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15/06/2018 | CIRCINARIA
Los últimos avances en etología canina, las diferencias al respecto de la misma, sus ancestros salvajes, los lobos, y los graves errores que cometen educadores y "propietarios" en el trato y educación de estos animales, que vemos en nuestro día a día, nos ha decidido a publicar un articulo sobre ello. Hemos pedido a Marisa Martínez que comparta con nosotros sus conocimientos y amplia experiencia en educación canina.
Marisa Martínez Hernández, de profesión geógrafa especialista en Sistemas de información geográfica, estudió por vocación Ayudante de Veterinario en el ISED y Educación canina en la Fundación Bocalán, participando en multitud de cursos y seminarios sobre etología y problemas de comportamiento en perros principalmente. Durante cinco años, trabajó como voluntaria en Brinzal, con rapaces nocturnas. Ha formado parte de los equipos veterinarios, en diferentes clínicas, protectoras y centros municipales. Educadora canina, desde hace 15 años, colaborando con asociaciones protectoras de animales y centros municipales.
En la actualidad, su actividad consiste en la rehabilitación de perros con problemas de comportamiento y emocionales, y el apoyo a los adoptantes de los mismos, para lograr un óptimo proceso de adaptación.
DE PERROS Y SUS HUMANOS. LA EVOLUCIÓN DE UNA ESTRECHA RELACIÓN
Por Marisa Martínez Hernández.
Imagino que bastantes de los visitantes de esta web dedicada a la Naturaleza y su protección, estaréis algo sorprendidos al ver el presente artículo. Cuando desde Circinaria me hicieron la propuesta, yo misma también me sorprendí un poco.
Para mí no es difícil ver la conexión, entre la educación canina y la Naturaleza. Pero seguramente no sea tan fácil detectarla.
Sin embargo, realmente tampoco importa que no se vea tan clara la conexión. Lo importante es que el tema interese y genere respuestas y consecuencias positivas en los lectores propietarios de perros, o cercanos a ellos.
Además, también es objetivo no hacer un artículo técnico y complejo, lleno de citas bibliográficas y referencias a estudios científicos e informes, que servirían para documentar el contenido del artículo pero que probablemente, dificultarían el interés del lector y sobre todo, lograr el principal objetivo que es conseguir una reflexión sobre la concepción del perro que tiene él o su entorno, y elegir la visión más correcta, si es necesario aplicando un cambio en la forma de conducirse.
Por el mismo motivo, al final aparece una pequeña reseña bibliográfica pero no de densos compendios de estudios experimentales, o de teorías diversas, sino unas referencias bibliográficas sencillas, que explican más detalladamente gran parte del contenido de este artículo.
Relación entre perros y humanos en la actualidad
Hoy en día cada vez hay más gente que decide compartir su vida con uno o más perros.
Probablemente la gente que vive de cerca la Naturaleza, que le gusta por afición y a menudo por profesión el Medio Ambiente en general y los animales en especial, va a tender especialmente a esta elección.
Y como amantes de la Naturaleza que son, es muy posible que la relación con su perro se quiera llevar al respeto máximo a su Naturaleza, a su esencia como perros.
Este deseo se ha extendido en los últimos años a los animales domésticos que son especialmente cercanos a los humanos, esta preocupación por tratar a los perros de la forma más correcta, acorde con lo que son.
En esa preocupación por tener una relación correcta con los perros, es cuando aparecen diferentes puntos de vista con los que abordar el problema, basados en teorías diversas que intentan razonar y justificar cada estilo de tratar al animal. Pero evidentemente, la validez de unas y otras es diferente. Validez que se valora gracias a los avances que se van haciendo en el conocimiento científico de los animales en general, y de los perros en particular.
Por cierto, surge un problema, y es que hay demasiados propietarios que basan la relación con su perro en las teorías menos válidas e incluso, en las absolutamente erróneas, muy perjudiciales para el animal y para el propietario.
En este artículo vamos a presentar de forma general algunas de las visiones más comunes, para no extenderme demasiado, pero las versiones e interpretaciones de las teorías y formas de tratar a lo perros y sus múltiples combinaciones darían para hablar, y hablar mucho.
Son formas de acercarse al perro que en origen se han sucedido en el tiempo, pero que actualmente conviven en nuestra sociedad, con diferentes porcentajes de presencia.
La tradición, el “siempre ha sido así”
Primeramente estaría la visión más tradicional del perro, que en ningún momento se planteaba ajustarse a la naturaleza del animal y, de hecho, no se preocupaba del mismo como tal.
Por suerte esta visión va desapareciendo, aunque aún sean demasiados los que la eligen, o simplemente la heredan de lo que siempre han hecho a su alrededor.
Se basaría en el propietario autoritario con un animal al que considera como un objeto inanimado, sin emociones, que debe tratar como los viejos domadores de circo, a base de castigos, aversivos severos y muy explícitos, es decir, agresiones físicas directas para “enseñarle lo que está mal”, pero sin tratar de ninguna forma de justificar o razonar con argumentos creíbles esa decisión de actuar así.
A menudo la idea es el “porque siempre se ha hecho así”. Estas personas tienden a utilizar con sus perros herramientas de manejo especiales para apoyarse en ese trato aversivo y castigador: collares de castigo, de estrangulamiento y cordinos, collares de pinchos o de descargas eléctricas.
Le dan mucha importancia a “lo que el perro hace mal” pero muy poca o nada a lo que hace “bien”.
Con suerte, algunos premian alguna vez algún comportamiento considerado correcto si éste es muy evidente, pero nunca las acciones acertadas del perro que pasan más desapercibidas, puesto que le prestan bastante poca atención al animal.
Como decíamos, este tipo dueño está en retroceso, pero aún hay demasiados representantes, sobre todo en zonas rurales.
La teoría de “La Dominancia”
El siguiente tipo de visión de la educación y el trato del perro, es la que se guía por la conocida teoría de “La Dominancia” y a menudo por programas de televisión protagonizados por "showmans" con historias enmarcadas más en un "reality show "que en un programa sobre educación canina, y que en los últimos tiempos se han puesto de moda (desgraciadamente).
En la década de los años 40 del siglo pasado, comenzaron los estudios sobre comportamiento de las manadas de lobos, y en las décadas posteriores aún se afianzaron más.
Se conformaron teorías que se centraban básicamente en la idea de que la “manada” se estructura en rangos y los individuos enmarcados en los mismos, se relacionan en función del que ocupan a través de leyes de fuerza, dominancia y sumisión, colocándose en la cima los denominados individuos macho y hembra alfa.
Con el reclamo de acercarse a la naturaleza del animal, los profesionales caninos hicieron una extrapolación de esas teorías y atribuyeron las mismas leyes de interrelación entre individuos a los perros, recurriendo a que el origen del perro está en el lobo.
Pero pasaron por alto dos errores serios que han tenido graves repercusiones en el tratamiento de los perros, por parte de los seguidores de estas teorías:
El primer error fue que la teoría de La Dominancia se formuló a partir de la observación y estudio de animales en cautividad o semicautividad, donde los comportamientos no son totalmente naturales.
Sus mismos creadores con el tiempo corrigieron sus postulados y reelaboraron la teoría, cambiando y revisando el concepto de los rangos, quitando valor a las relaciones de dominancia por la fuerza, y posicionando al macho alfa como un líder benefactor y guía del grupo y no como un líder dominante, que se impone por la fuerza o la amenaza.
Y el segundo error fue no considerar que los perros no son lobos. Los perros proceden de lobos que se fueron amansando progresivamente y aproximándose al humano, pero la evolución llevó a animales muy diferentes, desde lo físico, que al final la mano del hombre extrema con la selección artificial de razas, a lo relacionado con el comportamiento y la forma de relacionarse.
Comenzando por que los perros no forman manadas, sino que se integran en grupos, pero no dentro del concepto de manada.
Así, esa organización en el caso de los perros no existe y la comunicación y resolución de conflictos no se realiza a través de esas relaciones de dominancia/sumisión que se definieron décadas atrás para las manadas de lobos.
(Aunque sí es cierto que dentro del grupo puede existir un individuo que resalte por cierto liderazgo como un referente para el resto de los perros, normalmente un perro equilibrado con una capacidad de decisión y autonomía, que de alguna forma, dirige al resto porque el resto confía en él y ve en él seguridad).
Bien, pues aún con estos errores que desde hace ya muchos años son perfectamente reconocidos y demostrados, sigue habiendo muchos profesionales caninos y muchos propietarios de perros que basan la educación y el tratamiento de sus animales en esos principios erróneos.
Ideas que les llevan a considerar, también equivocadamente, que cuando el perro entra en un hogar, la familia de la casa se convierte en su manada y dentro de ella, el humano es el que debe convertirse en el líder dominante y hacer que el perro lo reconozca como tal. Objetivo que se consigue a través de una forma de educar basada en los castigos y la ausencia de respeto hacia el animal (toques, correcciones, someter por la fuerza al perro en los llamados alfa roll, etc.).
Esto sería la base del tratamiento de los perros por parte de estas personas que se centran en la dominancia, pero luego lo pueden combinar con otras herramientas como las del manejo tradicional del que hablé anteriormente: collares de castigo de diversos tipos (puesto que ayudan a afianzar el poder de fuerza del líder humano), correas de longitudes imposibles para llamarlas “correa”, con menos de medio metro de longitud, etc.
También lo pueden combinar con el refuerzo positivo que supone premiar un comportamiento que consideran correcto, pero eso no posiciona a estas personas en la órbita de la educación en positivo, que es el siguiente modelo del que vamos a tratar.
Evidentemente, la conclusión con que podemos terminar esta simplificada visión de los defensores de la teoría de la Dominancia aplicada a los perros, es que aunque se quiere pintar con tintes de naturalidad, y se pretende acudir a los orígenes y la naturaleza del perro y su comportamiento natural, la realidad es que se aleja hasta el polo opuesto de la verdadera identidad de un perro, y además desgraciadamente, son unas ideas que pueden justificar la utilización de métodos educativos basados en el castigo (que hoy en día y como veremos, no es necesario ni conveniente utilizar) y por lo tanto, en el maltrato, provocando en el animal serios problemas de comportamiento y emocionales (estrés, miedos, ansiedad, indefensión aprendida….), y complicando los que pueda tener ya.
Además, es importante resaltar que esta forma de comunicación humano/perro es de alto riesgo para las personas, puesto que constantemente está poniendo en situaciones cercanas al límite al animal y una de las posibles respuestas es la defensa y la actitud de alerta constante.
Educación canina en positivo y respetuosa
En penúltimo lugar, nos encontramos con la visión de la Educación canina en positivo y con respeto.
Posteriormente al éxito de la teoría de la dominancia, y la proliferación de practicantes de sus principios aplicados a los perros, empieza a aparecer la reacción de un sector de los profesionales caninos, etólogos y educadores que se apoyan en el desarrollo de importantes avances en el conocimiento científico de la psicología canina.
Se descubrió la gran conexión que ésta tiene con la psicología humana, y sus progresos favorecieron también el de los estudios del comportamiento y de las emociones de los canes. Se descubre que los perros y los animales en general, no son sólo seres que se conducen guiados por instintos, sino que son seres con emociones y éstas están presentes constantemente en su comportamiento.
Y hablando de perros, las emociones aún se hacen mucho más evidentes por la relación tan estrecha que tienen con los humanos. Junto al reconocimiento y la identificación de las emociones, se identifica la verdadera forma de comunicarse y relacionarse de los perros entre sí, con los humanos y con otros animales. Se estudia el auténtico lenguaje canino, que nada tiene que ver con aquel lenguaje de dominancia/sumisión con el que explicaban la resolución de conflictos los antecesores y seguían aún explicando.
Se descubre y comprueba que resuelven mediante un lenguaje de signos casi constantes, que ejecutan para expresar sus estados emocionales en cualquier momento y circunstancia, y los comunican al resto de interlocutores que haya en la escena.
Es el llamado lenguaje de “las señales de calma o de apaciguamiento”. Este rico código de señales unido al conjunto de las señales de agresividad que en momentos determinados también necesitan utilizar como expresión de otro tipo de emociones, es el eje de la comunicación con los humanos, y a través de lo que conocemos sus estados emocionales y necesidades, que están en el origen de los problemas de comportamiento que aparecen a menudo.
Por lo tanto, esos estados emocionales reconocidos a través de su verdadero lenguaje y sus verdaderas leyes de comunicación, cobraron protagonismo entre este sector de profesionales y propietarios seguidores, viendo que es imprescindible que estén presentes entre los factores a tener en cuenta en la educación canina, y en la relación con nuestros perros.
El respeto a esas necesidades y emociones, materializado en la aproximación a ellos a través de su propio lenguaje es el eje de este modo de entender el mundo canino. Es una visión respetuosa, que elimina el maltrato, comenzando por la desaparición del uso del castigo (y cualquier herramienta material que lo favorezca) como forma de comunicar al perro en el proceso educativo que algún comportamiento es incorrecto, que basa el aprendizaje en el refuerzo positivo del comportamiento correcto e ignora el incorrecto o el error, y que respeta las necesidades del animal en cualquier momento y situación.
Se trata de una forma de educar y de convivir con el perro que, puesta en práctica correctamente en todo momento, evita la aparición de problemas de comportamiento e incluso muchos físicos, y mejora o soluciona del todo los que ya existan.
El problema es que este acercamiento al perro exige más formación, paciencia, empatía y tiempo que las otras dos formas de educación que hemos presentado anteriormente. El castigo y la fuerza bruta pueden dar unos resultados aparentemente esperados de manera muy rápida, pero realmente no son más que la forma que tiene el perro de evitar el daño.
No aprende más que a evitar, no aprende un comportamiento nuevo correcto, y además puede sufrir con bastante seguridad daños físicos y/o emocionales serios y a veces incluso muy difíciles de revertir.
Más allá de la educación en positivo y con respeto
Y para terminar, no quiero dejar de resaltar la visión más allá de todo lo anterior, de algunos educadores caninos y el intento de sus seguidores que quieren ponerla en práctica, no sin dificultades para hacerlo al cien por cien.
Dan la vuelta de tuerca a la educación canina en positivo y respetuosa, rizan el rizo. Se trata de no sólo entrenar con refuerzos positivos, conocer bien las emociones de nuestro perro y respetarlas, emplear metodologías respetuosas y que no contengan ningún tipo de maltrato.
Se trata además de confiar en el perro, ayudarle a que aprenda a tomar decisiones él mismo, eliminar mucha de la obediencia que erróneamente se cree necesaria, de la cual se abusa muchísimo y se confunde con educación (sólo lo mínimo imprescindible para mantener una buena convivencia en la familia y en la sociedad).
Se trata de hacer que nos vea como su referente, que no tiene que ver nada con aquel jefe de la manada forzado e inservible. Se trata de no tener prisa, ni en nuestra vida humana ni en la del perro, de estar a gusto con nosotros mismos para transmitírselo a él y conseguir un perro feliz y desarrollado totalmente como perro (estando este desarrollo absolutamente ligado al humano cuando entre ambos existe una buena comunicación).
Personalmente creo que es el objetivo al que hay que tender, aunque materialmente en la sociedad actual en un país como el nuestro, sobre todo en el mundo urbano, se hace un poco difícil llegar a él al cien por cien. Las leyes, la forma de vida, los espacios, los ritmos ... imponen la obligación de limitar a veces esa libertad y confianza que se materializa en bajar los niveles de exigencia en obediencia, por ejemplo.
Pero si el entorno lo propicia, ese sería el camino hacia una convivencia sana y feliz.
Bibliografía