BIOGRAFÍA
Adelaida García Morales nació en Badajoz en 1945. A los trece años se mudó a Sevilla, de donde eran sus padres hasta que se fue a Madrid para estudiar la carrera, se licenció en Filosofía y Letras en 1970 en Madrid y allí estudió también escritura de guiones en la Escuela Oficial de Cinematografía.
Trabajó como profesora de secundaria de lengua española y filosofía, fue modelo, actriz, formando parte del grupo de teatro Esperpento e intérprete para la OPEC en Argelia. Vivió durante cinco años en La Alpujarra, Granada.
Debutó en 1985 con un aclamado volumen que reunía dos relatos: El Sur y Bene. La primera sirvió como base de la película de Víctor Erice que lleva el mismo nombre.
Con su siguiente obra, El Silencio de las Sirenas, que transcurre en la localidad de las Alpujarras, obtuvo el Premio Herralde de Novela y el Premio Ícaro por Diario 16.
EL ORIGEN DE LA ESCRITURA
Recogemos un fragmento de una entrevista que dió al periódico El Cultural
-¿Y por qué escribe?
-En el inicio de mi escritura está la imitación a mi madre, una mujer distante que se encerraba en una habitación con su máquina de escribir, pero que nunca llegó a publicar. Y luego, más adelante, la necesitad propia, interior.
-¿Ha habido algún momento en el que no haya tenido ganas de contar o no haya tenido qué contar?
-Sí que ha habido épocas de traumas fuertes en las que no he escrito nada, como sucedió entre El silencio de las sirenas, y La lógica del vampiro, a causa de un problema que tuvo mi hijo pequeño.
-En casi todas sus novelas las protagonistas son mujeres luchadoras. ¿Qué es lo que las mueve? ¿Cree que la literatura actual está necesitada de “heroínas” de mujeres protagonistas?
-Prácticamente ninguna tiene que ver conmigo, pero las elijo porque a los hombres los veo como algo oscuro, quizá con pocas cosas a las que asomarse, y me resultan difíciles. En cambio las mujeres, como mis protagonistas, son luchadoras, buscan algo. Creo que la mujer de mi generación ha tenido que romper más prejuicios que el hombre, es más luchadora, más dura, compleja, incorpora las emociones, las experiencias. Ahora le toca a la mujer participar, y hay que prestarle atención. El hombre ha jugado su partida con la existencia y la ha perdido, nos ha llevado a la catástrofe. La mujer es la reserva que le queda a la vida, por sus valores, por ser más altruista, aunque la sociedad, hasta ahora, nunca le haya pedido a la mujer ser alguien.
Fragmento de entrevista en ELCULTURAL.ES