Primer Reina del Cáfe: María de Jesús Magaña Laurel,1960
En fiestas de Semana Santa lo que más apasiona a los atoyaquenses es la elección de la reina. En un principio se llamaba Reina del café, luego la denominaron Rostro del café, después Reina de la Expo. El 2013 con la alcaldía de Ediberto Tabares Cisneros volvió La reina del Café
Como sea que se llame, el título es ambicionado por muchas jovencitas de 16 a 21 años que año con año se inscriben al certamen y compiten representando a sus comunidades o colonias. Aunque casi siempre la disputa había sido entre la cabecera municipal y El Ticuí. Eso es motivo de inconformidad porque son dos localidades que no producen café. “Las reinas deben ser sierreñas”, se oye decir.
Una característica que tiene este evento es que no gana la que junta más dinero como en otros lados. Es un certamen donde no sólo se califica la belleza, sino también la cultura y el talento que tengan las muchachas. Han existido unas candidatas muy hermosas, pero por no poder improvisar el discurso pierden la corona que ya el público les daba. Todo el vestuario y los gastos del certamen lo sufraga el Ayuntamiento y los premios son otorgados por los patrocinadores, en este caso los comerciantes de la ciudad.
La danza del Cortés se baila en nuestras comunidades, principalmente en El Rincón de las Parotas, El Ticuí y en San Juan de las Flores. Es representativa de nuestro aguerrido Atoyac. Cada Año Nuevo, habitantes de la colonia Juan Álvarez salen a danzar por las principales calles de la ciudad.
Los cronistas de Atoyac, historiadores y estudiosos de nuestro municipio coinciden en que esta danza es una parodia de la conquista. El danzante principal representa al español con su caballo, y el toreador –que solamente se defiende– representa al indígena que no se decidía a combatir al invasor por creerlo un Dios. En algunas comunidades los toreadores danzan recitando versos “¡Eh! caballero Cortés/boquita colorada/quiero sacarte una vuelta/allá por la madrugada/e irle a dar serenata/a la que es mi prenda amada.”
Sobre los antecedentes de esta danza se sabe que los españoles tenían un campo de entrenamiento en las cercanías de Acapulco en donde armó un astillero Hernán Cortés, quien era el Marqués del Valle de Oaxaca, por eso al lugar ahora se le conoce como Puerto Marqués. Los nativos de Acapulco observaban como entrenaban los soldados españoles, y para burlarse de los invasores inventaron esta danza en la que simulaban el combate y el movimiento del caballo.