A simple vista podría parecer una plaza de toros más, pero este lugar guarda mucha más historia de la que aparenta. El edificio actual fue construido en el siglo XIX e inaugurado en 1880 sobre el antiguo convento franciscano de Santa María de Gracia. Durante años se conservaron algunos restos del templo, incluido su crucero, que finalmente tuvo que ser demolido en 1974.
Uno de sus elementos más llamativos es su espectacular fachada roja, decorada con arcos de herradura y motivos de estuco que reflejan la influencia musulmana presente en la arquitectura y cultura de Caravaca.
Tras pasar por distintas etapas y propietarios, en 1995 pasó a ser propiedad municipal. Hoy es mucho más que una plaza de toros: se ha convertido en un espacio cultural y de ocio donde se celebran conciertos, teatro, recitales y numerosos eventos.
Desde aquí regresaremos al casco histórico descendiendo por la conocida calle de las Monjas hasta llegar a las Cuatro Esquinas, uno de los cruces más característicos de la ciudad, desde donde iniciaremos la subida hacia el Castillo.