El holocausto fue el asesinato masivo de millones de personas a manos del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, que se desarrolló entre 1939 y 1945. La población judía fue el principal objetivo de los nazis, y se estima que 2 de cada 3 judíos europeos murieron durante esta campaña de exterminio.
Desde su llegada al poder, los Nazis emprendieron una campaña de discriminación contra los judíos que fue escalando progresivamente, y que en sus etapas tempranas (entre 1933 y 1939), se caracterizó por estrictas medidas económicas y un auge de la propaganda antisemitista –que en sus términos básicos se resume en el odio hacia los judíos- con el objetivo de aislar y segregar a esta población.
La llegada al poder de los nazis también marcó el comienzo de los campos de concentración. El primer campo, destinado para los presos políticos, se llamó Dachau y se estableció en Alemania en 1933. Los primeros campos de concentración se basaban en el trabajo forzado, y no eran campos de exterminio, como sí lo eran los que llegarían después.
En 1939, los nazis invadieron Polonia, y así se inició oficialmente la Segunda Guerra Mundial. También inició una campaña de persecución mucho más radical contra aquellos considerados como ‘inferiores’, un concepto que no solo abarcaba a la población judía, sino a los gitanos, a los discapacitados, a los testigos de Jehová, a los homosexuales y a los comunistas.
Fue en ese mismo año, en la zona invadida de Polonia, cuando se estableció el primer gueto. Los guetos fueron barrios donde se confinaban a los judíos, con el objetivo de incrementar su aislamiento y su segregación. El Museo Memorial del Holocausto en Estados Unidos estima que al menos 800.000 personas murieron dentro de los guetos entre 1939 y 1945, debido a las pobres condiciones sanitarias y a la falta de alimentos.
Sin embargo, la campaña de exterminio nazi comenzó en 1941, cuando Hitler emprendió su ‘Operación Barbarroja’.
Durante ese año se introdujeron las primeras cámaras de gas (que posibilitarían el asesinato masivo a través de la asfixia por inhalación de gases. Se estima que en algunas cámaras de gases cabían hasta 6.000 personas) y se creó el primer campo de exterminio, denominado Chelmner, en Polonia. A este le seguirían los campos de Belzec, Sobibor y Treblinka, también en Polonia.
En 1942, como parte de un programa denominado “La solución final” –un eufemismo para ocultar su objetivo principal, la erradicación total de la población judía europea- se estableció el campo de concentración de Auschwitz, que llegó a ser el campo de exterminio más letal, con más de un millón de muertos bajo su impronta.
En total, entre 1941 y 1945, los principales centros de exterminio cobraron la vida de al menos 2’700.000 judíos, que murieron por asfixia, por inhalación de gas venenoso, por las condiciones de los campos o asesinados a tiros, según el Museo Memorial del Holocausto de EE. UU.
A medida que cercaban al Reich, los colaboradores de Hitler comenzaron a destruir la evidencia de sus campañas de exterminio, a través de la evacuación de prisioneros y la demolición de cámaras de gas, bajo orden de Heinrich Himmler, uno de los líderes del partido nazi.
Esto no evitó, sin embargo, el descubrimiento de los campos de exterminio y de concentración por parte de los aliados. Los nazis habían sido herméticos respecto a sus matanzas y su proceder no era muy bien conocido por la comunidad internacional, a pesar de que desde 1944 se tenía conocimiento de la situación en los campos de concentración tras la filtración y difusión del ‘reporte de Auschwitz’, escrito por dos judíos suizos que documentaban su experiencia y sus horrores en el campo de concentración y se los presentaron al mundo. El 27 de enero de 1945, las fuerzas soviéticas liberaron Auschwitz y los 7.000 prisioneros que aún permanecían allí.