Hno DAMIÁN (Julien) HAMMARD JAMES
*30 jul 1881 + 20 jun 1982
1. El H. Damián, hijo de la Bretaña Francesa
2. Hijo adoptivo de Cuba (1907-61)
3. Mexicano por elección (1961-82 )
4. El Centenario (1981).
5. El misterioso Hno. Damián.
6. El discípulo de S. J. B. Salle.
7. Ite Missa Est.
INTRODUCCION
Domingo 20 de junio de 1982, se apaga como la lámpara del santuario la existencia del H. Damián, a los 100 años, 10 meses y 20 días. A las ocho de la mañana, cuando el mundo católico celebra el sacrificio eucarístico de los Domingos, el Hermano oye por última vez el "Ite, Missa est" que concluye para él su existencia de alegrías, de penas y de sacrificios. Y puede partir en paz hacia las moradas eternas. En la Misa de las exequias se leyeron las Bienaventuranzas como lectura litúrgica, y en ecos repetidos, una y otra vez, cayeron sobre 'la asistencia recogida:
Bienaventurados los mansos...
Bienaventurados los pacíficos...
Bienaventurados los puros de corazón...
Bienaventurados los perseguidos por la justicia...
Bienaventurados los que lloran...(Cfr. Mt 5, 1-12)
Mejor panegírico no pudo oírse en esta circunstancia para un hombre como el H. Damián, cuya vida es la realización del sermón de la Montaña.
Sin embargo, el espíritu de los asistentes, numerosos y pensativos, tuvo que penetrar en el enigma de la existencia humana. Tan larga vida y al mismo tiempo tan común y sin grandes acciones ni sonados éxitos. ¿Qué dejó tras sí sobre la tierra?, ¿qué rasgos indelebles perdurarán en la sociedad?, ¿qué huella deja grabada en su centenario sendero? En una palabra, ¿qué vale más: el "ser" o el "hacer"? Para nosotros que lo conocimos, el H. Damián pertenece a esas raras personas que sigilosamente transmiten luz, y no a las que oscurecen todo con el estruendo de sus acciones.
El caso es raro, por la oscuridad proyectada por ese mundo egoísta y frío, desenfrenado, sin rumbo, sin amor. Irradia hasta nosotros la luz apacible y sobrenatural de ese religioso algo impenetrable que alcanzó su ideal en la fidelidad a Dios y a su misión.
Pudimos verlo nosotros.
El "Canto al Sol" del Santo de Asís nos deja una ligera imagen de él al hablar de "nuestra hermana agua, tan útil, tan humilde, tan preciosa y tan casta". Así fue la vida gel H. Damián: un venero de agua límpida, cristalina, sencilla y benefactora.
1.EL H. DAMIAN, HIJO DE LA BRETAÑA FRANCESA
Sus costas recortadas ofrecen abras a muchos puertos pesqueros y militares. Sus campos y prados, rodeados de setos, constituyen un paisaje característico. Las lluvias llegan periódicamente y alimentan numerosos riachuelos bulliciosos.
Sus habitantes, los bretones, tienen fama de intrépidos, algo tercos, afanosos y de voluntad férrea. Son marineros de raza, incorporados a la marina mercante y militar. De los puertos salen aguerridos pescadores para Terranova, comerciantes y expedicionarios.
Su cultura es ancestral, pues su idioma pertenece a los antiguos de Europa como el vasco y el céltico. Sus famosos bardos y músicos, que acompañan sus poemas con la gaita, constituyen un factor importante de su folklore.
De su religión, ni hablar, pues la reciedumbre de su fe ha creado la expresión "fe de bretón". Durante la Revolución Francesa se mostraron intransigentes hasta levantarse en armas en contra de los excesos revolucionarios. Muchos murieron en el cadalso y en las "noyades" de Nantes. En esta tierra germinaron héroes, santos y misioneros. El H. Damián es de esta estirpe.
Infancia de Julien, futuro Hno. Damián.
Nace en el municipio de Vern a 8 Kms. de Rennes, culta capital de la Bretaña. Su padre, Louis Hammard su madre, María, dirigen una pequeña explotación agrícola. Nueve hijos alegran el hogar y Julien, nuestro Hermano, es el último.
Sólo nos habló de su hermano Pierre y de su hermana María, casada con Louis Amiot, cuya hija Josy era su corresponsal y que actualmente tiene 76 años y vive sea en París, sea en Toulón. Estos dos hermanos fueron los primeros en franquear la meta de los cien años que pronto Julien cruzará a su vez.
Entre los seis y los trece años estudia en la escuela oficial y camina para ello un kilómetro cada vez, y son cuatro veces al día. Con todo y ser oficial, agrega, rezan tres veces al día.
Entre los trece y los catorce años va a la escuela de los Hermanos fundados por J. Marie Lamenais, llamados también de Ploërmel (dirigen muchas escuelas ahora en Haití). Tiene que caminar 4 Kms., pero toma su frugal alimento en la escuela. Infancia normal de aquella época en que la laboriosidad era la primera virtud humana.
Su vocación Lasallista.
Nada presagia una vocación religiosa en Julien por lo visto.
Pero la gracia vela y la mamá también, la cual le habla de sacerdocio y de vida de Hermanos, y termina con pedirle que rece para que conozca su vocación. La contestación es la siguiente: "Sacerdote, no...".
Como premio de sus buenas calificaciones recibe un libro cuyo tema desarrolla la labor heroica de los Hermanos como camilleros en los campos de batalla durante la guerra franco-prusiana de 1870. Siente por primera vez el deseo de imitarlos. Su mamá recibe su confidencia que pronto conoce el papá. Su hermano mayor había sido inter no en la escuela lasallista de Rennes y una piadosa vecina los conoce personalmente, lo mismo que al H. Reclutador. Todo se encamina poco a poco para que un miércoles por la tarde Julien y su papá vayan a Rennes con el fin de hacer el viaje a Nantes (distante 100 Kms.) el día siguiente, jueves, 2 de octubre de 1896. Tiene 14 años y medio y acaba de dar un primer paso en el camino de la vida religiosa con su entrada al Aspirantado.
En agosto del año siguiente pasa al Noviciado que funciona en la misma casa. Son 22 postulantes. Reviste el hábito religioso el 3 de octubre de 1897. Adopta nuevo nombre: el de Damián. El mismo explica que entre tres nombres que empiezan por C y D escoge este nombre porque acaba de leer la vida del Padre Damián, el apóstol de los leprosos de la isla Molokay.
En 1898 pasa al Escolasticado que colinda con su anterior morada. Dos años permanece inclinado sobre los libros para conseguir su diploma de enseñanza que obtiene en la ciudad de Rennes el 11 de septiembre de 1900 (uno de los pocos documentos que conservó). De su formación espiritual no exterioriza nada, fue sin duda fiel a su carácter retraído, reservado y nada expansivo. "Pero por las obras los reconoceran."
Su apostolado en Francia
Hablar de su apostolado en Francia resulta difícil como lo será durante toda su vida. Su actividad será siempre en segundo plano, como auxiliar de otros activos y emprendedores.
Por otra parte, los cambios que sufrió le impidieron enraizarse en un medio. Pero surge también la pregunta: ¿A qué se deben tantos cambios? Más de 25 en total, parecen muchos; ciertamente que tuvieron lugar en un período de más de 60 años. En el transcurso de su biografía tal vez alcanzaremos alguna luz.
Rochefort, su primera comunidad. Puerto sobre el Atlántico, de donde salían las embarcaciones penitenciarias para las Guayanas. Sólo tres meses laboró entre los párvulos de la escuela.
Nantes, su segunda comunidad. Puerto más importante sobre la desembocadura del Loira. Es auxiliar en la casa de los ancianos y acompaña a un ancianito que le da cierta formación pedagógica (según su expresión).
Poitiers, su tercera comunidad, en 1901. Es ciudad histórica en que Carlos Martel derrotó a los árabes en 732. Su campo de acción sigue siendo la escuela por dos años.
Servicio militar.
En 1903, a sus 20 años le concierne la obligación cívica del servicio militar. Lo incorporan en el 41° Regimiento de infantería, destacada en Rennes, a 8 Km. de distancia del hogar familiar que visita semanalmente.
Una vez concluidos los ejercicios militares diarios por la tarde, pasa dos o tres horas con los Hermanos. de Rennes como descanso y alimento espiritual. Recuerda con gusto que uno de sus oficiales llamaba a los tres seminaristas y al religioso para conversar sobre dificultades del momento. Terminado su año regular regresa a su comunidad en Poitiers para continuar en su recinto escolar.
Mientras tanto, ha estudiado con esmero los programas de religión habituales entonces y ha conquistado los tres diplomas de "catecismo" con mención Muy bien (conservados aún).
En 1904 todo cambia. Son las leyes que cierran escuelas y proscriben la vida religiosa. Se le presenta un dilema de duras consecuencias: o se seculariza o ha de salir del país. Parece que su decisión no fue desgarradora pues confiesa con naturalidad: "Me quedo con el hábito aun cuando deba ir al extranjero".
Pronto se dice, pero ¿qué motor hizo brotar esta decisión irrevocable en él y en miles de otros cohermanos? Parece que el Papa Juan Pablo II contesta con la siguiente sentencia: 'Este impulso misionero no puede surgir y llevar frutos sino a patir de una vitalidad espiritual y de una irradiación de la santidad” (Sus palabras en Lisieux, 1981).
Así fue como regresa a Nantes para estudiar inglés en compañía de una media docena de jóvenes, durante un año. Queda uno extrañado al oír que "para estudiar Inglés". La verdad, se debe a que el Distrito de Nantes tenía casas en Inglaterra, y sobre todo en las Indias... y había que preparar profesores para esas misiones. Sus miras han de apuntar por lo tanto y por de pronto hacia el sur asiático.
En 1906 hace su retiro de treinta días en preparación para la emisión de sus votos trienales. Poco tiempo después la voz de Dios se hace oír por medio de una obediencia que le señala la ciudad de Clermont Ferrand como meta inmediata. Mas, se trata ahí de estudiar ahora el Español para luego dirigir la proa de la nave hacia las Américas.
De Nantes son 25 Hermanos que se concentran con él en ese Noviciado apostólico que reúne a un centenar de lasallistas en plena juventud, la mayoría dispuestos a emigrar a lo lejos. Por de pronto y durante ocho meses, es una tenaz lucha para familiarizarse con el nuevo idioma. Los métodos son de lo más variado, pero son obligatorios: en Español toda conversación, toda lectura y en cualquier momento. Por las buenas, o no tan buenas, la memoria se queda con el vocabulario y las expresiones adecuadas.
Un buen día se presenta el Hno. Allais-Charles, Asistente de Cuba y México: quiere alistar a 15 "nantais" para las dos obras que educan a los cubanos. Entre los 15 elegidos se halla el H. Damián que, con la confianza en Dios, deja su barca a la orilla y va hacia otra orilla con todos los azares que implica eso. No importa. Sabe a Quién se ha confiado él y sus compañeros de corazón resuelto.
2. HIJO ADOPTIVO DE CUBA. (1907-1961)
Cuba, "el cachito de cielo caído sobre el mar de las Antillas", recibió a los Hermanos en 1905. Tres escuelas esparcen la buena semilla a los cubanos. La Escuela de Belén, en La Habana; el Vedado, en un barrio que se desarrolla en los contornos; y, por fin, Guanabacoa. Y más tarde Santi Spiritus.
Los expatriados franceses van a sentar sus reales en sus costas y en sus campos feraces abrasados por el sol tropical y arrullados por la brisa marítima.
Por ahora son, pues, 15 "nantais" que dicen "adiós" a las tierras europeas en Barcelona, el 11 de junio de 1907. El ánimo marca "bonanza", aunque el corazón de varios señala "tormenta". Las escalas se suceden: Málaga, Cádiz, Las Canarias, Puerto Rico y, por fin, La Habana, el término del viaje tras tres semanas. Sale sobrando imaginar las impresiones al ver caras de diferentes razas, ropa clara y ligera, sentir el calor y el sudor que escurre por la cara. El H. Visitador, Hilario José los espera con los brazos abiertos, y los estrecha como a hermanos en toda forma. Se sienten en familia en la casa del colegio de La Salle del Vedado, muy humilde en esos principios.
Una nueva separación se efectúa pues hay que instalarse en su nueva comunidad: tres grupos, uno para cada escuela existente, como tres semillitas aún, que apenas echan brotes en un suelo fecundo.
El H. Damián engrosa la comunidad de Guanabacoa que atiende al pequeño orfanato de S. Vicente. Uno de sus compañeros de viaje viene a ocupar la dirección de la obra: es el Hno. Claudiano Víctor, de bondad proverbial (29 años de directorado).
Las vacaciones de agosto sirven para la preparación del curso, pero transcurren en un ambiente de sofocante temperatura y gran expectación.
De la ciudad ha desaparecido la fiebre amarilla, extirpada por un saneamiento intenso aún (sólo en 1905 se descubrió el mosquito propagador). El H. Damián recibe el encargo de dirigir el tercer año de primaria. No conocemos los resultados pues no lo manifestó. Al año recibe cambio. La escuela de Belén, sostenida por los PP. Jesuitas y a la sombra de su colegio, en el centro de la vieja ciudad, lo cobija durante un año más.
Son 54 años vividos en Las Antillanas en el trabajo, la entrega, pero en la sombra, pues nunca ocupó puesto importante ni cargo administrativo. Fue abeja obrera en una colmena que no cesó de progresar y de enjambrar. Como notaremos, sus cambios fueron frecuentes, tal vez por la expansión del Distrito que inauguró muchas obras en los diez primeros años. Vamos a presentar la síntesis al pasar en revista las ciudades en que colaboró después de sus dos primeras comunidades.
El Vedado, de La Habana, lo tuvo durante 25 años, pero en cuatro ocasiones diferentes.
Guantánamo, lo retuvo siete años.
La Academia de La Salle, de La Habana, aprovechó su abnegación como ecónomo durante los ocho años finales.
Sancti Spiritus, en el centro de la Isla, le ofreció acogida por cuatro años.
Guanabacoa, lo tuvo también cuatro años en tres ocasiones, pero la escuela se cerró en 1921.
Guatao, le proporcionó cierto descanso durante tres años.
Marinao, por fin, y la Casa Central, lo recibieron durante un solo año.
En cuanto a los empleos desempeñados, su ficha siñalética indica que enseñó en una clase como titular durante diez años, pero en varias localidades. La enseñanza que más impartió fue la del Inglés, lección poco estimada por los alumnos. Durante 19 años se esforzó por enseñar este idioma que muchos de sus exalumnos tendrán que emplear más tarde en el exilio. Se pasó 13 años como ecónomo o ayudante en la Procura de La Habana, y otros 3 años fue auxiliar del cajero en el Colegio De La Salle del Vedado, con 1,500 alumnos. Otros varios empleos le fueron encomendados porque se prestaba amablemente para ellos.
Pero la responsabilidad que más tiempo le tomó, y probablemente más preocupaciones y sacrificios le exigió, fue la vigilancia de los alumnos en los viajes de los autobuses escolares. Era ley general que los profesores de Inglés tenían a su cargo esta vigilancia cuatro veces al día, con duración de por lo menos cuatro horas diarias. Tuvo que ser de mucha exigencia personal el atende: el orden dentro del vehículo y cuidar que no hubiera ningún accidente. Y todo esto con el ruido y el calor de las calles.
No ha manifestado ninguna impresión sobre este apostolado de abnegación total, pero de gran importancia. Cuántos rosarios no habrá rezado al hacer sus "recorridos".
Ese fue su actuar en el marco escolar hasta sus 80 años... No hay nada para halagar la vanidad, ni provocar intereses materiales, pero su entrega a Dios había apuntado más arriba y mucho más lejos.
Sus días de asueto y de vacaciones le dieron ocasiones para viajar por el campo cubano en busca de pozos.
Otra faena le proporcionó más consuelos humanos fue su dedicación a la radiestesia
También le puso en contacto con la exuberante vegeta ojón cubana y las fuerzas de la naturaleza. De ahí su alma meditabunda se enriqueció al respirar su fragancia.
3. MEXICANO POR ELECCION. (1961-1982)
1961 es el tercer año de la Revolución cubana, "año de la educación" como lo calificaron. El H. Damián con sus 80 años es ayudante del Hno. Procurador Gerardo More. La angustia se apodera de varios Hermanos al ver algunos de sus colegas arrastrados y encarcelados en ese mes de mayo terrible en que todas las obras privadas de educación se nacionalizan. Ya no hay lugar para los educadores católicos que participaron tan inteligentemente en la formación de la joven república cubana. Hay que buscar refugio más allá de sus playas. De nuevo y por segunda vez en su vida. Él y sus cohermanos deben dejar su barca a la orilla y buscar otro mar y otras orillas.
¿Hacia dónde la mirada del H. Damián, acostumbrada a clavarse en la lejanía, se orientará y descubrirá su asilo una vez más? ¿En Francia, donde tiene familiares que lo verán con gusto después de 54 años, pues no ha retornado? Parece ser su destino normal como lo será para 20 proscritos franceses. Sin embargo, el H. Damián descubre México en su subconsciente.
En 1947 conoció Saltillo y su gente, cuando el H. Thierry lo llamó de Cuba para buscar agua. Un mes entero estuvo recorriendo parte del país. "Me gustó la gente de Saltillo y de sus alrededores comenta en su entrevista. Cuando el Hno. Asistente Antonio María le hizo la pregunta: ¿A dónde quiere ir?, su contestación literal salió espontáneamente: "En Francia todo ha cambiado, ya no conozco a nadie. Conozco algo México".
Su elección parece muy natural, pero no excluye la generosidad que motivó el exilio de 1907, muy al contrario. Otros tres Hermanos franceses de su mismo temple escogieron México, igualmente el Hno. Antoine Claude, uno de los 5 fundadores de México en 1905, el Hno. Cedmond, su compañero de viaje de expatriación y el H. Regis su ex Visitador en las Antillas. Los tres entregaron sus últimos años, sus magníficos ejemplos de fidelidad y sus despojos mortales a Acapulco, dos de ellos, y a León, el primero.
El éxodo de 101 lasallistas tiene lugar en esa tarde dramática del 25 de mayo de 1961. La recepción calurosa y por demás cordial de Miami aminoró las tensiones. Al día siguiente empieza la diáspora con los 20 Hermanos franceses que retornan a la Patria. Los Hermanos Damián, Cedmond, Regis y Antoine Claude se despiden para siempre de sus compañeros de armas al ritmo del canto lasallista: "Aux combattants il faut un cri de guerra...."
Su ficha siñalética lleva la fecha del 10 de julio 1961 como el día en que "me vine solo a Saltillo" como lo recuerda en su entrevista.
Le quedan aún 21 años para irradiar bondad. Sí, irradiar es el gran papel que desempeña en tierras mex. En los autobuses escolares, en la biblioteca, en los senderos y campos para buscar el precioso líquido, en la comunidad religiosa, en su derredor, el H. Damián irradia... y sin decir palabras, o muy pocas.
En el autobús es ángel custodio de los niños que lo respetan. En la biblioteca es centinela que inspira reverencia. En los campos es el servidor atento a las súplicas. Eso fue su vida en tierras norteñas. No hay tampoco nada extraordinario en su existencia pe ro hace las cosas ordinarias de un modo poco común. De ahí pronto surge una simpatía hacia él que raya en admiración. alumnos, padres de familia, sobre todo las mamás lo miman. Y, ¿qué decir de sus Hermanos de la comunidad que ven en él "un tesoro, una gracia viviente, un gran don, un hombre EJEMPLO y TESTIMONIO" (H. Jorge García A.)
Dos días antes de su deceso hubo que llevarlo a Monterrey. Una de sus enfermeras preguntó si regresaría. Se le contestó que no, lo que la entristeció y las lágrimas asomaron, porque se lo llevaban. Al pedirle el motivo sólo pudo decir "que no sabe, pero que nunca un enfermo la había causado tanta impresión e inspirado tanto cariño, ...". Así es la irradiación de la santidad.
En esos 21 años, ha tenido dos grandes gustos nunca soñados: dos viajes a Francia: 1970 y 1971. El primero se debe a una delicadeza del H. Visitador José Cervantes que supo que nunca había vuelto en 63 años.
Miró sus ojos humedecidos y le ofreció que hiciera una visita a su familia acompañado de otro Hermano. Así fue como regresó a pisar tierra francesa y volvió a ver a Pierre, de 99 años y a su hermana de 94. Julien, H. Damián, tenía 90 años. Pierre al verlo le dice como saludo: "¡Cómo has cambiado!".
Efectivamente, todo cambió, todo es nuevo para él... pero qué feliz se sintió, él tan adaptable y haciéndose todo a todos.
Al año siguiente se volvió a repetir la visita, pero esta vez para asistir a los festejos de la centuria de Pierre. Su memoria grabó todo y lo relataba: acción de gracias, presencia del H. Visitador de Bretaña, reunión familiar de 70 -personas en torno a Pierre, discursos y brindis, fotos y artículos de periódicos. Un recorte muestra a los "tres hermanos y su sobrina cuya suma de edades da ¡378 años!..." Fecha mayo de 1971.
Regresa de nuevo a su oasis saltillense para esperar, él también, que la hora CIEN toque en el reloj de su existencia. Mientras, sigue siendo ejemplo para todos, y sin molestar a nadie. iFeliz vejez!
4. EL CENTENARIO. (1981)
La rueda del tiempo gira y gira y pronto centellea el número CIEN en su calendario con el 30 de julio de 1981. El Instituto entero y los Hermanos cercanos se preparan para festejar ese centenario: H. Damián, decano de la Congregación, que ha tenido ya dos antecesores. El H. Visitador Gilberto Lozano mandó cartas anunciadoras del día feliz del aniversario. Están llegando respuestas de los cuatro puntos cardina les, porque quieren estar presentes para ese acontecimiento tan original.
El Distrito Norte lo va a celebrar tomando en cuenta las distancias y las ocupaciones de cada quien.
La primera fiesta coincide con el retiro anual de abril y la toma de posesión del nuevo H. Visitador Guilebaldo. La ceremonia general comporta tres eventos: homenaje al H. Damián, despedida al H. Gilberto y toma de posesión del H. Guilebaldo.
El H. Jorge García A., Director de Saltillo, tiene a su cargo develar la vida centenaria. Para ello, entrevistó al H. Damián anteriormente y ha tomado todo lo revelado. Resulta fácil hacer desfilar los acontecimientos y fechas notables. Ante todo, lo que asombra es la nitidez y la memoria en la exposición de un hombre de cien años y que manifiesta una lucidez total. La impresión dominante es una vida llena, serena, fraternal, de constante plegaria, acompañada por una fidelidad indefectible.
Pero el momento culminante apunta el 30 de julio, fecha en que su siglo quedaba cerrado. Es fiesta ofrecida por la comunidad educativa del Colegio Ignacio Zaragoza. Han acudido Hermanos de Monterrey, Monclova, Gómez Palacio, Cd. de México, con el Hno. R. Henderson, Visitador, al frente. De Puerto Rico llega también el H. Adelino Víctor, cubano, en representación de sus cohermanos del Distrito de Las Antillas. Trae la gratitud y las felicitaciones de los Hermanos que le obsequian una placa conmemorativa y una bandera cubana en recuerdo, tal vez, del verso de José Martí:
Yo quiero, cuando me muera,
tener sobre mi tumba
un ramo de flores
y una bandera.
De sesenta distritos del Instituto han llegado cartas de felicitación, coleccionadas en un precioso álbum y que el centenario muestra a todos con cierto orgullo y discreta sonrisa.
A las 8 a.m., algunos padres y alumnos cantan "Las Mañanitas" para saludar al nuevo nacido para el segundo siglo de su vida...
La comida congrega a 24 Hermanos que festejan al Hermano veterano de toda la Congregación y que representa la tercera parte de vida de la misma. Es parco en el comer y proverbial la sobriedad, pero la alegría cunde en alabanza al Señor por ese singular suceso.
La hora de la Eucaristía ha sonado. Llegan padres de familia y alumnos para la Santa Misa en Acción de Gracias en el vestíbulo del Colegio. El Padre Chapo, gran amigo de los Hermanos, desarrolla en su homilía el tema "Consagración y Misión". Destaca la fidelidad del H. Damián que vive en un marco de sencillez, prudencia, paciencia, servicio y disponibilidad, como lo hiciera en 20 lustros anteriores.
Después del ágape, sigue el convivio en un ambiente de franco regocijo, gran distinción y sazonado con ricos manjares.! Cuántos abrazos y regalos no recibió en esa noche de festejos!...A tantas felicitaciones el festejado sólo contesta con un "gracias" iluminado por una sonrisa salida del fondo de su alma.
De sobra conocía el sentido expresado tan bien por Ignacio Larrañaga en "El Silencio de María".
Nunca la comunicación es tan profunda
como cuando no se dice nada,
y nunca el silencio es tan elocuente
como cuando nada se comunica.
Preguntado el Hno. Damián sobre el mensaje verbal que puede dar a todos los Hermanos, contesta sencillamente: "QUE SEAN FIELES". De otra grabación tomada por el Hno. Ramón Hernández oímos sus recomendaciones a los jóvenes Aspirantes (no olvidemos que cumple cien años): "Hay que rezar por su vocación hasta el fin…... Quien abandona la oración poco a poco el disgusto llega... Quien es fiel a sus ejercicios de piedad es imposible que salga, impasible. Dios no puede abandonarlo …Firme confianza y generosidad..." concluye sus palabras de 24 quilates salidas de un corazón de cien años
Acerca del secreto que rodea su longevidad, contesta con la misma lucidez que siempre: "Nunca abusé en la comida ni en la bebida. Tomo el alimento que me conviene, me ayuda el péndulo. Estudié la lista de plantas que convienen para cada órgano, por eso tomó el té de higuera (es bueno para el corazón)".
Más que estas recetas de higiene, él sabe de sobra la explicación del General Douglas Mc Arthur: "Uno no se hace viejo por haber vivido cierto número de años, uno se hace viejo porque ha desertado del propio ideal. Los años arrugan la piel, el renunciar al ideal arruga la esencia del alma."
Esa fue la receta de sus años centenarios: nunca en su vida, ni en sueño, asomó la idea de abandonar su carrera emprendida en el siglo anterior.
Para él y más ahora en la celebración de su centenario, Hno. Damián vivió intensamente las palabras de S.S. Juan Pablo II pronunciadas para las religiosas en la Rue du Bac (París 1981):
"Hasta el crepúsculo de su vida, permanezcan en el asombro y la acción de gracias por la misteriosa llamada que resonó un día en lo más íntimo de su corazón: 'SIGANME'."
5. EL MISTERIOSO HNO. DAMIAN
En el periódico vespertino "Alerta" de La Habana, con fecha aproximada 1955, apareció en primera página la fotografía del Hno. Damián con su péndulo. Acompañaba un artículo que llevaba por título "El Mago, El Brujo, El Santo". Así había visto el periodista a nuestro Hermano... y así lo vieron muchos más, tanto en Cuba como en México. En las Antillas los dos primeros calificativos sobresalieron probablemente más que el tercero en México. Así aparecía: misterioso e impenetrable.
A primera vista se antojaba llamarlo con uno de estos títulos, y no sólo por su don de radiestesia. Había algo más en él que lo hacía secreto, enigmático, indescifrable. Esta era la impresión que se tenía de él en un primer y superficial encuentro.
Esa sensación se debía ante todo a su exterior inexpresivo, ojos grandes y hundidos, muchas veces perdidos en la lejanía, mientras su mano derecha palmoteaba sobre la izquierda. Luego lo acompañaba un silencio, roto únicamente con monosílabos y aún mal articulados. Fue un callado de por vida, pero no fue un taciturno. En efecto, capaz era de una amena conversación, de un relato chistoso acompañado de una risa espontánea y aún sonora, acompasada con gestos de los brazos. Tan sólo había que saber escucharlo y demostrar le interés.
Para entenderlo mejor tal vez habría que acudir a la psicología de las profundidades. Él es bretón y su raza sigue aún marcada por su medio hostil: de viento que ruge por doquier, de neblina que envuelve personas y cosas, del estruendo de las olas. Buena parte del año, Bretaña está envuelta en tempestades con su balance de barcos y marineros desaparecidos, con su cortejo de viudas y huérfanos resignados y ensimismados. Es clima de angustia y de impotencia que es capaz de criar hombres de valor indomable; es clima de súplica y de confianza en el Ser Supremo, dueño de los elementos y que forja una fe robusta.
Además, ¿a qué otras causas se debería este mutismo? ¿A su timidez natural? ¿A su voz apagada, casi áfona? ¿A su poco éxito pedagógico? Todo esto puede iluminar su misterio, pero no lo descifra. .
Hay que penetrar más hondo: de seguro que desde joven se encontró consigo mismo y vivió su "mismidad", como dice Ignacio Larrañaga en su libro "Sube Conmigo", descubrió su soledad que lo hizo sentirse como único, inédito e irrepetible en su singularidad.
Y quien halla y vive su profundidad descubre la esencia de su ser que es la presencia de Dios. Vive pues a su sombra y entabla el diálogo contemplativo en lo más íntimo de su yo.
Esa fue ciertamente la soledad de nuestro Hermano que nos lo mostró reservado y callado, reflexivo y soñador, con necesidad de vivir consigo mismo. Pero también lo hizo fuerte según el dicho que "la soledad es la patria de los fuertes".
Su silencio permitió a su alma vibrar con la nota más secreta y más sorda pues los grandes momentos del alma son mudos, pero le dejan en libertad para escuchar el susurro de los pasos del Señor que la habita.
Desgraciadamente no dejó ningún apunte que pueda ayudar a descorrer el velo del misterio vivido y reflejado en todo su andar y su actuar: pero su silencio, su sonrisa, su sencillez y su mirada penetrante hablan de por sí.
El Hno. Damián, misterioso, tiene otra cara más notable, más extraña y oscura: su don de radiestesia.
Radiestesista.
El recuerdo del Hno. Damián "va siempre ligado al agua... a la fuente de agua viva" como le escribiera su antiguo Director del Vedado, el H. B.H. Charbonnier, en 1977. Contemplar el misterio del agua es adentrarse en los secretos de la vida de los seres y en las honduras del Evangelio que la presenta como símbolo del Espíritu (Jn. 7, 37-39).
En efecto, es:
el agua de mi Bautismo que me hizo hijo de Dios,
de mi tumba al bendecirla,
del Mar de Galilea, embravecido y obediente;
de la jofaina del Jueves Santo,
de las seis urnas de las bodas de Caná,
de la purificación de las manos ensangrentadas de Pilatos,
de la Samaritana sedienta de "agua viva",
del Cedrón que mojó los pies de Jesús,
del Jordán con que Jesús recibió el Espíritu; agua ausente del Calvario que le hizo exclamar "TENGO SED".
Cuántas veces no hicieron soñar estas letanías al Hno, Damián, cuando con su péndulo buscaba agua en los campos o sobre mapas y planos...
En efecto, el agua ocupó una gran parte de su vida, de sus estudios, de sus meditaciones solitarias. ¿Quién dirá los millares de kilómetros recorridos para descubrir sus fuentes y ofrecerla a todos los seres vivientes? Había recibido ese don misterioso y lo puso al servicio de todos los que acudían a él en busca de agua, con toda disponibilidad y buen humor, ya que "el agua simboliza el amor como el fuego encarna el odio" (Comandante Y. Costeau).
Recorrió Cuba en muchos sentidos en busca de pozos. Pasó mares, y los Estados sureños de la Unión Americana lo vieron bajo el sol del desierto con la varita en las manos en busca de sus escondrijos acuosos. Por lo menos en cinco ocasiones pasó sus vacaciones de verano en busca de agua.
Ya desde 1940 vino a los desiertos norteños de México. En sus últimos años, un año y otro año, tuvo que ir por los senderos polvorientos en busca del precioso líquido. Coahuila, San Luis Potosí, Los Altos de Jalisco, Michoacán, en particular quisieron aprovechar de su don prodigioso que con gusto él ponía a la disposición de rancheros y necesitados.
Y no señalaba punto y dirección de corriente tan sólo, sino que indicaba profundidad y cantidad aproximadas. Prodigios de esta ciencia misteriosa que él dominaba con precisión. Los aciertos no fueron todos espectaculares ni totales, pero pasan del 70%. En algunas ocasiones brotaron pozos con 12 pulgadas, como regio regalo. Aquel ranchero de Lagos, con tal confianza en el Hno. Damián, que perforó hasta cien metros, en piedra dura una buena parte de ellos, pero siguió firme a pesar de la extrañeza de los vecinos. No salió defraudado pues a los 105 metros brotó el precioso líquido con abundancia. Y las historias verídicas de este mismo tipo abundan.
La pequeña ciudad de Tingüindín, Mich. le debe el venero con que se sacia aún hoy día. Hay que ver la veneración que le tributan las autoridades y el pueblo.
A los cien años, aún, aceptó una invitación para ir a señalar un pozo en un rancho cerca de Saltillo. Como había una pendiente escarpada, hubo necesidad de hacer una especie de silla portátil para llegar al lugar apetecido. Tuvo éxito su expedición, pero había que ver con qué gozo relataba luego esta hazaña que le dio la última oportunidad para poner su don al servicio de los sedientos.
Más maravilloso aún se manifestaba su don al descubrir corrientes en planos, mapas, sencillos croquis de propiedades. Hubo maliciosos que le presentaban un planito de una propiedad o casa con pozo: él, siempre servicial, marcaba el punto rojo... que correspondía con la realidad.
Entre las pocas cartas que dejó al morir hay una que viene de Puerto Rico, en la que el autor, un Hermano, le da las gracias por el mapa tachonado con puntos rojos para indicar petróleo. Otra, procedente de Francia, pidiéndole señalar en un plano la presencia de alguna corriente de agua y su profundidad. Otra carta que venía de Santa Fe, N.M. (Sep. de 1981) le daba las gracias por haber señalado en un mapa una mina de plata... Dejó varios mapas de la República Mexicana o de algunos Estados en particular en que marcó las principales corrientes de agua que recorren el país. En los mismos mapas señaló igualmente los mantos petrolíferos, marcó lugares donde hay minas de oro, de plata, y de uranio también.
Su don de radiestesia no se centró únicamente en el agua, lo supo desarrollar en su totalidad, pero siempre según normas de la Iglesia, como alguna vez lo explicó.
Así los minerales preciosos en especial fueron detectados, lo mismo que los famosos tesoros escondidos en casas antiguas. Pasó luego al campo de las enfermedades y dibujó sus escalas para diagnosticar el estado de salud del paciente que se le ofrece como "testigo" con un mechoncito de cabello. Con su péndulo recorría sobre un croquis anatómico los órganos y apuntaba una nota sobre diez, según lo sano del órgano. Así millares de personas, curiosas muchas de ellas, recibieron su diagnóstico que correspondía casi siempre a la realidad. Dejó muchas escalas con graduación para diagnosticar por ejemplo la cantidad de glóbulos rojos, o blancos, la presión arterial, la glucosa de la sangre, el pulso. En fin, como para sustituir un laboratorio clínico.
Al mismo tiempo estudió las plantas con su poder nocivo, curativo o neutral sobre el organismo. La explicación de su longevidad se debe ciertamente al uso del péndulo para poder escoger los alimentos, frutas o bebidas que le eran favorables. Entre sus papeles hay por lo menos 50 plantas medicinales de las regiones conocidas, con su poder curativo sobre tal o cual órgano humano. Noventa y dos alimentos o bebidas fueron igualmente estudiados. Lástima que sea un tesoro que sólo él podía usar, en gran parte.
Al preguntarle cómo cayó en la cuenta de este don, contestó sencillamente que por 1930 vio a algunos Hermanos que hacían prácticas con la horqueta, en la finca Ntra. Sra. de Lourdes en Guatao. El también ensayó y experimentó las irradiaciones que pasaban de su cuerpo a la tierra. Desde este momento penetra por la entrada estrecha en la región misteriosa de la radiestesia. Pronto consigue algunos libros en francés y en inglés para descubrir los secretos de esta ciencia oculta. Profundiza también la doctrina católica sobre ella para conservar una íntegra ortodoxia. Y muy pronto llega a ser experto en el manejo de la varita o el péndulo para buscar manantiales escondidos en el seno de la tierra. Con cierta razón el periódico de La Habana y otras muchas lenguas lo bautizaron como "brujo o mago".
6. DISCÍPULO DE S.J.B. DE LA SALLE.
Es evidente que no poseemos ninguna información sobre sus primeros años como discípulo del Santo de Reims. Tuvo la suerte de vivir su primavera religiosa en un ambiente de gran fervor colectivo, de bonanza y prosperidad sin paralelo.
El fin del siglo viene a ser el apogeo del Instituto en Francia. Es la canonización del Fundador el 24 de Mayo de 1900 con su séquito de fiestas y panegíricos nacionales. Es el momento, en que la Congregación llega a su mayor número de religiosos en Francia: 10,000 lasallistas educan a miles de franceses. Es la consagración de su obra educadora en la exposición Internacional de París de 1900, con premios y diplomas. Es el inicio da un nuevo siglo, con las expectativas y augurios inherentes a fecha tan significativa.
Su formación se vio inmersa en esta euforia fecundizadora y heroísmo latente en todo hijo de Dios. Su provincia, Bretaña, constaba entonces de dos distritos muy prósperos: Quimper, con 476 Hermanos y 11,500 alumnos. Y Nantes, con 578 Hermanos y 13,656 educandos. El H. Damián pertenecía al de Nantes el cual había sufrido mucho un siglo antes con la Revolución Francesa. Célebres son los "Noyades" de Nantes, y los "Pontones" de Rochefort. El Hno. Monitor, fue ajusticiado en Rennes junto a 3 eclesiásticos y a tres mujeres, el 8 de octubre de 1794. En los pontones de Rochefort, la antesala de Cayenne, en las Guayanas, y penitenciaría nacional, se amontonaron sacerdotes y religiosos: siete lasallistas acabaron sus días en ese infierno de la muerte.
Pero pronto, en 1904, aparecieron los nubarrones y las tormentas devastadoras. Fue el ataque frontal oficial con la Iglesia y el derrumbe de las instituciones religiosas, congregacionistas, como se las llamaba. El Hno. Damián tuvo que asumir difíciles decisiones para su vida entera.
¿Cómo ser fiel a su ideal especificado en su sotana, como símbolo de su consagración? Optó por una expatriación lejana y definitiva, heroica en aquel entonces. Su fidelidad a su título de hijo de San Juan Bautista de La Salle no tuvo titubeos. Quién pudiera descifrar el misterio del corazón de los 2,000 Hermanos que abandonaron todo y como semilla llevada por la tormenta descendieron en tierras extrañas y apartadas.
Antes de la expatriación, el Hno. Damián pasó por la prueba del servicio militar que duró un año para él, puesto que su hermano mayor estaba haciendo el suyo de tres años. Fue fiel como siempre a sus nuevas obligaciones, como lo leemos en su "cartilla" que conservó: "Suficiente para que pueda ser movilizado" (1° de abril de 1903).
En cuanto a su carácter de religioso supo protegerlo con valor también: sus días de asueto transcurrían en una comunidad de Rennes siguiendo todas las actividades de sus miembros.
En esta fidelidad serena y sin rodeo renovaba sus votos religiosos con la periodicidad acostumbrada en aquel entonces. A los 28 años, pero en tierras cubanas del Vedado, podía consagrarse definitivamente al Señor "pour faire ce à quoi je serai employé".
El H. Damián quiso ser Hermano en totalidad y no fue ni fórmula ni rito ese 30 de julio de 1909, día de su aniversario. Fue donación total y definitiva "pour toute ma vie", y para él fueron, efectivamente, 73 años al hilo.
Al ponderar tal duración podría pensarse que la larga recta se convirtió a veces en curva o en línea quebrada. Aunque parezca ingenuo hay que decir que nunca se conocieron estas sinuosidades, eclipses, depresiones, tan humanas en toda vida.
Sus tres votos fueron realidades vividas en la plenitud.
Su pobreza, ejemplar a pesar de sus actividades remunerativas. En Cuba la norma de los Superiores para ejercer su don de radiestesista era como sigue: el solicitante pagará gastos de viaje más $25 dólares como honorarios, destinados al sostenimiento de las Casas de Formación. En los 20 años últimos las normas eran idénticas. Los pocos Directores que pueden testimoniar del cumplimiento de estas normas lo hacen de la forma totalmente positiva: nada guardaba para gustos o pretendidas necesidades suyas. En el vestir, alimentación, paseos, todo, era sencillo como exige o exigía la Vida Religiosa. Su último cuarto es cuarto de un monje: sin T.V., ni radio, ni aparato moderno; las comodidades de gente sencilla, en una palabra. Podía repetir las palabras del Beato H. Miguel a este respecto: "Deseo pocas cosas, y aquellas cosas que deseo las deseo muy poco."
En cuanto a su voto de castidad, su reserva natural, su retraimiento, fueron de gran ayuda ciertamente, lo mismo que sus lecturas científicas. Lo cierto es que hubo rectitud general en toda su vida y pudo llegar al final de su vida con su mirada diáfana, su sonrisa inocente, su interés por programas casi infantiles pasados por la T.V., su porte, en una palabra, todo exteriorizaba un corazón intacto, y con transparencia cristalina.
Al mirar su curriculum vitae notamos que las dos fórmulas de votos antes mencionadas hablan del alto grado con que realizó la obediencia que "es siempre un sacrificio de la voluntad por amor", según palabra del Papa Juan Pablo II.
Dieciséis comunidades y por lo menos veinticinco cambios diferentes con empleos nada vistosos: clase, auxiliar de cajero, vigilante, librería, economato. A todo decía "Sí" resignado y lleno de espíritu de fe como todo lo indica. “Se hizo obediente hasta la muerte”, hasta el final. La voz del Superior era la última razón de su actuar. Apelar a su obediencia era algo sagrado, aún en los momentos en que el sufrimiento lo molestaba especialmente en los últimos días de su existencia.
El cumplimiento de estos compromisos se explica por el alimento religioso de la vida interior. Su indefectible presencia a todos los actos espirituales de la comunidad, hasta tres semanas de su fallecimiento, dan prueba de ello.
Piedad sincera, constante, sencilla, reservada. Los Hermanos de Saltillo lo veían rezar su Rosario frente a una imagen de la Virgen Santísima en la capilla.
Sus oraciones favoritas se centraban en: "Dulce Corazón de Jesús, se mi amor. Dulce Corazón de María, sed mi salvación", como lo atestigua una hojita manuscrita.
Alimentaba su piedad en la fuente de agua viva, segura y limpia de la Sagrada Biblia. En sus últimos años pasaba dos horas por la mañana y otras dos horas por la tarde con su Biblia ya algo desbaratada por el uso, y sentado en un sofá de la sala de reunión comunitaria.
Una característica muy suya era su fidelidad a la Misa diaria. No podía faltar, y lo recordaba. En sus enfermedades pasajeras este punto lo tenía preocupado. Una vez se alegró de antemano cuando supo que podía ir a Misa al día siguiente: era la gran noticia.
Otra nota suya típica fue su espíritu comunitario. Con la comunidad y siempre donde fuera la comunidad. En sus últimos días no faltaba a ningún acto comunitario: comedor, capilla, sala de T.V. por la noche, paseos, excursiones. En una ocasión el Hno. Director lo invitó para dar una vuelta o salida en carro: "¿Es con la comunidad?" preguntó, "Sí", le fue contestado, "Entonces voy". Esta presencia en medio de los Hermanos era sencillamente admirable. Las manías que como callo se forran durante la marcha de la vida, no existían para él: ni caprichos, ni rarezas, ni régimen especial para nada: todo como la comunidad y con la comunidad. Algunos de los Hermanos, comentaron que durante 20 años entró dos veces a la cocina marcando su grado de austeridad.
7.- ITE MISSA EST.
La etapa de los cien años había visto pasar al H. Damián con vigor y entusiasmo.
Los ecos de las numerosas felicitaciones -iban poco a poco esfumándose en la penumbra del pasado. El, con su sonrisa infantil y misteriosa, había contestado con SI lleno de dicha y de esperanza, para alcanzar los 101 años.
Su vigor físico y mental no menguan: ni bastón, ni régimen alimenticio muy especial en las comidas, ni, sobre todo, ausencias a la levantada de las 5:30 de la mañana, ni mucho menos a los ejercicios comunitarios, ni menos aún en la celebración eucarística fuera de la casa.
Sin embargo, desde octubre de 1981, una ligera infección cutánea persistente, y el H. Director le pide que retarde la hora de la levantada. "Sin novedad en el frente" a pesar de cierto decaímiento.
A fines de mayo de 1982 se presenta una oclusión intestinal que exige internarlo en la "Clínica del Magisterio", de Saltillo. Allí, atendido día y noche por enfermeras y un Hermano, lo preparan para una intervención quirúrgica. Antes de presentarse en el quirófano una radiografía muestra que todo se está normalizando.
La alegría regresa a todos los rostros pues va a volver a casa dentro de pocos días. Pero he aquí que el 10 de junio de 1982, hacia las 9 de la mañana, mientras el Doctor lo está visitando, sucumbe a un paro cardíaco provocado por un edema pulmonar. De inmediato, el facultativo pone en movimiento el equipo de emergencia: menos de tres minutos después, el H. Damián "resucita" como dice una de las enfermeras, y sin trastornos mentales. Cuidados adecuados y esmerados auguran que podrá retornar a la casa pronto. El cardiólogo aconseja el empleo de un marcapaso. Viernes 18 de junio de 1982, es el día indicado para la operación en el Muguerza de Monterrey. En ambulancia es trasladado al hospital y la intervención exitosa se realiza antes de mediodía.
Todo parece normal y pronto "otra vez a casa" dentro de 2 ó 3 días.
Efectivamente, dos días después retorna, pero son sus despojos mortales que penetran en la capilla ardiente instalada en la casa de los Hermanos de Saltillo.
La muerte, según anuncio evangélico, había llegado más o menos de improviso; el domingo 20 de junio de 1982, a las 8 de la mañana, a la hora en que los sacerdotes lanzan el "Ite Missa est" al concluir el sacrificio eucarístico: el Hno. Damián había cerrado su carrera: podía irse en paz...
"Setenta años dura nuestra vida. Ochenta en los hombres más robustos" reza el Salmo 89.
Él había querido no hacer caso a la Biblia, pero en vano. La muerte con pasitos felinos había llegado para recogerlo, o más bien para cosechar la rica fruta madura y depositarla a los pies del Dios del Amor, "como la rama del árbol que se desgaja del tronco por el peso de la opulencia de sus frutos", como dijera Mons. D. Luis MJ Martínez en una homilía.
Ahora, revestido de su Hábito religioso, símbolo de su consagración total, espera ser sepultado en esa tierra mexicana por él escogida y preparada por Dios... ¡Misterio!... El, que había vivido 54 años en Cuba y esperado poder descansar en medio de sus 56 compañeros de ideal en el Cementerio habanero de Colón.
En la tarde y en la noche se suceden las visitas, las oraciones y los pésames interminables de padres de alumnos y amigos. Todos ven en él la personalización legendaria de lo que es un religioso.
Ejemplo de ello es la presencia de un joven de 20 años, desquiciado, y que estuvo llorando más de 2 horas junto al sarcófago pidiendo a "Damiancito que enderece su vida y le dé algo de lo santo que tenía".
El lunes 21 de junio de 1982, a las 10 de la mañana, fue la misa fúnebre de cuerpo presente. La Iglesia del Santuario desborda de asistentes entristecidos y pensativos.
El P. Chapo, tan conocido de los lasallistas, celebra la eucaristía que fue siempre el alimento indefectible del difunto.
El Evangelio desgrana las Bienaventuranzas y todos en ellas reconocen el retrato de quien puede decir: "He terminado mi larga jornada, regreso a casa". Fue humilde, sencillo, pacífico por excelencia, puro de corazón con su alma de niño, perseguido por la justicia y por su compromiso con Dios. De él "es el Reino de los Cielos" ' ahora.
Llevados al cementerio del Santo Cristo, sus restos mortales esperan la resurrección. Solitario y callado, más que nunca, es pionero lasallista entre tantos saltillenses en este cementerio: su predecesor H. Néstor Victorie, fallecido en 1910, descansa en el antiguo camposanto.
El H. Director, Jorge García Abaroa, pronuncia entonces con hondura el adiós a quien deja un inmenso vacío en la Comunidad Educativa del Colegio Ignacio Zaragoza". Elogia su fortaleza, su entrega, su vitalidad, sencillez, humildad. Hace hincapié en su fidelidad inconmovible, aplicándole las etapas seguidas por Ntra. Señora durante su vida, tan magistralmente desarrolladas por S.S. Juan Pablo II en su homilía en Catedral, durante su visita a México, 1979:
Buscó el camino querido por el Creador desde su adolescencia a inspiración de su mamá. Acogió o aceptó el misterio de Dios en disponibilidad, con el fin de ser habitado por Dios. Así, fue su Fiat real y sin vacilaciones durante su existencia entera. Hubo coherencia en su vida porque respondió siempre con su consagración contemplada con mirada cristalina y abrazada con corazón incontaminado.
La culminación de esta fidelidad se selló con la duración, la constancia de cien años en su caso. ¡Más no se puede dar!..., pero únicamente le fue factible porque su voluntad se ató a la Estrella de la Fe, y a pesar del aire malsano y enrarecido que respiró a diario él también, y sobre todo por las dos expatriaciones que escogió con valor.
Una oración íntima surgió del corazón al retirarse cuyo tenor pudo ser así:
!Oh! Damiancito, encuéntranos vocaciones religiosas de tu temple y de tu duración. Encuéntralas por tu intercesión, tu testimonio centenario, o por tu bolita de "guao", pero haz que broten aún de la profundidad de las tierras estériles, como manaba el agua de vida bajo tu vara mágica. Así, la mies del Señor tendrá numerosos segadores después de haber tenido sembradores incansables.
Para su centenario, el Hno. Damián recibió la medalla -"Pro Ecclesia et Pontifice Joannes Paulus II".
Gracias Hno. Damián por tu fidelidad en la educación cristiana y tu testimonio como Hermano de las Escuelas Cristianas, en Cuba y en México.
Hno. Bernard Grousset, fsc