El Árbol de Zaqqum en la Exégesis Coránica: Consideraciones Filológicas y Teológicas


El Zaqqum constituye uno de los elementos simbólico-escatológicos más inquietantes de la escatología coránica. 


Este árbol, descrito en el Corán como surgido de las profundidades de Jahannam, representa la consumación del tormento reservado a los réprobos. 


Su figuración literaria se encuentra enmarcada en la semántica del castigo eterno, en oposición a la imaginería paradisíaca del agua cristalina y de los frutos benditos.


En Corán 37:62 el texto sagrado caracteriza al Zaqqum como “un árbol que surge del fondo del infierno, cuyos frutos semejan cabezas de demonios”, estableciendo un contraste grotesco con la noción de alimento celestial. 


Asimismo, en Corán 56:52se especifica que los condenados se alimentarán de sus frutos y beberán agua hirviente (ḥamīm), la cual se asemeja al metal fundido que desgarra las entrañas, como se reitera en Corán 47:15 y 18:29.


Los exégetas clásicos han abordado este pasaje desde diversas perspectivas:


          Referencia       Al-Ṭabarī (m. 923)

 interpreta el Zaqqum como un árbol real y corpóreo, cultivado en el inframundo, cuya función es intensificar el castigo físico. 


En su Jāmiʿ al-bayān, enfatiza que los frutos del árbol llenan los vientres de los condenados, generando un sufrimiento equivalente al fuego líquido.


              Al-Qurṭubī (m. 1273), 

     en su Al-Jāmiʿ li-aḥkām al-Qurʾān, s


ubraya la dimensión moral del símbolo: el árbol es producto de las malas acciones, y sus frutos representan las consecuencias ontológicas del pecado.


Ibn Kaṯīr (m. 1373), en su Tafsīr al-Qurʾān al-ʿaẓīm, describe los frutos como semejantes a “cabezas de demonios” (ruʾūs al-šayāṭīn), subrayando la monstruosidad y el carácter antiestético de aquello que los pecadores deben ingerir.



En el plano filológico, se ha sugerido que el término Zaqqum procede de una raíz semítica relacionada con la acción de “ingerir con repugnancia” o “probar lo amargo”. 


Otros estudios, de carácter comparatista, lo vinculan con expresiones árabes meridionales que denotan sustancias viscosas o cáusticas, lo cual refuerza la dimensión sensorial del castigo.


Desde un enfoque teológico, el Zaqqum puede entenderse como una representación metafórica de la retribución proporcional 

              (al-ǧazāʾ al-muwāfaq) 


a las acciones humanas: así como los justos reciben frutos y aguas dulces en el Paraíso, los impíos son condenados a ingerir frutos infernales y líquidos corrosivos.


 En este sentido, el árbol no es únicamente una realidad escatológica, sino también un tropo moralizante que advierte sobre las consecuencias inexorables del pecado.


En conclusión, el Zaqqum constituye un símbolo polifacético dentro de la hermenéutica coránica: botánico en su literalidad, moral en su función pedagógica y ontológico en su correlación con las obras humanas. 


Su mención en el Corán, reforzada por la exégesis clásica, ilustra la capacidad del discurso islámico para articular imágenes de extrema plasticidad, destinadas a impactar la imaginación religiosa y a reforzar la advertencia sobre la justicia divina en el más allá.