Dichos populares
En muchas ocasiones hemos dicho o escuchado expresiones como estas
¿pero cuáles son sus orígenes? Aquí te contamos algunos.
En muchas ocasiones hemos dicho o escuchado expresiones como estas
¿pero cuáles son sus orígenes? Aquí te contamos algunos.
La expresión hace referencia a la verborragia desmesurada y a la vulgar charlatanería. En el siglo XVII algunos tribunales europeos utilizaban un raro procedimiento cuando debían interrogar a sospechosos de haber cometido un delito: eran atados entre si por cintos o cuerdas, sujetados por los brazos. Luego, bajo amenazas de suplicio, los presuntos delincuentes procuraban eludir responsabilidades, se acusaban unos a otros y así incurrían en contradicciones que permitían a los jueces deducir la verdad y dictar sentencia. Ese apretado contacto de las extremidades superiores al que se sometía a los inculpados dio pábulo a semejante expresión.
Si hay algo que ha mantenido la tradición con el paso de los siglos, es la mala fama de las posadas, hosterías y fondas, con respecto de la calidad de sus comidas. La literatura universal está llena de alusiones, muchas de ellas irónicas, acerca del valor de los alimentos ofrecidos en ellas. Y era tanto el descrédito de estos lugares, que llegó a hacerse usual entre los comensales la práctica de un conjuro, previo a la degustación, en el que aquellos, parados frente a la carne recién asada, recitaban: “Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta al plato”. Por supuesto, este “exorcismo” nunca sirvió para demostrar la veracidad de la fama de la posada, pero dio origen a la expresión dar gato por liebre, que con el tiempo se incorporó al lenguaje popular como equivalente de engaño malicioso por el que se da alguna cosa de inferior calidad, bajo la apariencia de legitimidad.
Cuentan que esta frase es tan antigua como la misma Grecia. Y que el origen hay que buscarlo en una expresión de Apeles, uno de los pintores más célebres y queridos de la Edad Antigua. La historia afirma que el hombre había expuesto una obra suya que mostraba a un personaje importante de la ciudad. Y dicen que por allí pasó un zapatero y, al verla, hizo una crítica sobre la forma del calzado de la figura representada. Apeles admitió la falla en el dibujo, la corrigió y volvió a exponerla. Pero entonces, el zapatero volvió a verla y amplió sus críticas a otras cuestiones de la obra. Fue ahí cuando el artista dijo algo así como “el zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias”. Eso fue interpretado como la ahora famosa frase. La corrección era válida para los zapatos, la especialidad del artesano. De lo demás el zapatero no conocía mucho.
Exclamación frecuente y de larga data que quiere reflejar, con sorna, el anuncio de una supuesta novedad que no es tal.
Cuando alguien brinda una información creyendo que va a causar admiración o sorpresa entre los presentes y, por el contrario, todos saben la cuestión desde hace rato, se le contesta “¡Chocolate por la noticia!”.
Respecto de su origen, en realidad se cuenta con poca o nula información. Se cree que en tiempos coloniales, cuando un mensajero entregaba novedades positivas, era agasajado por las familias acomodadas con una taza de chocolate. Eso es probable; lo que no se sabe es si en tiempos de calor la costumbre se mantenía intacta o la celebración provocaba un lógico cambio de bebida.
“Defender los intereses de la corona me ha costado un ojo de la cara”, le habría dicho Don Diego de Almagro (1475-1538) al Emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano (1500-1558), en cierta entrevista sostenida entre el soberano y el conquistador español, considerado descubridor del territorio que hoy se conoce como Chile.
En verdad Almagro no exageraba, pues había perdido uno de sus ojos durante un asedio a una fortaleza inca.
Desde entonces se utiliza para hacer entender que se ha conseguido un objetivo pero que su costo ha resultado por demás elevado.
Textos extraídos de Internet y Medios gráficos