La Alegría del Jubileo
La alegría forma parte integral del jubileo. De entrada porque hay una gran alegría en tener esperanza. La alegría cristiana es una alegría especial. La palabra “alegría” como tal, aparece 187 veces en la Biblia (al menos en la Biblia de Navarra) y tiene que ver con motivos diversos: por ejemplo, alegría cuando el rey David trasladó el Arca de la Alianza; cuando se vuelve a leer el libro de la Ley después del exilio en Babilonia; o los Salmos nos dicen que sirvamos a Dios con alegría.
Es difícil pensar en alguien que nunca o casi nunca experimente la alegría pero… ¿es posible estar siempre alegres? Precisamente la alegría cristiana es lo que pretende. Jesús promete en el evangelio a sus apóstoles que “se les alegrará el corazón y nadie les quitará su alegría”. No es una alegría que provenga de no tener problemas, o de no experimentar dolor o contrariedad.
El Papa nos recuerda en el documento del Jubileo que esa alegría está anclada no en la ausencia de dificultades sino en el amor: “Soy amado, luego existo; y existiré por siempre en el Amor que no defrauda y del que nada ni nadie podrá separarme jamás”. La alegría más grande del cristiano, la alegría “a prueba de balas” es esta: que pase lo que pase, el amor de Dios estará siempre con nosotros.
Puedes pedirle a la Virgen María que vivamos siempre la alegría de saber que Dios nunca se aleja de nosotros. Y si perdemos esa alegría porque nosotros nos alejamos de Él, podemos siempre recuperarla con esperanza por la eterna misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la confesión.