Las TICs influyen positivamente en nosotras como estudiantes de educación inicial y futuras docentes, ya que la tecnología avanza rápidamente y nos equipa con competencias techno-pedagógicas clave, como el diseño de actividades interactivas mediante Google Workspace, Genially o Powtoon, que estimulan la creatividad, el aprendizaje lúdico y el desarrollo psicomotriz en niños pequeños. En este curso, hemos aprendido a manejar adecuadamente cada herramienta, conociendo más sobre estas aplicaciones para implementarlas de forma efectiva y crear recursos atractivos y motivadores que fomenten la participación activa de los estudiantes. Esto nos permite experimentar metodologías innovadoras, como WebQuest adaptadas a edades tempranas o IA para personalizar contenidos, promoviendo aulas inclusivas, mayor motivación y seguimiento individualizado del progreso infantil.
Aunque existen desafíos como la brecha digital, el exceso de tiempo frente a pantallas y la necesidad de formación continua, con instrucciones adecuadas y capacitación estratégica podemos aprender a manejarlos eficazmente, superando resistencias, garantizando un uso ético y evitando distracciones en redes como Instagram. Así, las TICs potencian nuestra autonomía profesional e innovación pedagógica, alineándose con el desarrollo integral infantil mediante una integración estratégica y equilibrada que priorice la interacción humana.
En un mundo donde las TICs reconfiguran radicalmente la educación y la cotidianidad humana, ofreciendo puertas al conocimiento infinito pero también abismos de aislamiento y desigualdad, surge una pregunta ineludible: ¿somos dueños de la tecnología o sus cautivos? Su poder transformador —democratizando aprendizajes y conectando realidades— choca con sombras como distracciones crónicas, brechas que excluyen y dependencias que erosionan lo esencial: el contacto humano auténtico. Tomar conciencia no es opción, sino deber ético: educadores, estudiantes, familias y cada individuo debemos cultivar una vigilancia reflexiva, impulsando usos regulados con normas compartidas, supervisión consciente, filtros protectores y conversaciones francas sobre peligros, colocando siempre el florecimiento infantil (emocional, social, integral) por encima del embrujo digital.