Reportaje de Pablo Colado para la revista Muy interesante.
Pero ¿De verdad dos es mejor que uno? Quizá los lectores con hijos pequeños se habrán topado en alguna ocasión con un prejuicio aún bastante asentado: aprender desde muy tierna edad dos idiomas a la vez obstaculiza el desarrollo lingüístico e incluso cognitivo. Es que los pobres crios se hacen un lío.
Esta idea cuajó hace décadas en Estados Unidos,donde se llevaron a cabo las primeras investigaciones sobre bilingüismo precoz. Entonces, los científicos midieron el rendimiento escolar de los hijos de inmigrantes, pero sin tener en cuenta las circustancias socioeconómicas o afectivas. Un estudio de 2001 realizado en la Universidad Gallaudet, en Washington, desterró de una vez por todas el malentendido, al determinar que los niños menores de 10 años expuestos a dos lenguas empezaban a hablar o leer al mismo tiempo que los monolingües.
Expertos de cinco años. "Puede haber un pequeño retraso debido al esfuerzo que exige cambiar de código una y otra vez, pero enseguida se subsana. Es más: los niños que aprenden dos idiomas antes de cumplir los cinco o seis años asumen estructuras que les facilitan asimilar otros a continuación. Se convierten, por así decir, en una especie de expertos idiomáticos", explica José Antonio León Gascón, psicólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.
En los últimos años, son legión los neurocientíficos, pedagogos y lingüistas qe ensalzan los beneficios de manejarse con varios lenguajes, y no sólo para conocer otros paises y culturas o encontrar salida en el mercado laboral. Un ingenioso experimento realizado en 2009 por los psicólogos Ágnes Kovács y Jacques Mehler acalló muchas voces escépticas. Los sujetos estudiados eran bebés de solo siete meses, a quienes se enseñaba una secuencia de sonidos similares a palabras. Al final, como recompensa, siempre aparecía un muñeco en la misma esquina de la pantalla que estaban observando. Cuando Kovács y Mehler cambiaron la serie y la posición de la imagen, los niños criados en un entorno políglota rapidamente dirigían la mirada a la nueva posición. Mientras tanto, los monolingües seguían insistiendo en la ubicación anterior.
Doble concentración. Los profesores Pedro Macizo Soria y Teresa Bajo Molina, de la Universidad de Granada, también han estudiado a fondo la questión con test que medían la rapidez de respuesta y la actividad eléctrica cerebral. En sus investigaciones, hechas públicas el pasado mes de enro, llegaron a la conclusión de que los individuos bilingües activan siempre los dos idiomas que dominan, incluso cuando no es necesario. "Son capaces de manejar mejor situaciones de selección, de toma de decisiones. Se concentran más facilmetne para elegir", ha declarado Teresa Bajo.
Lo explicó muy bien en un reciente artículo de la revista Sciencie el biólogo y escritor norteamericano Jared Diamond. Cada segundo que pasa, el ser humano moderno está expuesto a miles de imágenes, sonidos, olores, sensaciones internas... Para no atorarnos, nos concentramos únicamente en el 1% de ese aluvión de estímulos gracias a una función llamada ejecutiva, con sede en la corteza prefrontal del cerebro. Es una capacidad de atención que se desarrolla en los primeros cinco años de vida. Como los bilingües tienen la obligación de seleccionar constantemente entre dos ecosistemas diferentes de fonemas y significados, ejercitan involuntariamente la mencionada facultad ejecutiva. "Son mejores en gestionar nuestro mundo confuso de reglas cambiantes", escribe Diamond. Posiblemente no hay mejor gimnasia neuronal.
Escudo antidemencia. Eso explicaría por qué los síntomas de demencia senil aparecen una media de 4,3 años más tarde en los bilingües, como descubrieron el año pasado la psicóloga Ellen Bialystok y sus colegas de la Universidad de York, en Toronto, (Canadá). Era el único rasgo que diferenciaba el historial de los pacientes. Otros estudios ratifican que hablar varios idiomas crea una especie de resrerva cognitiva , fortaleza contra el declive mental levantada a base de entrenamiento y aprendizaje.
A tenor de lo explicado hasta ahora, muchos padres estarán sintiendo una comezón por no encauzar a sus vátagos seriamente por la senda de la segunda lengua. Pero, ¿cuándo es demasiado tarde? Los psicolingüistas hablan de una "ventana de oportunidad" que empieza a cerrarse en torno a los seis años. Aunque sólo quienes son educados en dos idiomas hasta el tercer cumpleaños están considerados por los expertos como bilingües precoces y simultáneos, como distingue la psicóloga social francesa Barbara Abdelilah-Bauer en su libro " el desafío del bilingüismo" (Ediciones Morata, Madrid, 2007).
Si la adquisición se produce entre los tres y los seis, los llamaríamos precoces y simultáneos. Después ya son etiquetados como tardíos, aunque la maleabilidad del cerebro permite aprender con cierta facilidad otro idioma hasta la pubertad.
El único experimento objetivo para poner a prueba esta intuiciones consistiría en privar del desarrollo lingüístico a una persona, pero sería una barbaridad digna del doctor Mengele. Solo los casos fortuitos de los niños salvajes, que han crecido sin contacto con otros seres humanos, nos proporcionan pistas fiables. En 1970, por ejemplo, salió a la luz la atroz historia de Genie, que fué encerrada por su padre durante doce años en un cuarto de baño, sin que nadie le hablara. Cuando fué reintegrada a la vida normal, su vocabulario nunca superó las 700 palabras. esto parece indicar que existe una barrera a partir de esa edad. Otras criaturas de cinco o seis años que sufrieron circustancias similares no tuvieron ningún problema para aprender la lengua desde cero.
Últimamente también proliferan los analísis de hablantes sometidos a técnicas de imagen con las tomografías y ls resonancias magnéticas. según se deduce de las observaciones, los niños bilingües casi de nacimiento activan básicamente una región ubicada en el hemisferio izquierdo del cerebro -la sede principal de la capacidad verbal-, mientras que los tardíos necesitan poner a trabajar otras áreas, más relacionadas con la solución de problemas.
Nunca es tarde. De todos modos, ejemplos como los de Vladimir Nabocov o Samuel Beckett, que escribieron obras maestras en idiomas diferentes al materno -ruso e inglés, respectivamente- dan esperanzas a quienes han perdido la esperanza del bilingüismo precoz. Y, además, como ya ha quedado dicho, el simple esfuerzo de ponerse a la labor nos servirá de protección para eludir los achaques cognitivos en el invierno de nuestra vida.