, actual Galicia. La Diócesis de Braga es la más antigua de Portugal y, en la Edad Media, la ciudad llegó a rivalizar con Santiago de Compostela en poder e importancia. Hoy en día, Braga sigue siendo uno de los principales centros religiosos del país y las conmemoraciones de Semana Santa y de San Juan son el punto culminante del calendario litúrgico y turístico.
La ciudad de Guimarães se considera la cuna de Portugal porque aquí nació Alfonso Henríquez, que se convertiría en el primer rey de Portugal.
Asociada a la formación e identidad de Portugal, la UNESCO catalogó la zona intramuros del centro histórico de Guimarães como Patrimonio Mundial, gracias a los valores de originalidad y autenticidad utilizados para su recuperación. En la actualidad, la ciudad todavía cuenta con un conjunto patrimonial armonioso y bien cuidado. Por momentos nos sentimos transportados a un escenario medieval, en el que la nobleza construyó sus viviendas, como la casa Mota Prego, el Palacio de Vila Flor, de Toural y tantos otros que aportan a Guimarães una atmosfera única.
Es una de las ciudades más bonitas del norte de Portugal. Su participación en los Descubrimientos portugueses y, más tarde, en la pesca del bacalao, manifiestan su tradicional unión con el mar.
A Viana do Castelo se llega enseguida desde Oporto o desde Valença para quien viene de España. Desde el monte de Santa Luzia puede observarse la privilegiada situación geográfica de la ciudad, junto al mar y a la desembocadura del río Lima. Viana se enriqueció con palacios blasonados, iglesias y conventos, chafarices y fontanares que constituyen una herencia patrimonial digna de visita.
La fiesta de la Virgen de la Agonía, tal vez la romaría más famosa de la región, se celebra el fin de semana posterior al 15 de agosto (día de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen) y normalmente incluye desfiles etnográficos y procesiones terrestres y fluviales por el río Lima con embarcaciones engalanadas. Las calles de la ciudad por las que desfila el cortejo religioso que transporta la imagen de la virgen se decoran con alfombras de flores.
El culto a la Virgen de la Agonía se remonta al siglo XVIII. Está relacionado con la devoción de la gente vinculada a la pesca, que agradecía o celebraba los favores recibidos en momentos difíciles durante las tempestades o los naufragios.
Los puntos culminantes de la romería de la Virgen de la Agonía, que tantos visitantes atrae a Viana do Castelo, son el desfile etnográfico, el desfile de gigantes y cabezudos, y, por último, la fiesta del traje.
Un paseo por el centro histórico conduce inevitablemente a la tranquila ciudadela medieval donde nació el Ducado de Bragança.
Bragança, como población, nació en el s. XII, cuando se estableció aquí Fernão Mendes, de la familia de los Braganções, cuñado del primer rey de Portugal, D. Afonso Henriques (1139-85).
En 1187, D. Sancho reconoció la importancia de la aldea en el desarrollo de la región, concediéndole la autonomía jurídica. El núcleo urbano medieval se mantiene en la ciudadela dignamente representada por la imponente Torre del Homenaje del castillo, por el Pelourinho, por la Iglesia de Santa Maria y por la Domus Municipalis.
Es una ciudad antigua, situada en la confluencia de los ríos Corgo y Cabril, enmarcada por las sierras de Alvão y de Marão al oeste, y por la sierra de Montemuro, al sur. Ciudad interior, tiene una avenida ribereña sobre un profundo barranco por el que fluye el río Corgo.
Vila Real conserva una arquitectura aristocrática, con casas blasonadas, ventanas manuelinas y balcones tradicionales en hierro forjado.
Atravesando el antiguo puente sobre el Río Cávado, entramos en una de las ciudades más emblemáticas del arte popular miñoto, Barcelos.
Es una ciudad antigua, situada en un emplazamiento con restos arqueológicos desde la Prehistoria pero, fue en el s. XII, cuando comenzó su historia, al serle concedido fuero por D. Afonso Henriques que la convirtió en villa.
En 1385, comenzaría una época de gran desarrollo y dinamismo para Barcelos, patente en la construcción del puente, la muralla, de lo que queda de la Torre de la Porta Nova, del Paço de los Duques y de la Iglesia Matriz.
Estos monumentos son los que, hoy en día, constituyen el centro histórico de la ciudad que mantiene un agradable ambiente medieval.
En un paseo por Barcelos no puede faltar una visita al antiguo Largo da Feira, hoy Campo da República, donde se encuentran las Iglesias del s. XVIII del Bom Jesús da Cruz, y de Nuestra Señora del Terço y donde todos los jueves, se realiza la mayor feria de artesanía del país.
Cuenta la leyenda que los habitantes del burgo se encontraban muy alarmados porque alguien cometió un delito y no se descubría al culpable. Cierto día apareció un gallego que se convirtió en sospechoso y las autoridades decidieron detenerlo y, a pesar de jurar su inocencia, nadie creyó que se trataba de un peregrino que se dirigía a Santiago de Compostela para cumplir una promesa.
Condenado a la horca, pidió que lo llevasen ante la presencia del juez, que se encontraba en un banquete con unos amigos y, allí, volvió a afirmar su inocencia. Como nadie le creía, el gallego señaló a un gallo asado que había sobre la mesa y dijo: "Es cierto que soy inocente, y, como prueba, ese gallo cantará cuando me ahorquen."
¡Y lo que parecía imposible, sucedió! Cuando el peregrino estaba siendo ahorcado, el gallo asado se levantó de la mesa y cantó. El juez corrió a la horca y, al ver que el nudo de la cuerda impedía el estrangulamiento, ordenó inmediatamente que lo soltaran, dejándolo partir en paz.
En el interior, macizos montañosos y aldeas de granito y esquisto. Junto al mar, poblaciones pesqueras y playas cosmopolitas en las que los deportes náuticos marcan el ritmo de los días. Y en todas partes, el patrimonio milenario muestra con orgullo la historia de la región.
A orillas del Mondego, Coimbra es famosa por su Universidad, la más antigua de Portugal y una de las más antiguas de Europa, que con el paso del tiempo ha modelado su imagen, convirtiéndola en “la ciudad de los estudiantes”. Merece la pena subir a la torre, donde se encuentran las campanas que marcaban el ritmo de las clases, para disfrutar de la magnífica vista de 360 grados sobre Coimbra. Pero en la planta baja hay mucho que visitar: el Patio de las Escuelas, la Sala dos Capelos, donde tienen lugar las ceremonias más importantes, la Capilla de San Miguel, con un imponente órgano barroco y la Biblioteca Joanina, que cuenta con más de 300.000 obras que datan entre los siglos XVI y XVIII.
A esa época pertenecen varios monumentos que presentan el esplendor del arte románico. Localizados en la Baixa, zona de compras y de cafés históricos, es de obligada visita el Monasterio de Santa Cruz, que alberga la tumba del primer rey de Portugal, Alfonso Henríquez.
Pero hay mucho más que ver. También son muchos los jardines que no se puede perder, el de la Quinta das Lágrimas, escenario del romance entre Don Pedro e Inés de Castro, y a los niños, y no tan niños, les encantará el Portugal dos Pequenitos, un parque que reproduce a la escala de los más pequeños los principales monumentos portugueses.
Coimbra no es solo tradición, también posee estructuras modernas que vale la pena conocer, como el Polo II de la Universidad. Y para tener una perspectiva diferente de toda la ciudad, le aconsejamos un paseo en barco por el río Mondego.
El pueblo medieval de Óbidos es uno de los más pintorescos y mejor conservados de Portugal.
Suficientemente cerca de la capital y situado en un punto alto, cerca de la costa atlántica, Óbidos disfrutó de una importancia estratégica en el territorio. Ocupado antes de que los romanos llegaran a la Península Ibérica, el pueblo prosperó a partir del momento de su elección por parte de la familia real.
Intramuros encontramos un castillo bien conservado y un laberinto de calles y casas blancas que fascinan a quien por allí se pasea. Durante todo el año, un programa de eventos anima esta pequeña localidad, pero, sin duda, los más concurridos son el Festival Internacional del chocolate, el Mercado medieval y la Navidad, momento en el que se decora la villa con motivos alusivos a la época. También cabe mencionar las Temporadas de música clásica barroca, de Cravo y el Festival de ópera, que aportan una atmosfera especial a Óbidos, con espectáculos al aire libre en las cálidas noches de verano.
Leitão Assado (Bairrada)
Es uno de los platos regionales más conocidos y apreciados en la región de Bairrada , y ha sido nombrado una de las 7 maravillas de la gastronomía de Portugal.
El documento más antiguo que se refiere a este manjar es una receta conventual de 1743 , probablemente del Monasterio de Lorvão o del Monasterio de Vacariça. Debido a la falta de documentación más precisa, todos los municipios de la región de Bairrada reclaman su origen
Sazonado de la manera apropiada de la tradición con una pasta de sal y pimienta, rellenado en un pincho durante dos horas en un horno de leña por manos de especialistas en los giros y vueltas de su fabricación, amarillo como el oro en su pintura de calor lento, el lechón es Verdaderamente un manjar divino.
En verano o invierno, la montaña más alta de Portugal continental es el escenario perfecto para unos días relajados en contacto con la naturaleza.
Con una altitud máxima de 1.993 metros en Torre, Serra da Estrela es una zona de inusual belleza paisajística con desniveles montañosos impresionantes en los que podemos vivir intensamente el silencio de las alturas, y aprovechar esos momentos de comunión con la naturaleza. También podemos seguir el curso de los grandes ríos portugueses desde su nacimiento, o disfrutar de los valles glaciares.
Si hace frío, Serra da Estrela es el único sitio de Portugal en el que podemos practicar esquí y snowboard, así como andar en trineo o en moto de nieve.
De orígenes remotos, fue el dominio árabe el que marcó el desarrollo del lugar y le dio su nombre. Según la leyenda, durante la Reconquista Cristiana el caballero templario Gonçalo Hermingues, conocido como Traga-Moros, se enamoró de Fátima, una mora cautiva durante una emboscada. Correspondiendo a este amor, la joven se convirtió al cristianismo, adoptando el nombre de Oureana.
La localidad se desarrolló de forma considerable a partir del momento en que se empezaron a producir las Apariciones de Fátima, a principios del siglo XX, transformándose en uno de los centros del culto mariano más importantes de Portugal, reconocido mundialmente por la Iglesia Católica.
La 1º aparición tuvo lugar en 1917, en el lugar llamado Cova de Iria, que es donde se sitúa actualmente el Santuario. Las manifestaciones más destacadas de devoción de los fieles se celebran el 13 de Mayo (entre las que ocupan un lugar de excepción la Procesión de las Velas, el día 12 por la noche, y la Procesión del Adiós, el día 13, que cierra el conjunto de las celebraciones) y el 13 de Octubre. Sin embargo, entre estas dos fechas, todos los días 13 de cada mes están dedicados a la devoción de los fieles.
Relacionado con el culto a la Virgen de Fátima, pueden visitarse las casas donde vivieron los partorcillos que vieron a la Virgen, en el pueblo de Aljustrel.
Ni demasiado grande, ni demasiado pequeña, Castelo Branco es una ciudad a la medida de las personas que merece la pena conocer.
La visita comienza en la Catedral y sigue en el Museo Francisco Tavares Proença Júnior. El museo se encuentra en el edificio del antiguo palacio episcopal, cuyos jardines son el emblema de la ciudad. De diseño barroco, en él se combinan fuentes, lagos y cascadas, pero, sobre todo, son conocidos por las estatuas de los reyes de Portugal que adornan las escalinatas. Y si nos fijamos, nos daremos cuenta de que tres son más pequeñas que las demás... Son las que representan a los reyes españoles que gobernaron el país entre 1580 y 1640. ¡Una forma irónica de afirmar la independencia portuguesa!
Junto al mar y a la ría, una red de canales por los que pasean barcos moliceiros atraviesa Aveiro. Estas alargadas y coloridas embarcaciones servían para recoger algas y sargazo, aunque en la actualidad se utilizan para paseos turísticos.
Aveiro posee un conjunto de edificios de estilo modernista que merece la pena ver. Gran parte está situado junto al canal principal, pero existen algunos fuera de las rutas tradicionales e, incluso, en otras localidades.
Los “ovos moles”, dulce confeccionado con huevos y azúcar, es un emblema de la ciudad y se venden en barricas de madera o envueltos en una corteza de oblea con diversos formatos. Pero antes del dulce, podemos reconfortar el estómago con las delicias que el mar ofrece, como el marisco, el pescado a la parrilla o en calderetas y las anguilas, típicas de esta región y que se sirven en caldereta o escabeche.
Nada mejor para descansar y huir de la rutina que una estancia en las termas. Y en el centro de Portugal tenemos mucho donde escoger.
Debido a sus características geológicas, los manantiales termales abundan en esta región. Las aguas puras que nacen a temperaturas elevadas de las profundidades de la tierra cuentan con una composición química y mineralógica muy rica, y están indicadas para diversas terapias. Y si a lo que la naturaleza nos ha dado le añadimos buenos equipos, técnicas de tratamiento especializadas y profesionales cualificados, nos encontramos en estos sitios una interesante alternativa para unos días de descanso, en los que el cuidado de la salud, el bienestar y el ocio se alían.
Por ejemplo, en las Termas do Luso, fundadas en 1852 .
La playa de Nazaré, de clima suave y de gran belleza natural, cuenta con una de las tradiciones más antiguas de Portugal relacionada con las artes de pesca.
El largo arenal en forma de media luna, que también es la fachada marítima de la ciudad, es famoso por su grandeza y por los toldos de vivos colores que decoran la playa de arena blanca en contraste con el azul del agua. Esta es la playa con las tradiciones pesqueras más pintorescas de Portugal y no resulta extraño cruzarnos con las pescaderas que todavía utilizan las siete saias, como manda la tradición. Si miramos hacia el mar, del lado derecho, vemos un impresionante promontorio. Se trata de Sítio, desde el cual disfrutaremos de una de las más conocidas panorámicas de la costa portuguesa. Son 318 metros de roca que cae en picado hacia el mar y que se pueden alcanzar a pie, para los más valientes, o subiendo en ascensor.
Lisboa es la capital de Portugal y el centro de una región polifacética que atrae a diferentes gustos y sentidos.
En la orilla derecha del amplio estuario del río Tejo, la capital de Portugal se extiende sobre encantadoras colinas, disfrutando de una situación geográfica incomparable, a la que debe su destino de ciudad cosmopolita. Su luz excepcional, que ha hechizado a escritores, fotógrafos y cineastas, la clara amalgama de casas que trepa sobre las colinas, donde resalta el color ocre de los tejados, la policromía de los azulejos de las fachadas y las callejuelas tortuosas de los barrios antiguos, le confieren la peculiar atmósfera de ciudad de transición entre el norte europeo y el sur mediterráneo.
A pie por los barrios típicos, en tranvía por las zonas antiguas, subiendo o desciendo las colinas en tranvías-elevadores seculares, en barco dando un paseo por el Tejo, o incluso, en metro, auténtico museo subterráneo de arte contemporáneo portugués, todos los medios son buenos para descubrir la diversidad cultural de gran interés que ofrece Lisboa.
Hacia occidente, ya a camino de la Desembocadura del Tejo, visite la zona de Belém, con sus jardines y sus monumentos que son Patrimonio Mundial de la UNESCO, la Lisboa de los Descubrimientos.
Instalado en el antiguo Monasterio de Madre de Dios, mandado construir en 1509 por la reina Doña Leonor.
En este edificio existe actualmente una notable calidad arquitectónica del siglo XVII a par de la exuberante decoración barroca del siglo XVIII. En un recorrido por los antiguos espacios conventuales, pueden visitarse la Iglesia, el Coro y los Claustros.
La magnífica colección de azulejos revela la evolución histórica, técnica y artística del azulejo en Portugal, desde el siglo XV hasta la producción contemporánea.
En Lisboa, Belém es el barrio que rememora la época de los Descubrimientos y de la expansión marítima portuguesa. En los siglos XV y XVI, salieron de aquí las carabelas y aquí llegaron las buenas nuevas de lo ya descubierto. D. Manuel I ordenó entonces la construcción del Monasterio de los Jerónimos (donde se hallan las tumbas del navegador Vasco da Gama y el poeta Luís de Camões) y la Torre de Belém, símbolos de la riqueza y esplendor del siglo XV en Portugal.
En 1940, con motivo de conmemorar la fundación de la Nación Portuguesa, el gobierno de Salazar decidió realizar en Belém la ´Exposición del Mundo Portugués´. A estos efectos, se reorganizó el trazado de la zona de Belém y surgieron la Plaza de Afonso de Albuquerque, en homenaje al primer virrey de la India, la Plaza del Imperio, el Padrão dos Descobrimentos y las zonas ribereñas de ocio.
Pasteis de Belém
En un visita a Lisboa es indispensable probar los pasteles de Belém. Son un versión famosa de los pasteles de nata, hechos de masa de hojaldre enriquecida con leche, crema, vainilla y... lo que nadie sabe. Es exactamente así. La receta de los pasteles de Belém es uno de los secretos mejor guardados de la pastelería portuguesa. Nadie sabe exactamente como son, excepto los que trabajan en la fábrica, un café de Belém cerca del Monasterio de los Jerónimos. Los pasteles de Belém se han convertido en una verdadera atracción turística: todos los días se venden cerca de 10.000 en el número 84 de la Rua de Belem.
Sardinha Assada
Las sardinas asadas son uno de los platos más populares de la cocina portuguesa y tiene su origen en las regiones de Lisboa y el Vale do Tejo. Este platillo ha formado parte de las comidas tradicionales de los festivales locales para las celebraciones de los santos durante siglos.
Es una parte tan arraigada de la cultura portuguesa que es común encontrar festivales de sardinas a la parrilla en comunidades de inmigrantes portugueses en todo el mundo.
Preparar sardinas puede parecer intimidante, pero son excepcionalmente fáciles de hacer. Después de limpiarlos, los pescados se sazonan con sal gruesa y se asan a la parrilla por ambos lados durante unos 10 minutos.
Sintra, el Monte de la Luna, es uno de esos lugares llenos de magia y misterio en el que la naturaleza y el hombre se conjugaron en una simbiosis tan perfecta, que la UNESCO lo catalogó como Patrimonio de la Humanidad.
En la plaza principal nos encontramos el Palacio de la Villa (Palácio da Vila), con sus dos chimeneas cónicas, tan características. De finales del siglo XIV, fue el lugar de veraneo de muchos reyes a lo largo de la historia de Portugal. Cada estancia se encuentra decorada de forma diferente y tiene una historia que contar, además de la sorpresa de su interior, ya que es un verdadero museo del azulejo, con aplicaciones desde el siglo XVI, al principio de su utilización en Portugal.
Por la sierra, el Castillo de los Moros (Castelo dos Mouros). Es un testimonio de la presencia islámica en la región, construido entre los siglos VIII y IX, y ampliado después de la Reconquista.
En la cima se encuentra uno de los palacios más románticos de Portugal, el de Pena, una reconstrucción fantasiosa e historicista, al estilo del romanticismo decimonónico, fruto de la pasión e imaginación del rey artista Don Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, consorte de Doña María II.
Un chal, una guitarra portuguesa, una voz y mucho sentimiento. Símbolo de Portugal, esta sencilla imagen puede describir el fado, una música del mundo nacida en Portugal.
En su esencia, canta al sentimiento, a los desengaños amorosos, a la añoranza de alguien que se fue, al día a día y a las conquistas. Y es que los encuentros y desencuentros de la vida son un tema de inspiración infinito.
Dicen que el fado es el fado, que sale de dentro del alma portuguesa y que no hay que hacer divisiones.
En 2011, el fado, como canción urbana de Lisboa, símbolo distintivo de la ciudad y del país, recibió la distinción de Patrimonio de la Humanidad concedida por la UNESCO.
Para saber todos sus detalles, lo mejor es visitar el Museo del Fado, situado en Alfama, uno de los barrios históricos de Lisboa.
Guitarra portuguesa
Las interminables planicies comienzan junto al Tejo. Si al norte el ritmo viene marcado por el verde de la campiña, al sur, el paisaje se combina con sol, calor y un ritmo acompasado. Es el Alentejo.
En lo alto de una meseta, Santarém es un mirador sobre la fértil región de la Llezíria, el valle del río Tejo conocido por la agricultura, por la cría de ganado y por la tauromaquia.
La ciudad formaba parte de las tierras de la Orden de Cristo, que apoyó financieramente los Descubrimientos de los portugueses, y creció mucho en esa época, como todavía hoy se puede apreciar en los monumentos, tan importantes para la historia del arte portugués . El punto de encuentro para comenzar la visita a Santarém es, normalmente, el Jardim das Portas do Sol.
Comienza aquí el viaje por el gótico portugués, en la Iglesia de Nuestra Señora de la Gracia, tenemos el gótico flamígero. En el interior, nos encontramos la tumba de Pedro Álvares Cabral, el descubridor de Brasil. Al lado, podemos visitar la Casa de Brasil, que perteneció a la familia de esta insigne figura de la historia portuguesa.
Además de ver sus monumentos, en Santarém podremos deleitarnos con su gastronomía. Al fin y al cabo nos encontramos en la capital del Ribatejo, formado por regiones ribereñas y fértiles que el río inunda regularmente. El Tejo es el alma de la región y, por eso, el pescado de río destaca en la cocina.
Cerca de la frontera, Elvas luchó para mantener la independencia de Portugal y su historia. Y así se convirtió en un ejemplo para toda la humanidad.
Nos da la bienvenida a la ciudad un grandioso acueducto de 7 km y 843 arcos, construido por el mismo autor de la Torre de Belém.
Su tamaño y números impresionan tanto como lo que después descubriremos. A fin de cuentas, entramos en la mayor fortificación abaluartada del mundo, cuyas estructuras defensivas en forma de estrella y con un perímetro cercano a los 10 km son un testimonio único de la evolución de la estrategia militar hasta el siglo XIX. Resultaron de gran importancia en la lucha contra España por la Independencia de Portugal, a mediados del siglo XVII, y sirvieron como base al General Wellington, durante las Guerras Napoleónicas, al principio del siglo XIX.
A vista de pájaro podríamos percibir el sorprendente diseño de estas estructuras sobre el terreno, que ahora solo podemos entender por las fotografías aéreas o adivinar cuando visitamos los monumentos y observamos el paisaje que los rodea.
En el corazón de Elvas, la zona del castillo es la parte más antigua de la ciudad.
Évora es un libro de historia del arte portugués. La mejor forma de visitarla es a pie, recorriendo las calles estrechas, de casas blancas, para ir descubriendo los monumentos y los detalles que desvelan la historia de Évora y la riqueza de su patrimonio.
Por su ambiente tranquilo y acogedor le resultará fácil entender por qué los reyes de Portugal del siglo XV escogieron esta ciudad, cuyo origen se remonta a la época romana, como su residencia, hecho que contribuyó al desarrollo e importancia cultural que vivió en los siglos posteriores.
Para comenzar, la Praça do Giraldo. Es el corazón de la ciudad y el punto de encuentro por excelencia, con cafés, terrazas, tiendas y la oficina de turismo. En uno de los extremos se encuentra la Iglesia de San Antonio y el chafariz de mármol con 8 caños, que representan las 8 calles que allí convergen. Saliendo de las arcadas de la Praça do Giraldo, el templo y las termas romanas, las murallas medievales, la Catedral, la Iglesia de la Gracia y la Iglesia de San Francisco, con su curiosa Capilla de los huesos (Capela dos Ossos).
Entre la desembocadura del río Sado y Zambujeira do Mar, el litoral alentejano sorprende por tratarse de una zona costera muy bien conservada, con pequeños paraísos de sol y playa, gente amable y buena gastronomía.
Podemos llegar a Troia por Alcácer do Sal o en ferry desde Setúbal, atravesando el estuario del río Sado. Nada más llegar, la península de Troia tiene mucho por descubrir. Podemos jugar al golf, tomar unas clases de surf, dar paseos por la playa u observar delfines. Después de Troia, Comporta es un lugar muy apreciado para ir a la playa con la familia y que cuenta con buenos restaurantes.
Hasta Sines la costa es una continua extensión de arena, con playas agradables. Sines es una de las ciudades más importantes del litoral alentejano y también es un puerto industrial y un cabo de mar, que lo convierten en un punto de parada natural para quien visita la región. Puerto pesquero con tradición, aquí nació Vasco de Gama, el gran navegante. Tal vez sus viajes inspiraron el Festival de Músicas del Mundo que aquí se celebra todos los años a principio del verano.
Más al sur, el cabo Sardão es un lugar agreste pero también un deslumbrante mirador sobre la recortada costa. Es el único lugar del mundo en el que la cigüeña anida en los acantilados.
Pero no solo de playa vive el litoral alentejano. Al sur de Sines, entramos en el Parque Natural del Sudoeste Alentejano y Costa Vicentina, con muchas opciones para realizar recorridos a pie y en bicicleta de montaña.
Açorda alentejana
Es una sopa muy popular de la cocina alentejana. Se trata de un plato de origen muy humilde.
Básicamente la "Açorda Alentejana", es un caldo que se ha sazonado con un piso de ajo, sal y cilantro. Luego hay un componente fundamental que es el pan. Luego están los que decoran con bacalao o sardina.
Bifana
La bifana es un plato típico creado en la localidad de Vendas Novas. Es un sándwich delicioso de carne de cerdo, considerado uno de los más populares de Europa y una de las estrellas de la escena de los food trucks de Portugal.
Consta de varios filetes de cerdo que se marinan, durante 12 horas, con ajo, vino, laurel, y otras especias. Se asan a la parrilla, hasta quedar doradas, y se meten en pan caliente. Tradicionalmente, este plato se suele servir en las fiestas populares que tienen lugar en todo el país.
Imaginemos un lugar en el que nos sentimos cubiertos por un majestuoso cielo estrellado. La sensación resulta indescriptible y normalmente solo es posible de forma artificial, en un planetario, en el que nos sentamos confortablemente para asistir a una lección sobre las estrellas. En Portugal, tenemos la suerte de disfrutar de esa sensación al aire libre.
En mitad del Alentejo, el maravilloso cielo del Alqueva parece un terciopelo oscuro revestido por un inmenso manto de estrellas. Es un área protegida y certificada internacionalmente.
Podemos observar la Osa Mayor, la Osa Menor, Casiopea y muchas otras constelaciones, visibles según la estación del año.
Visitamos Beja rodeados por una atmósfera de paz y descubrimos historias de conquistas y de amores ocultos.
Comenzamos visitando la torre del homenaje del castillo, tan importante en las batallas por la defensa de las fronteras de Portugal. Con 40 metros de altura y toda construida en mármol, es el emblema de Beja.
Los edificios de estilo manuelino que la rodean le aportan una nota particular. Siguiendo después por la Rua do Touro encontramos el Museo Jorge Vieira, un importante escultor portugués del siglo XX, conocido por su obra de figuras de terracota.
El castillo rodeado por las casas blancas se destaca en el paisaje y es sin duda la primera sorpresa para el visitante. Desde lo alto, el paisaje alentejano adquiere todo su esplendor. Pequeñas aldeas en medio de los campos se pierden en el horizonte.
En la ladera norte, entre el Castillo y la Fuente de la Villa, una serie de calles más estrechas delimitan el núcleo histórico de la Judería. La Judería de Castelo de Vide es uno de los ejemplos más importantes de la presencia de los judíos en nuestro país, remontándose al siglo XIII, tiempo de Don Dinis.
Castelo de Vide siempre ha sido conocida por sus riquezas naturales especialmente por los balnearios, cuyo agua tiene propriedades terapéuticas.
Según los dichos populares, quien bebe del agua de la Fuente de Mealhada volverá al Castillo de Vide para casarse.
Desde aquí los portugueses iniciaron en el siglo XV la epopeya que los llevó al encuentro de otros pueblos y culturas… En el Algarve recibimos, siempre con los brazos abiertos, a gran parte de los que visitan Portugal. Algo que queda patentado incluso en el clima, suave y con mucho sol durante todo el año.
De los largos arenales protegidos por acantilados dorados a las pequeñas bahías anidadas entre rocas, el Algarve tiene playas para todos los gustos. Pero todas garantizan unas vacaciones perfectas al sol.
¿Cuáles son los ingredientes de esta oferta? El clima suave, que cuenta con unos 300 días de sol al año. Un mar de aguas claras, casi siempre templadas y tranquilas. Y las arenas, finas y blancas, una invitación irrechazable para relajarse, con un gesto tan sencillo como estirar la toalla al sol para conseguir un bronceado envidiable, o jugar a construir castillos a la orilla del mar en compañía de los más pequeños.
De la costa sudoeste cerca de Aljezur hasta el extremo este junto a Vila Real de Santo António, casi 200 son los kilómetros de playas, muy distintas unas de otras. La mayor parte dispone de buenas condiciones de seguridad y una calidad reconocida por la Bandera azul europea, con instalaciones que garantizan el deporte y la diversión.
Hay un gran número de playas accesibles a personas con movilidad reducida y muchas incluso cuentan con instalaciones que permiten que todos disfruten del baño en el mar. Y también hay playas reservadas a los naturistas y otras en las que, por estar poco concurridas, se tolera esa práctica.
Silves era la ciudad más importante del antiguo reino árabe del Algarve y su capital. A esa época se debe su perfil señorial, coronado por un castillo de color rojo, que nos llama a explorarlo.
Considerado el monumento militar islámico más bello de Portugal, este castillo también es el mayor del Algarve. Sus torres y murallas construidas sobre una colina de la sierra de Monchique con el propósito de vigilar y defender el territorio son, hoy en día, excelentes miradores sobre estos fértiles campos cubiertos de naranjos alrededor del río Arade.
En Lagos todo parece invitar a la playa y a los placeres sencillos. Pero también hay una historia de navegantes y piratas, resultado de una complicidad con el mar que perdura en los vistosos pesqueros que traen el pescado a la lonja o en el puerto deportivo en el que se mecen yates de todo el mundo.
Esta conexión con el mar vivió su punto culminante en los siglos XV y XVI, ya que el Infante Don Henrique armó en Lagos las carabelas que alcanzaron la costa de África, hecho que marcó el comienzo de la epopeya de los Descubrimientos portugueses. También desde Lagos partió Gil Eanes, el navegante que demostró que el mundo no se acababa en el cabo Bojador y que el mar no estaba poblado por monstruos.
Situada en el estuario del río Rio Arade, Portimão es conocida por sus excelentes playas de inmensos arenales con aguas cálidas y tranquilas, que la convierten en un destino de vacaciones muy atractivo.
Portimão cuenta con una larga tradición pesquera que se desarrolló especialmente entre los siglos XIX y XX, con la llegada de la industria conservera y del turismo. A esta época pertenece gran parte de los edificios que podemos ver recorriendo las calles y plazas de su centro histórico.
De las calles junto al río Gilão a las murallas del castillo desde donde se disfruta de la mejor vista de la ciudad, Tavira nos seduce y nos hace querer descubrir sus rincones y desvelar sus secretos.
Esta ciudad goza de cierto encanto oriental en sus tejados a dos o cuatro aguas, que se perfilan en el cielo de forma peculiar, y en las puertas de reja hechas de madera entrelazada que resguardan las casas dejando entrar el aire y el sonido, herencia de los árabes que habitaron la región.
El puente más antiguo, que según se cree era de origen romano, es una estructura del siglo XVII con parapetos murados donde podemos disfrutar de una bella vista sobre las casas.
Y para compensar la energía gastada con tanto paseo, nada mejor que probar las especialidades gastronómicas, sobre todo el pescado fresco y el marisco, como el pulpo cocinado de diversas formas o el arroz de navaja.
El mar ofrece fresquísimos pescados y mariscos, los principales ingredientes de la cocina del Algarve. Si añadimos verduras y frutas cuyo sabor ha sublimado el sol, tenemos los elementos para una experiencia gastronómica inolvidable.
Podemos empezar por lo que el océano nos ofrece. El marisco: almejas, ostras, coquinas y berberechos que, cocinados a la plancha o en la sartén, resultan deliciosos.
Muy demandada es la famosa receta de almejas en cataplana, uno de los platos tradicionales más apreciados, cuyo secreto radica en la utilización de este recipiente de cobre, de origen árabe, que retiene todo el sabor y el aroma de los alimentos que en él se cocinan.
Pero cualquier pescado fresco, cocinado lentamente a la brasa, al estilo de los pescadores, puede ser un auténtico manjar de dioses. Hay más platos, como el jurel al limón y la sardina asada, famosa en Portimão, aunque se coma en todas partes.
Capital del Algarve desde 1756, Faro, que también es la puerta de entrada para quien llega en avión, nos recibe en su sala de estar, el Jardín Manuel Bívar, el lugar en el que todo pasa con vistas al puerto de recreo, la ría Formosa y el mar.
El Arco da Vila permite acceder a la parte vieja de la ciudad conocida como vila adentro.
En Largo da Sé, dominado por los edificios del Palacio episcopal, destaca la Catedral, erguida en 1251, tras la reconquista cristiana, en el lugar que anteriormente ocupaba la mezquita.
Fuera del perímetro de las murallas hay una ciudad diferente, renovada después del terremoto de 1755 por una nobleza y burguesía ricas, como se puede comprobar en las acaudaladas casas y palacios, o en el romántico Teatro Lethes.
En el largo cordón de arena que separa la ría del mar se encuentran playas tranquilas como las islas de Faro, de Farol, de Culatra y Deserta. Del muelle de Porta Nova parten rutas regulares y otros barcos que realizan paseos por la ría y que nos llevan a estos lugares en los que relajarse es obligatorio.
En la inmensidad azul del Atlántico, la madre naturaleza creó una tierra repleta de belleza natural y que espera a que la exploren: Estas son las Azores. Nueve islas, nueve pequeños mundos, que tienen tanto en común como de diferente, pero en las que la todos sus habitantes comparten su simpatía.
El verde de los campos, las culturas tradicionales, las chimeneas de las casas encaladas, el ocre oscuro de la tierra, el dorado de las playas y sus aguas azul turquesa son lo que diferencia a Santa Maria del resto de las islas del archipiélago.
Al ser la isla de las Azores más al sur y más al oriente, Santa Maria tiene un clima más cálido y seco, que contribuye a que los terrenos sean más áridos y la vegetación más seca, de tonos amarillos, motivo por el cual se la llama Isla del Sol.
La primera isla que fue descubierta por los navegadores portugueses y la primera isla en ser poblada, Santa Maria fue también la primera isla de las Azores en formarse, teniendo por eso registradas en sus rocas volcánicas y sedimentarias su diversificado pasado geológico.
La isla de San Miguel es la más grande de las Azores.
Empezó a poblarse en 1444 en Povoação y después en Vila Franca do Campo, la primera capital de la isla, que más tarde pasó a ser Ponta Delgada y que actualmente es también la sede del Gobierno Regional de las Azores.
Inclinada alrededor de una bahía natural, la ciudad de Ponta Delgada posee una rica historia y patrimonio arquitectónico. Las Puertas de la Ciudad son el punto de partida perfecto para a explorar de la ciudad. Estas se identifican rápidamente por sus tres arcos que unen la zona marginal y la Plaza de la República.
En un paseo marítimo hasta Marina encontramos las “Puertas del Mar” donde, además del muelle de cruceros, podemos disfrutar de una piscina oceánica y de una zona con diversos bares y disfrutar de momentos muy agradables de ocio.
Pero para descubrir la llamada “isla verde”, tenemos que salir de la capital y encontrar la auténtica naturaleza. Esta isla montañosa, compuesta por dos macizos volcánicos separados por una cordillera central de baja altitud, tiene como punto más alto, el Pico da Vara a 1105 m, que se sitúa en el macizo oriental.
Tal como el propio nombre indica, esta fue la tercera isla del archipiélago que se descubrió, aunque en un principio se la llamara Isla de Jesus Cristo. Comenzó a poblarse en el siglo XV, desarrollándose de forma consistente desde entonces, debido en gran medida a su localización geográfica.
Pero lo que hace que Terceira sea especial es el magnífico contraste entre la belleza natural de esta isla volcánica y el admirable trabajo del hombre en el centro histórico de Angra do Heroísmo, su capital.
Esta isla de 54 kilómetros de largo por 6,9 de anchura máxima pertenece al Grupo Central y es uno de los vértices de las llamadas “islas del triángulo”, junto con Faial y Pico, que queda a 18,5 km.
Paisajísticamente salta a la vista el contraste entre la cordillera central, que atraviesa la isla casi a todo lo ancho, y la escarpada y recortada costa, salpicada por las típicas fajãs que se adentran en el mar. Las fajãs son pequeñas planicies que se originaron debido al corrimiento de tierras o de lava. En esta isla hay más de 40, por eso muchas veces se la llama isla de las fajãs.
La isla ocupa una extensión cercana a los 172 km2 .
Su descubrimiento se produjo en 1427 y en 1432 se instalaron en ella muchos colonos procedentes de Flandres. Recibió el nombre de Faial por la abundancia de faias, pero ninguna isla puede tener más motivos para sentirse orgullosa de los inmensos macizos de hortensias, en diversos tonos de azul, que enmarcan las casas, separan los campos y bordean las carreteras, y que justifican el título de Isla Azul.
Con 448 km2 de superficie, la isla de Pico es la segunda mayor del archipiélago y en la que se encuentra la montaña más alta de Portugal, precisamente Pico, que le dio nombre, con 2.351 m de altitud. Muchas veces denominada Isla Montaña, es uno de los vértices de las llamadas “islas del triángulo”, la que queda más al sur del grupo central del archipiélago y solo a 6 km de Faial.
Su clima seco y cálido, junto con la riqueza mineral de los suelos de lava y la disposición del terreno en un impresionante mosaico de piedra negra —los currais— ha permitido un creciente éxito del cultivo de la viña, en la que predomina la variedad verdelho. Poco a poco, el vino y el aguardiente van cosechando éxito dentro y fuera de la isla.
Es la isla más al norte de las cinco que componen el Grupo Central del archipiélago de las Azores. Se la conoce como la Isla Blanca, denominación inspirada en las características geomorfológicas y en los elementos toponímicos de la isla.
El patrimonio arquitectónico de la isla lo preservan varios tipos de edificaciones, destacando las iglesias, ermitas, casas rurales y una curiosa “arquitectura del agua” asociada a una centenaria red de embalses y sistemas de abastecimiento de agua potable. Otra característica destacada del paisaje de esta isla son los molinos de viento con las cúpulas rojas, de inspiración flamenca y testigos de la abundante producción de cereales que hubo en otros tiempos.
La Caldera de Graciosa es el elemento paisajístico más emblemático de esta isla. Clasificada como Monumento Natural Regional, este cráter de grandes dimensiones y gran belleza, engloba también la Cueva de Maria Encantada y la Cueva del Azufre, verdaderos Santuarios de la Madre Naturaleza.
La isla de las Flores, el territorio más occidental de las Azores y de Europa, cuenta con paisajes que son verdaderos paraísos.
Si existen lugares privilegiados por la naturaleza, la isla de Flores es uno de ellos, y, a sus 141,4 km2 de superficie repartidos en 2 municipios, el de Santa Cruz y el de Lajes, hay que sumar la simpatía de la población, que la convierten en un destino obligatorio en las Azores.
Caracterizada por una costa muy recortada y extremadamente escarpada, Flores está marcada por el agua: cascadas, lagunas, ríos y pozos forman un catálogo de experiencias inolvidables que parecen concentrar en ellas toda la belleza natural que se encuentra dispersa en las otras islas del archipiélago.
Debido a sus pequeñas dimensiones no resulta difícil recorrer toda la isla.
De origen volcánico, Corvo es la más pequeña de las nueve islas, con un área de apenas 17,1 km².
Fue descubierta por el navegador portugués Diogo de Teive en la misma época que la Isla de Flores, es decir, allá por el 1452, e Insula Corvi fue su primera designación.
El único poblado de la isla, Vila Nova do Corvo, está implantado en una falda lávica, que constituye la principal superficie plana de la isla. Es una villa pintoresca y poco común, que se caracteriza por las fachadas de piedra negra, con decoraciones en blanco en las ventanas y en las puertas, y por las calles estrechas, localmente designadas canadas, empedradas con cantos rodados y losas pulidas por el uso.
En el medio del Atlántico, las islas de Madeira y de Porto Santo son un refugio de belleza natural. Entre el azul del mar y el verde esmeralda de la vegetación destaca el exótico colorido de las flores, en un archipiélago en el que se encuentra el mayor bosque de laurisilva del mundo
La temperatura primaveral que se disfruta todo el año invita a la práctica de actividades al aire libre. En un entorno acogedor por naturaleza, equilibrio y bienestar son referencias habituales. Madeira ofrece varios complejos balnearios y acceso al mar con buenas condiciones para la náutica de recreo y para el submarinismo.
En cualquier momento del año, Funchal, con su agradable clima, es el destino ideal para unas mini vacaciones. Son muchos los lugares para visitar en esta ciudad con más de 500 años de existencia y, algunos, son realmente para no perdérselos.
Sugerimos una visita a la aldea de Camacha, a sólo nueve kilómetros de Funchal, muy conocida por la artesanía en mimbre y por el folclore. Destaca la danza tradicional de la región – el animado “Bailinho da Madeira”, cuyo ritmo marca el “brinquinho”, una curiosa pieza artesanal.
En la isla de Porto Santo encontramos un refugio dorado y azul, un lugar donde todo sucede a un ritmo tranquilo, que invita a la relajación.
En pleno océano atlántico, con 11 km de largo y 6 km de ancho, hace tiempo que a Porto Santo se la conoce por el nombre de Isla Dorada, debido a su extensa y fantástica playa de 9 km de arena fina y sedosa bañada por aguas azul turquesa. El clima de Porto Santo, suave durante todo el año, y una temperatura del mar que oscila entre los 17 y los 22 ºC, hacen que esta isla nunca pierda su encanto, incluso en los meses de invierno.
La tarjeta de visita de Porto Santo es, sin duda, su playa. Con fama de contar con poderes curativos, las arenas y aguas son ricas en yodo, calcio y magnesio, lo que las hace muy beneficiosas para el tratamiento del reumatismo y de las dolencias óseas.