Mirades es concurs amb repte creatiu. Has d'interpretar què passa en la foto que et proposem? Per què mira aix� On mira? A qui mira? Que pensa? Per què està ahi? Com està ? Amb qui està ? Amb qui vol estar?
La resta és cosa teua que eres qui sap escriure i això...amb un mà xim de 140 paraules. Ah... i recorda gastar el hashtag #aramirades amb el número de la foto que has triat.
–Venga, sonrĂe– escucho.
Frunzo el ceño.
–¿Es que no te gustan las galletas? SonrĂe un poco.
Una cámara del tamaño de su cara no deja ver su expresiĂłn, pero creo que es mejor asĂ. Lleva unos minutos esperando a que me mueva o que haga algo digno para disparar y sacar la foto perfecta.
A su alrededor hay varios hombres más, se esconden detrás de móviles o cámaras y mantienen una especie de distancia de seguridad.
–Niña, venga– Acerca su brazo a mi hombro.
Me aparto.
–Quiero contar tu historia cuando vuelva– dice.
Inspecciono lo que me deja ver de él, creo que ni siquiera me está mirando.
Me echo a la boca la galleta que me ha dado y me doy la vuelta.
No sé que historia quiere contar si no me ha preguntado ni mi nombre.
Quiero mirarlo todo con los ojos con los que mira la vida mi niña pequeña, con laadmiraciĂłn con la que se observan los nuevos horizontes, los sueños, la magia. Mi niña pequeña... Unos meses atrás ni siquiera le conocĂa y ya tenĂa la certeza de quererle. Ahora no puedo dejar de mirarle mientras ella no puede dejar de mirar todo lo demás. A esta mirada inocente y curiosa, no se le escapa nada y yo quiero hacer que la conserve asĂ. Que esa chispa que envuelve su alma se le refleje en los ojos y nadie se la apague jamás.
¿Que frágiles somos, no?
Espero.
Pero el vaso, hecho pedazos en el suelo no va a responder.
–Lo siento, Mari, lo he vuelto a hacer– Suspiro.– Tranquila, ya lo recojo, no es nada, solo un par de cristales.
Me vuelvo a por la escoba, no me puedo agachar, no como antes. Amontono los trozos del vaso en el recogedor. Supongo que tenemos una cosa en comĂşn. Ambos estamos rotos y nunca seremos lo que una vez fuimos.
Me siento en el sillĂłn. Miro hacia el suyo.
–¿Has visto, Mari? Ya está todo limpio.– Pero el temblor de mis manos no ha desaparecido.– ¿Sabes, Mari? Creo que me estoy acostumbrando a este silencio.
Aunque nunca sustituirá su voz.
Vuelvo la mirada hacia su sitio de nuevo, vacĂo. A eso creo que no llegarĂ© a acostumbrarme nunca.
Nunca nadie me habĂa mirado asĂ, salvo tĂş. Y es que me mirabas como queriendo decir: “Tengo la certeza de quererte y no merecerte a la vez”. Cuán equivocado estabas... La que no te merecĂa era yo. Soy consciente, perdĂłname.
No supe mirarte como tĂş lo hacĂas. Ahora vivo con el brillo de tus ojos a cuestas, temiendo que no se repita en nadie más y se me olvide cĂłmo es que te miren de verdad.
—¿Qué piensas? —interrumpió mi amiga Julia.
—¿Por qué has tenido que romperlo?
—Romper, ¿el qué?
—El silencio. Ese silencio tan bonito que se habĂa formado entre las dos.
—No sĂ©, tĂa. Me incomoda.
—A mĂ, no. La gente piensa que el silencio es un vacĂo, pero realmente está lleno de vida. SĂłlo hay que pararse y disfrutar de Ă©l.
—No habĂa silencio. Las olas del mar estaban de fondo.
—Muchas otras cosas estaban de fondo a parte de las olas, pero no te has parado a escucharlas.
—¿Los pajarillos? Me estás rayando, tĂa.
—No me refiero a sonidos. Pasan muchas cosas constantemente, pero no nos damos cuenta. ¿Te has dado cuenta ya de lo que ha pasado?
Entonces se formĂł otro silencio.
Y asĂ, le damos la espalda al mundo.
AsĂ podemos entendernos, porque tanto tĂş como yo queremos lo mismo.
TĂş y yo, que querĂamos sentir serpientes en el cuello, que quisimos echar fuego por la boca,
conseguimos esta conexiĂłn, conexiĂłn que, en realidad, sĂłlo tu y yo entendĂamos, sin embargo, era imposible de explicar. Para mĂ era suficiente saber que me querĂas, que seguĂa siendo tu niña, pero yo nunca he sabido acostumbrarme a tu forma de querer.
Éramos dos flores que dejaron de crecer al dejar de llover.
Y al final, solo podemos recordar todo lo malo que hemos pasado mirando el mar, porque compartes mi pasiĂłn por su belleza, sabes lo mucho que me gusta observar cĂłmo se deshacen las olas al llegar a la orilla, porque cuando la arena absorbe una hasta desaparecer, siempre llega otra.
Todo empezó tan fácil y tan rápido que ni siquiera lo vimos venir. Cuando fuimos conscientes ya era demasiado tarde: estábamos cogidas de la mano y del alma. Con una tormenta de pensamientos sobre nuestras cabezas anduvimos hasta la playa, aquella que ya nos vio besarnos una vez.
- Y ahora, ¿Qué hacemos? - Me dijo ella. Y dejó la pregunta suspendida el aire, como si no me lo preguntara a mà sino a las olas del mar que se arremolinaban en la orilla. Se hizo el silencio y dejé que fueran ellas las que contestaran en mi lugar.
No habĂa vuelto a salir a la calle. Su mirada estaba completamente absorta en su viejo televisor. Aquel aparato siempre permanecĂa encendido, quizás porque, en esta situaciĂłn, era su mayor pasatiempo. La noticia no dejaba de resonar en su cabeza mientras su cuerpo permanecĂa tenso sobre el sofá. Al otro lado del pasillo, su mujer preparaba su tradicional guiso. Pero, a pesar de todo, Ă©l habĂa perdido el apetito. ÂżCĂłmo podĂa haber pasado? ÂżCĂłmo podĂan haber llegado a esto? Âżse lo habĂan estado ocultando todo este tiempo? Todas esas preguntas se entrelazaban en sus pensamientos. ApoyĂł el bastĂłn en sus piernas temblorosas y mirĂł de nuevo. No podrĂa creer que despuĂ©s de todo lo vivido en GH VIP, Gianmarco hubiese roto con Adara y ahora, la nueva pareja de moda en la televisiĂłn fuese, su ex Hugo con Ivana Icardi.
—Hola? Se m’escolta? SĂ, hola? AlĂcia, LucĂa? Hola, hola! —saludĂ Jeroni sense entendre molt bĂ© el que estava passant en el seu mòbil—. Jo estic bĂ©, a la marxeta de tots el dies. I com esteu amb la quarantena esta? Trobeu a faltar el col·le, o què? Què? No us escolte... És que el iaio estĂ un poc sord... Jo Ă©s que no estic acostumat a estos aparells tan moderns... I la mamĂ , es pot posar? Açò no funciona bĂ©... Que sapigueu que tinc moltes ganes de donar-vos una abraçada forta, forta, d’eixes que us queixeu de la força que faig! Val? El iaio us estima moltĂssim! —cridĂ i esperĂ una contestaciĂł, però nomĂ©s va rebre un silenci—. BĂ© estĂ , vinga, besets, adeu... —sospirĂ . DesprĂ©s d’amollar el dit, enviĂ l’à udio de Whatsapp.
Quedaban apenas veinticuatro horas para la fecha del aniversario y eso le inundaba de un nerviosismo que se hacĂa presente en ligeros sudores. HabĂa estado poniendo a punto cada detalle y habĂa enviado una invitaciĂłn a cada miembro de la familia, no podĂa faltar nadie.
No pudo pegar ojo en toda la noche, habĂa llegado el dĂa. Se levantĂł con los primeros rayos de sol y tras colocarse las gafas se dispuso a vestirse. Silencioso frente al espejo pulverizaba su perfume favorito sobre ambas muñecas, hacĂa casi un año desde la Ăşltima vez. AĂşn quedaban seis horas pero no tenĂa ninguna prisa, tomĂł asiento en el sillĂłn; sus ojos agrietados daban buena cuenta de que en aquellas horas no cambiarĂa nada, esperarĂa pacientemente la videollamada. El aniversario del fallecimiento de su mujer era, sin lugar a dudas, un evento importante.
Mira, eres un amor tĂłxico, eso he de decirlo.
He cancelado planes con amigas para estar contigo, he pasado noches en vela escuchándote y me he levantado pronto al dĂa siguiente para seguir cuidándote. Te he visto en lo peor y te he levantado, te he aguantado cuando amenazabas con volver a caer. He tenido tu llanto como banda sonora de mi vida durante dĂas, he aprendido con el tiempo a bajar el volumen.
Te he dado de comer y me has vomitado. Te he lavado y me has salpicado.
Mira, cumples todo los requisitos en un amor tĂłxico.
Pero también eres el amor más puro que la vida me ha dado.
No se lo podĂa creer. DespuĂ©s de todo el esfuerzo que habĂa estado poniendo dĂa a dĂa, despuĂ©s de las incontables noches en vela y dĂas de ansiedad, despuĂ©s de todo lo que habĂa dado por ello. Era como si hubiesen cogido su trabajo, lo hubiesen arrugado y lo hubiesen lanzado a la basura. Peor, se lo habĂan robado. Lo Ăşnico que tenĂa en la cabeza, resonando como si estuviera puesta en un altavoz, era la palabra “ilusa”. ÂżPor quĂ© habĂa pensado que ella podrĂa destacar? Tan solo era una insignificante chica sin un hombro sobre el que llorar. Ya ni siquiera podĂa respaldarse en la mĂşsica, pues sentĂa cĂłmo esta se burlaba de ella, asĂ que sus auriculares estaban apagados, aunque puestos. DeberĂa haber desconfiado desde el primer momento, era imposible que alguien apreciase su talento.