El Grup per a la Recerca de la Memòria Històrica habla de más de 300 galerías subterráneas en toda la provincia de Castellón.
Castellón cuenta con cerca de 300 refugios antiaéreos de la Guerra Civil, según consta en los listados procedentes del archivo municipal a los que ha tenido acceso el Grup per la Recerca de la Memòria Històrica de las comarcas de Castellón. Estas galerías(Vídeo) recorren la práctica totalidad de la ciudad y, pese al paso del tiempo, siguen en pie, pero enterradas en el olvido. Permanecen en la memoria de quienes cavaron para construirlos y de quienes los pisaron para protegerse de las bombas durante el conflicto, pero también de los castellonenses que quieren conservar su patrimonio civil. El historiador y miembro del Grup per la Recerca en las comarcas de Castellón, Juan Miguel Palomar, explica que el colectivo tiene constancia de la existencia de 43 refugios públicos, construidos por las administraciones y unos 250 privados. Los privados "corresponden a excavaciones de vecinos con escasa infraestructura". La prevalencia de los particulares sobre los públicos se explica en la necesidad de disponer de estas galerías para protegerse de proyectiles y bombas, por lo que muchos castellonenses crearon los suyos propios.
Sin embargo, "no hay estudio ni catalogación" de los mismos. De hecho, Palomar lamenta que "en el Ayuntamiento de Castellón prima el silencio en materia de memoria histórica".
El historiador hace referencia tanto a "iniciativas como a subvenciones", ya que hace unas semanas el Consistorio anunció el listado de organizaciones castellonenses beneficiarias de ayudas y el Grup per la Recerca quedó fuera. Los refugios antiaéreos en Castellón estaban, según explica Palomar, "excavados a pico y pala en la tierra, aunque siete de ellos son de cemento". Uno de los relatos que recuerdan lo vivido por los castellonenses en la página web del colectivo en defensa de la memoria histórica explica que las galerías se construían a 18 metros de profundidad, "ya que a 20 aparecía el agua".
Las infraestructuras más importantes eran las de la plaza y calle Major, plaza Tetuán, plaza de la Independencia, calle Navarra y San Roque. Según las mismas fuentes, los más grandes, es decir, los citados anteriormente, tenían capacidad para albergar a 1.000 personas, pero la mayoría sólo podían acoger a entre 20 y 150. "Se proveían de lámparas de aceite y sebo para alumbrarse y útiles como sillas, platos y vasos. Además, estaba prohibido pernoctar", describe Palomar. Pero, por fin, las centenares de galerías que recorrían el subsuelo de la ciudad dejaron de utilizarse y, con la intención de cerrar heridas, fueron tapiándose los refugios. De hecho, algunos tramos subterráneos quedaron incompletos. Este es el caso de los que se construyeron bajo el edificio de Escuelas Pías, la plaza del Rey, la plaza Diputación o la plaza Isabel la Católica. Así, cerrados, pero sin escapar al olvido de los que los conocieron, los castellonenses más jóvenes pasean por las calles de la ciudad sin conocer que bajo sus pies se escribió parte de su historia.
Uso cultural
Ahora, estas galerías salen a la luz cuando el desarrollo urbanístico se topa con ellas. "De vez en cuando, hay alguna noticia en prensa de algún hundimiento producido por los refugios. Por ejemplo, el la calle Colón y en la avenida Rey Don Jaime", recuerda el historiador. Muy cerca se encuentra el refugio de La Farola, de éste se sabe que "está en buen estado, pero es de difícil acceso". De los que permanecen en pie, Palomar destaca el de la plaza Tetuán, bajo el edificio de Correos.
De hecho, presenta un buen estado de conservación, gracias al refuerzo de cemento que se aplicó en los años 50. También el antiaéreo del IES Ribalta ha soportado el paso del tiempo. Según explica Mario Almela en la página del grupo, el refugio que se encuentra bajo el instituto está en "relativo buen estado y son unas instalaciones que podrían reformarse y utilizarse para llevar a cabo actos culturales y didácticos, según reclama el grupo de investigadores". También explica que la trampilla de entrada a las galerías está en la sala de profesores y el refugio se localiza tres metros por debajo del nivel del suelo. Además, aporta que "todos los refugios tenían varias entradas para evitar quedar atrapados a causa de los derrumbes causados por los bombardeos, como el del Ribalta".
Pero no todos los refugios de la época han llegado hasta nuestros días. Es el caso del de la plaza Santa Clara, que fue sustituido por el actual aparcamiento subterráneo, pero en su día, las galerías contaban incluso con varias chimeneas distribuidas en la plaza para cumplir la función de respiraderos. También desaparecido está el de la plaza Las Aulas, "que fue destruido con el gobierno socialista. Del resto de desaparecidos no tenemos información", según describe Palomar.
Los refugios en la provincia
Pero no sólo la capital de La Plana fue bombardeada y, por tanto, necesito de los refugios antiaéreos. Según los estudios del Grup per la Recerca de la Memòria Històrica, en la provincia hay contabilizados 22 en la Vall d'Uixò, 36 en Segorbe, además de en Betxí, Burriana o Vila-real, entre otros municipios. Palomar explica que en "Almassora, con el apoyo del grupo se pudo al menos indicar donde se aloja un refugio, aunque no se conservó al no tener valor cultural, según los arqueólogos". "En Burriana quieren abrir un pasadizo en el pabellón de música, como iniciativa del municipio", aporta el historiador. Desde el Grup per la Recerca de la Memòria Històrica de las comarcas de Castellón se apuesta por acondicionar algunos de estos pasadizos para darles nuevos usos. En este sentido, Juan Miguel Palomar explica que "se presentó una propuesta al A
El colectivo "ha defendido el patrimonio material de la ciudad a través de estudios e iniciativas en la ciudad y provincia, como con la muestra Castelló sota les bombes.yuntamiento de Castellón para acondicionar el de la plaza Tetuán como centro cultural. La idea era que al menos un refugio quedara como resto del pasado y enseñanza para el futuro. Muchas personas se interesaron por el proyecto, menos el Ayuntamiento, que no contestó al escrito", lamenta el historiador.
Levante de Castellón
Alberto Fabra recibió ayer, 8 de julio, a la Asociación de Refugios Históricos de Castelló y trasladó el apoyo del Ayuntamiento a su "labor de recuperación del patrimonio de toda la ciudad" de estos elementos defensivos que datan de la Guerra Civil. La Asociación de Refugios Históricos de Castelló ha realizado una visita al Ayuntamiento para presentar las actividades y proyectos que tienen previstos en los próximos meses. Entre los presentes en este encuentro estaban Manuel Altava, presidente de la Asociación de Refugios y el concejal de Cultura, Miguel Ángel Mulet. El alcalde ha destacado que van a apoyar la iniciativa que parte de esta asociación que "seguro que van a desarrollar su labor con rigor histórico y con imparcialidad".
Mulet ha comentado también que "pensamos que mantener nuestra historia para analizarla con objetividad y aprender de nuestras virtudes y nuestros errores es importante para la evolución de nuestra sociedad".
Ricardo Pardo, responsable del Aula Militar "Bermúdez de Castro" de la capital, ha destacado que "en Cas
telló se construyeron muchos refugios. Algunos de ellos son bastante conocidos, como el que se encontraba en el subsuelo de la actual Plaza Sta Clara y el que se encontraba bajo el Instituto de Segunda Enseñanza, hoy IES Francisco Ribalta", de grandes dimensiones utilizado para el refugio de los alumnos. "La ciudad contaba con refugios suficientes para acoger a las 37.000 personas que por aquel entonces vivían en Castelló". El presidente de la Asociación, Manuel Altava, ha expresado su deseo de que "este trabajo sirva también para potenciar el uso cultural y turístico de estos refugios, tanto para los vecinos y vecinas de Castelló como para los visitantes a la provincia".
Refugios en Castellón
Según los diccionarios un refugio antiaéreo es una “construcción adecuada destinada a proteg
er las personas de los efectos de los bombardeos aéreos, especialmente subterránea, de hormigón armado”. Durante esta guerra los refugios serán fundamentales, por que la aviación y los bombardeos representaron un papel importante en la guerra. La población cuando escuchaba el ruido de las sirenas o de los aviones, buscaban un escondite bajo tierra. En otros lugares, la gente huía hacia las montañas o a alguna cueva. Hasta marzo de 1937 no hay ninguna referencia sobre refugios en Castellón. El bombardeo del crucero “Baleares” el 23 de marzo de 1937 será el detonador que hará que las autoridades de Castellón se preocupen de la situación.
La junta de defensa, que era una entidad pública que organizaba la protección antiaérea, define en sus memorias como se construía un refugio: < Deben construirse en terrenos compactos y resistentes, en general, sin peligro de filtraciones > que se situarán en plazas o calles grandes y da datos técnicos , de medidas y de instalaciones de aparatos ventiladores y generadores para la defensa antigás. Tenían que hacerse con un pavimento de hormigón eficaz contra las bombas de aviones. En cada distrito la Junta del Distrito organizaba sus refugios y cada uno de ellos tenia un responsable propio. La iniciativa pública quería llenar todo Castellón, pero la falta de fondos y el avance de la guerra frenaron gran parte de las propuestas. Muchos vecinos se crearon sus propios refugios particulares en sus casas. Muchos pasadizos permitieron comunicar los refugios, formando un mundo subterráneo de entradas y salidas.
La mayoría de los refugios eran privados, unos 300, en contra de los 43 públicos. Los públicos eran unas galerías subterráneas excepto 7 que eran de cemento armado. En el grao los refugios eran superficiales debidas a las condiciones del terreno.
Los refugios públicos estaban preparados para recibir entre 100 y 200 personas, los mas grandes hasta 1000. Se situaron en diversos sitios : calle Mayor, plaza Sixto Cámara, plaza Clave , calle San Roque,, calle Teodoro Izquierdo, calle Navarra, plaza Cuartel, calle Fola, calle Gobernador; plaza Tetuán, plaza de la independencia, calle Félix Breva y calle Vilarroig Temprado. Los particulares tenían una capacidad entre 20 y 150 personas, excepto el de la calle Dolores Ibárruri (calle Cavallers) con una capacidad para 350 personas.
Vida en los refugios
El principal problema eran las aglomeraciones. Cuando escuchaban las sirenas la gente acudía al refugio mas cercano, pero la mayoría de personas esperaban a escuchar el ruido de los aviones y por lo tanto cuando iban hacia el refugio se producían aglomeraciones de gente a las entradas de los refugios. Por eso se creo una guardia de vigilancia.
Otro obstáculo era el amontonamiento de tierra en las calles y en la entrada de los refugios. Se fomentaron campañas para limpiar las calles, pero a medida que iban avanzando los bombardeos, se hacia mas difícil limpiar los escombros de las calles.
El interior de los refugios se iluminaba con linternas de aceite. Los refugios disponian de bancos y sillas para sentarse, ropa para cambiarse, y algunos hasta estanterías para colocar platos y vasos. Pero aunque estuvieran bien preparados, estaba prohibido pasar la noche dentro.
Si la alarma se prolongaba, había riesgo de asfixia, por eso se instalaron sistemas de ventilación, como las chimeneas de Santa Clara.
Financiamiento
En junio de 1937 la Junta de Defensa propuso la construcción de 250 refugios, con una capacidad de entre 100 y 200 personas, para acoger 37000 personas y con un presupuesto de 10 millones de pesetas. Se hicieron subscripciones en una cuenta para donativos, y se creo un cuerpo de voluntarios. Se fijaron los días de trabajo y aprovecharon la mano de obra de los presos como en Santa Clara.
Desde el Consejo Municipal de Castellón se pretendió construir un refugio de 100 personas en julio de 1937 por un coste total de 97.117,69 pesetas, i otro para 200 personas por un total de 113.964,13 pesetas. Pero este proyecto fue rechazado por la falta de recursos económicos, por lo que la cifra total de recursos se redujo a 150. Pero al final solo se hicieron 100, con un presupuesto de 8 millones de pesetas, financiadas entre el Ayuntamiento i el Estado.
A finales de 1937 hubo problemas para obtener hierro y cemento. Las construcciones se retrasaban y el Ayuntamiento tubo que recurrir a donaciones populares, i diversas obras para recaudar fondos.
El último acuerdo municipal fue el 7 de junio de 1938 y habla de la paralización de la construcción de refugios por los peligros de la aglomeración de tierras. Cuando la ciudad cayó, solo se habían construido 43 refugios.
Después de la guerra
Terminada la guerra la mayoría de las entradas de los refugios estaban embozadas. Durante los años 50 el ayuntamiento franquista , preocupado por la cantidad de bunkers en la ciudad y por los hundimientos de la plaza Tetuán y la Avenida del Mar, pretende consolidar y reforzar los refugios.
Actualmente aun se conservan algunos refugios como el de “La Farola”, que ha sido restaurado y se puede visitar