Esta etapa se caracteriza por el momento del “yo sólo”, del “yo puedo”. Es definitiva, es el momento de la construcción de la personalidad, la voluntad y el Yo. Por ello, en este espacio se trabaja la independencia y autonomía del adulto y se potencia el juego solitario y con sus pares.
La individualidad de cada niño y niña se hace más latente, así como la creación de su propia voluntad. Por ello, no encontramos grandes mesas donde todos a la vez tengan que hacer una misma actividad, sino mesas pequeñas. Pues cada uno lo hace en su momento, a su tiempo, respetando los intereses y momentos de desarrollo de cada uno.
Lo más importante en esta etapa no es saber pegar figuras de papel, ni aprender los colores, ni saber diferenciar 30 especies diferentes de animales, lo importante es que puedan ser independientes pues no hay libertad sin independencia, y no hay felicidad sin ello tampoco.
El ambiente, comparado con Nido, crece: las estanterías, el mobiliario, los espacios, etc. El aula es un espacio diáfano de grandes dimensiones dividido por estanterías, gracias a ellas podemos ver diferentes áreas: vida práctica, sensorial, matemática, movimiento y lenguaje.
Vida práctica es el corazón del aula de Comunidad infantil Montessori, un área donde se aprende a vivir, a crear independencia y autonomía. Son ejercicios sencillos y actividades ordinarias que hacemos cotidianamente para embellecer, mantener y restablecer las condiciones adecuadas en nuestro ambiente. También, se establecen y mantienen relaciones sociales con nosotros mismos, nuestras familias y demás personas. Sobretodo cuidamos del otro y el entorno.
Los materiales en el aula de Primera infanciaestán hechos de material noble, colores suaves, natural y sobre todo frágil y rompible. Es importante que esto sea así pues ayuda al niño a tener un control de error mayor y por lo tanto a cuidar de sus movimientos.
Otra característica del material es que esté limitado en cantidad, de esta manera los niños desarrollarán el respeto, la pausa y la interacción con los compañeros. Además, el material debe tener un propósito real e inteligente para que cada actividad sirva al niño para trabajar sus capacidades psicomotoras, pero con un resultado real y práctico.
El adulto tiene una confianza ciega en el niño y en la niña. Sin embargo, nuestro trabajo es fundamental dado que, a través de la observación, descubrimos las necesidades reales de los niños e intentamos satisfacerlas a través de los materiales que propiciamos para el momento de desarrollo en el que se encuentra.
Además, permitimos el “error”, en A Rodar, los niños empiezan aprender a controlar su cuerpo, a cuidarse a sí mismo y de los demás. Cada vez que se ensucien, cada vez que se les caiga el agua, cada vez que pintan una pared, será una oportunidad perfecta para aprender y seguir desarrollando su voluntad y libertad.