Los pacientes con Parkinson experimenten cambios en su percepción del sentido de la profundidad. La enfermedad de Parkinson puede afectar varias funciones cerebrales, incluyendo aquellas relacionadas con el procesamiento visual. Esto puede llevar a dificultades con la percepción de la profundidad, junto con otros problemas visuales como visión borrosa, dificultades para ajustar el enfoque, y problemas para percibir contrastes.
La percepción alterada de la profundidad en los pacientes de Parkinson puede aumentar el riesgo de caídas, ya que afecta su habilidad para juzgar distancias correctamente. Esto puede hacer que actividades cotidianas, como caminar por escaleras o navegar por terrenos irregulares, sean más desafiantes y potencialmente peligrosas.
El tratamiento de Parkinson a menudo se centra en los síntomas motores de la enfermedad, pero es importante reconocer y abordar también los síntomas no motores, incluidos los problemas visuales. La evaluación y el tratamiento por parte de especialistas en cuidado de la vista y el uso de terapias de rehabilitación visual pueden ayudar a manejar estos síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes.