Esta investigación en curso explora la enseñanza de la fotografía a través de entrevistas con profesores de cursos institucionales y talleres independientes. Centrada en la pregunta clave, ¿Para qué enseñar fotografía?, busca comprender los entornos, los actores involucrados, sus enfoques educativos y el impacto de las redes profesionales en el ámbito fotográfico. El estudio se concentra específicamente en profesores que privilegian la fotografía de autor, con especial atención en la narrativa de la fotografía editorial.
Al inicio de la investigación, se destacó la importancia de la teoría fotográfica en el currículo y la necesidad de actualizar la perspectiva educativa. Se hipotetizó que la teoría podría servir como guía para adaptar las prácticas docentes a los avances tecnológicos y la digitalización. Esta perspectiva se refinó durante el primer año de trabajo, revelando que, aunque la teoría fotográfica es crucial, no ocupa un lugar central en la práctica; más bien, constituye un nicho especializado. Así, se hizo evidente la necesidad de explorar la dinámica propia de la teoría fotográfica como un objeto de estudio en sí mismo.
Un informante clave para acercarnos a estas afirmaciones es José Pablo Concha, doctor en filosofía y destacado autor de cinco libros sobre teoría fotográfica, dirige el diplomado en Estética y Fotografía Digital en la Universidad Católica de Chile. Nos comparte las barreras que enfrentó para acceder a literatura fotográfica en Chile, limitada por la censura de la dictadura y la escasez de traducciones al español. Destaca la fragilidad y el carácter colonial de los estudios teóricos en fotografía, proponiendo en su obra "Fotografía sin más" un enfoque descolonizador desde la perspectiva latinoamericana.
Otros profesores, como Guadalupe Arriegue de la Universidad de San Martín, Argentina y Héctor López director del instituto ARCOS, comparten esta visión crítica. Arriegue subraya la importancia de revisar los enfoques de Silvia Rivera Cusicanqui para explorar nuevas cosmogonías, mientras que López destaca la emergencia de un cuerpo teórico chileno en respuesta a la censura, entre los años 80 y 2000.
No hay que olvidar que la literatura teórica sobre la fotografía es relativamente reciente, su aparición coincide con el cierre de un largo proceso de institucionalización de la fotografía surgido en la posguerra Stuart, A., (1998) y que podemos cerrar su primera parte en la década de 1980. Dicho proceso consistió en la normalización de la práctica fotográfica: leyes de autor, la entrada a los museos de arte, la subdivisión del trabajo, el establecimiento de fototecas, de escuelas especializadas. Estos elementos permitieron a la fotografía convertirse en una actividad profesional e incluso fomentaron el surgimiento de la teoría fotográfica, Smith, P., & Lefley, C. (2015). La expansión de la práctica fotográfica generó un interés en la sociedad por entender lo fotográfico y quedó rebasada la romántica y anticuada definición etimológica de la fotografía. En ese sentido, Douglas Crimp anotó: “La fotografía fue inventada en 1839 pero descubierta en 1960” Elkins, J. (Ed.). (2013).
Surgieron definiciones más complejas y arriesgadas como las de Roland Barthes en la Cámara Lúcida, que retomó la pulsión de muerte de Freud y el Touché de Lacan para construir su concepto de Punctum. Para definir el sentido del lenguaje visual hizo paralelos entre la lingüística y la imagen con un enfoque semiótico ligado al mito. O André Bazin que conecta la definición ontológica de la imagen, con los arquetipos, haciendo una analogía entre los deseos mágicos de conservar la vida de los egipcios a través de la momificación, con los efectos psicológicos derivados de la mimesis fotográfica de la realidad, Bazin, A. (1965). Faltaría por incluir a Victor Burgin, artista conceptual que detonó la crítica al realismo romántico e hizo una de las primeras recopilaciones de la teoría fotográfica . Burgin, V., (1982) En esa literatura se revisó el paradigma realista y se cuestionó la objetividad documental. Se puso de relieve el sentido subjetivo e ideológico de la imagen fotográfica, así como su función simbólica.
La enseñanza fotográfica en Latinoamérica se nutre tanto de debates ontológicos europeos como de una rica tradición teórica centrada en la narrativa y los problemas sociales, poniendo al sujeto y su libertad de expresión en el centro del proceso educativo. Profesores como Walter Blas, Carolina Vásquez, y Anamería Briede enfatizan en enseñar la fotografía como una forma de empoderamiento personal y político. Con diferentes matices afirman que lo fundamental está en enseñar para la libertad. Desde quién afirma como Walter Blas que la fotografía es política y que de lo contrario es un objeto superficial y decorativo, a posturas como la de Carolina y Anamaría que afirman que lo central está en fortalecer al sujeto, por tanto su libertad de expresión.
Los entrevistados, ejerciendo doblemente como fotógrafos y educadores, abordan ambos aspectos en su práctica, destacando el modelo de la "Escuela al aire libre" como un ejemplo emblemático. Figuras como Fernando Aceña, Walter Blas y Verónica Soto han puesto en marcha proyectos de escuelas itinerantes utilizando cámaras oscuras portátiles de gran tamaño, capaces de albergar hasta ocho personas. Estas iniciativas llevan el aprendizaje fotográfico a escuelas rurales, recorriendo desde el sur de Chile y las faldas de los Andes hasta el norte árido en la región de Coquimbo, mediante el uso de cámaras adaptadas que funcionan como casas de campaña. A través de este enfoque, estos educadores no solo enseñan fotografía; también abrazan una misión educativa con profundas implicaciones políticas, inspirándose en la visión de Gabriela Mistral sobre la educación al aire libre para llegar a las comunidades más remotas. Este enfoque subraya que su labor trasciende la mera ontología fotográfica, enfocándose más bien en el potencial de la fotografía para propiciar el cambio social.
En el estudio de Peter Smith y Carolyn Lefley (2015), profesores universitarios de la University of West London y University of Hertfordshire respectivamente, se puede dar cuenta que la perspectiva de los académicos ingleses se centran en el fortalecimiento del autor a través de la reflexión conceptual, mientras que los educadores latinoamericanos priorizan el contenido de las imágenes para reafirmar la autonomía social del individuo, demostrando una enseñanza de la fotografía profundamente arraigada en el contexto social y cultural de América Latina.
Es necesario reconocer que la investigación está en proceso y si bien estos avances en el estudio permiten plantear líneas de trabajo para conocer y documentar la docencia de la fotografía en América latina, todavía son conclusiones parciales. Por el momento se han trabajado 10 casos, de los cuales se han postproducido 6 cápsulas y se ha recolectado información de cinco países: Argentina, Chile, Uruguay, Perú y Ecuador. Estos casos son representativos pero no son suficientes para cerrar el panorama. Ahora es necesario ampliar la cantidad de casos, incluyendo los casos no latinoamericanos referidos en la investigación de campo, y la sistematización de la información ya recolectada.
Para cerrar, quisiera reconocer que esta investigación ha sido apoyada por varias personas y organizaciones, agradezco: a Aníbal Mangoni del Centro de Estudios de Fotografía de Córdoba, por el impulso y los contactos; a Guadalupe Arriegue de la Universidad de San Martín por su generosa discusión del tema y recomendaciones; a Julieta Escardó de TURMA por abrirme los mapas de ruta que ya conoce; el apoyo e inspiración del FIFV, sumado a las recomendaciones de Anamaría Briede y Rodrigo Gómez Rovira; a la lectura diligente de Ruth Guzik Glantz, por su escucha y su retroalimentación; a Selina Vázquez, ayudante de la investigación; y para finalizar, a la UACM por apoyar el presente trabajo durante la convocatoria 2023 de financiamiento a la investigación.