¡HOMBRES DE VALOR NECESITA DIOS!
En una era en donde la masculinidad parece estar en peligro de extinción, es más urgente que nunca que la Iglesia del Señor le brinde herramientas a sus caballeros para que puedan establecer el reino de Dios en los corazones de todos los que se encuentran a su alrededor.
En CCVTR deseamos animar a los hombres de todas las edades a crecer en el Señor, siendo instrumentos para la expansión de su reino y un reflejo del carácter y amor de nuestro Salvador.
"Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes" (1 Corintios 16:13 LBLA).
Cuando leemos las Escrituras, podemos notar que Dios no dejó nada al azar, y la masculinidad no es la excepción.
En la primera carta de Pablo a los Corintios, podemos ver cómo, entre las muchas enseñanzas vitales, se encuentra la masculinidad. Dentro de su contexto, Pablo está finalizando su carta y, entre esas palabras finales, menciona cuatro características de un hombre de Dios (esto es aplicable en algunos sentidos también a las mujeres, pero en su contexto inmediato va dirigido a los hombres).
Esas cuatro características son:
Estad alerta
Permaneced firmes
Portaos varonilmente
Sed fuertes
Con respecto al primer aspecto, podemos destacar que todo hombre de Dios debe estar atento a su alrededor, tanto para identificar la dirección que Dios desea que siga, como para estar en guardia ante las artimañas del enemigo. La Biblia advierte que el diablo está como león rugiente buscando a quien devorar, y ciertamente los hombres de Dios no deben bajar la guardia ante esta amenaza, mientras se ocupan de obedecer a Dios.
Una segunda característica que el hombre de Dios debe desarrollar con la ayuda del Espíritu Santo es permanecer firme en la fe. Esto sin duda requiere la ayuda de Dios, pero tenemos la responsabilidad de correr hacia Él para hacer uso de las herramientas que nos ha proporcionado. La firmeza en la fe es tanto de mente como de acción. En la mente, porque necesitamos seguir aprendiendo del Señor y de su verdad, ya que la misma nos hace libres; mientras que la firmeza en las acciones está enfocada en que seamos un ejemplo vivo de la fe que hay en nuestra mente y corazón, puesto que no vale de mucho conocer la verdad si no se vive.
El tercer punto (y el más relacionado con nuestro diseño) es portarse varonilmente. Nos encontramos en un tiempo en donde ese comportamiento masculino alineado a Dios parece estar en peligro de extinción.
Por eso, hoy más que nunca, debemos dejar que Dios —y no nuestra cultura— nos enseñe a ser hombres. La masculinidad bíblica que tanta falta hace hoy en día nos muestra que los hombres de Dios son:
Honestos y fieles.
Hombres de palabra.
Esforzados y valientes.
Proveedores y protectores.
Maestros a través del ejemplo.
Sacerdotes de su hogar.
Todos los hijos de Dios deben apuntar cada día a reflejar este carácter en sus vidas.
Como último aspecto, tenemos el «sed fuertes». En este sentido, la fuerza no se trata tanto de fortaleza física, sino de tener carácter y esforzarse en hacer y sufrir toda la voluntad del Señor. Cuando un hombre es fuerte, no pone excusas a la hora de hacer lo que Dios quiere: golpea su carne, se levanta, avanza y nunca se rinde, porque encuentra su fortaleza en aquel que es digno de toda alabanza y admiración.
Amados hermanos, los animamos a poner estos puntos por obra; no están en la Biblia para hacer bulto, están para ayudarnos a crecer como hombres de Dios.
¡Esfuérzate, hombre del Señor!