Abscesos
Características y síntomas
Un absceso es una acumulación localizada de pus que se forma en los tejidos del organismo, pudiendo presentarse tanto en la piel como en órganos internos, como el hígado o los pulmones. Generalmente se produce como consecuencia de un proceso infeccioso e inflamatorio.
De manera general, pueden distinguirse dos tipos:
Absceso caliente: se caracteriza por inflamación, enrojecimiento, aumento de la temperatura local, dolor y, en algunos casos, fiebre.
Absceso frío: suele presentar poca o ninguna inflamación, dolor o aumento de la temperatura local, y generalmente no se acompaña de fiebre.
Tratamiento tradicional
Como medida tradicional para favorecer la maduración de un absceso superficial, puede prepararse una decocción de cebolla: hervir una cebolla en aproximadamente medio litro de agua. Una vez que el líquido se encuentre a una temperatura adecuada, se puede utilizar para realizar lavados de la zona afectada dos a tres veces al día.
Cuando el absceso haya madurado y exista drenaje espontáneo, se recomienda mantener la zona limpia y aplicar posteriormente pomada MELINO, siguiendo las indicaciones correspondientes del producto.
Importante: no se recomienda exprimir, pinchar o abrir un absceso por cuenta propia, ya que puede favorecer la propagación de la infección. Si presenta fiebre, dolor intenso, aumento rápido de la inflamación, enrojecimiento que se extiende, o se encuentra en una zona delicada como la cara, es conveniente buscar atención médica.