Mi trabajo surge de la personalidad individual, y como esta entra en conflicto cuando se encuentra en un colectivo. Utilizando los hechos que nos identifican y los que nos diferencian, en una sociedad que tiende a igualarlo todo y a clasificarlo en estructuras de organización. Una paradoja entre la propia identidad y la colectiva.
Realizo búsquedas de imágenes. En el ejercicio de la pintura, obedezco a unificar los elementos, creando una partitura de repetición, una aletoriedad de personalidades dentro de un sistema de orden, y unas particularidades ínfimas imposibles de mantener al volver al conjunto que constituyen. Clasifico los elementos a partir de unas reglas que parten de la fotografía, o que restablezco y recreo en conjuntos sociales.
El tipo de pintura, plana y de superficie, ayuda a interpretar la idea de igualdad, y la utilización de colores grises y azules acercan el imaginario corporativo. Formatos como la cuadricula en forma de orla o vistas aéreas son dispositivos que acaban de interpretar la idea de organización, en la que todos los personajes se encuentran dentro de los márgenes, y entre ellos pueden haber características que los diferencien, pero estas son mínimas ya que en el contexto de la obra se alejan y se convierten en una unidad.
Mi obra puede provocar una mirada inocente a razón de los colores, los elementos, o los personajes que figuran, pero esta se vuelve irónica al captar los aspectos sociales que trata.
Es curioso observar como en la pintura del siglo XX se ha dado una inclinación a la ausencia de el hombre o por la manifestación de la soledad. Este fenómeno responde a razones diversas. Uno es el sentido de estrangulamiento de la persona delante de un mundo en constante cambio. Otra la referencia al tópico de la incomunicación social en la cultura y los consumos modernos. También pesa mucho la nostalgia romántica de una individualidad aristocrática que destaca sobre el grupo. No obstante, nuestra civilización es, desde hace mas de cien años, la de las masas. Pero los artistas modernos se han ocupado relativamente poco a la multitud, como si les angustiara. George Grosz la veía como una explosión inquietante o un flujo de la febrilidad grotesca. Sin embargo en nuestra sociedad de simulacro y consumo, quizás hace falta una aproximación menos dramática.
El primer aspecto interesante del trabajo de Daniel Rodríguez Castro (San Sebastián, 1984) es que aborda esta cuestión que, aún hoy, parece ser esquivada. Tal como el mismo especifica, se plantea la paradoja entre identidad y uniformidad colectiva. Pero no lo hace con el símbolo o el análisis del individuo, sino con la representación del abarroto social. Por eso se ha de preguntar también sobre la relación entre aletoriedad y orden, entre espontaneidad y gregariedad, entre vida y estatismo. Su planteamiento puede estar relacionado a propuestas de la fotografía contemporánea, como las playas de Massimo Vitali y sobretodo los paisajes o tramas arquitectonico-capitalistas de Andreas Gursky. Daniel Rodríguez Castro busca una formulación personal del problema, en el que el medio pictórico también es determinante, ya que el sitúa otro dilema, la dotación de imagen a la persona y/o al grupo, con la relación que puede tener con el emblema, el símbolo o la marca y es por eso que se acerca conflictivamente a la abstracción.
Alex Mitrani, Curador del ciclo ‘Projeccions’ de la Cámara de Propiedad Urbana de Barcelona
TPSBy Daniel Rodríguez HOI POLLOI The Private Space By Daniel Rodríguez contrapone el individuo a su colectivo en 'Hoi Polloi'
The Private Space By (la galería de arte de Gràcia que funciona como alternativa a TPS Poble Nou) acoge este enero a Daniel Rodríguez, artista de origen vasco que presenta su trabajo “Hoi Polloi”: una exposición de pintura en la que la identidad individual entra en conflicto con la identidad colectiva a través de diversas estructuras organizativas creadas e impuestas por la sociedad. Estructuras que el propio autor aplica al proceso creativo de su obra.
El término griego Hoi polloi hace referencia a la masa, la multitud, la clase trabajadora que Daniel Rodríguez contrapone al individuo en The Private Space By. El autor se detiene en cada uno de los sujetos de sus obras para resaltar sus identidades, a la vez que -en una especie de zoom out- los sitúa dentro de un grupo organizado según alguna de las estructuras creadas por la sociedad en la que se encuentran alienados y atrapados.Estas estructuras con las que los sujetos interactúan, y que son usadas por la sociedad para ordenar grupos, también sirven a Daniel Rodríguez para organizar y procesar su trabajo. Tal y como él mismo explica: “Empiezo buscando imágenes. Cuando se trata de pintura, unifico los elementos creando una partitura de repetición, una aleatoriedad de personalidades dentro de un sistema de orden, particularidades ínfimas imposibles de mantener al volver al conjunto que constituyen. Clasifico los elementos a partir de unas reglas que parten de la fotografía o que restablezco y recreo en conjuntos sociales”.
La exposición juega con el concepto de espacio y su configuración junto a las personas. Partiendo del orden descriptivo y de un tipo de pintura plana cercana a la ilustración, “Hoi Polloi” ironiza sobre nuestra condición crítica individual a partir de la acumulación, repetición y organización impuesta, mostrando al espectador las constantes fronteras con las que el individuo se encuentra diariamente, que lo delimitan y fuerzan a organizarse. “Me gusta retratar lugares de trabajo y reunión para estudiar la relación entre el espacio y sus elementos. A partir de su organización, cada escenario revela una idea de poder que es reflejo de las personas que lo ocupan”, afirma su autor.
Daniel Rodríguez (Donostia, 1984) vive entre Londres y Barcelona, ciudad en la que puedes encontrar su obra (del 12 de enero al 4 de febrero) si vas a The Private Space By, un espacio íntimo y customizable que adopta el nombre de su eventual huésped, ahora: The Private Space By Daniel Rodríguez.