Historia de la Casa Forestal
Web de José Ramón Francia Silva
Web de José Ramón Francia Silva
Historia de la Casa Forestal
Si nos remontáramos a principios del siglo XX veríamos estas montañas que rodean la casa forestal y que llegan hasta el alto del puerto de Piqueras, empezándose a sembrar de pinos y año tras año dar un nuevo color a esta superficie diferenciada de la perteneciente a Lumbreras.
Se construyó una casa amplia, con varias viviendas: Dos abajo y una arriba. También con diferentes anexos, a ambos lados de la casa, para útiles y animales.
Acceso a la Casa Forestal
Se trajo el agua de un manantial un poco más alto que la edificación, a unos 200 metros y se construyó el tejado de madera de haya, traída de “Los Barranquillos”: Ahora, como consecuencia de las talas, solo queda allí haya delgada.
Pinar de las inmediaciones de la Casa
La repoblación se extiende por zonas no plantadas.
Un poco antes de llegar a la casa y a mano derecha cerca del barranco había otra fuente “La Teja”, muy apreciada por los ganaderos.
El hacer una huerta-vivero al lado de la vivienda, con una alberca para regar, solucionó “in situ”, el problema de la repoblación.
Huerta de plantación muy utilizada en el siglo XX, abandonada como vivero de plantas.
La huerta-vivero ya sin utilizar y casi "confundida" como pinar.
Cuando el ingeniero D. Jesús Briones, a principios del siglo XX, decidió construir esta casa y la Huerta-vivero, muchos se llevaron las manos a la cabeza pensando lo disparatado que era el intentar plantar pinos en todos estos montes. “Ese hombre está loco”, decían los de San Andrés.
No obstante y aunque Logroño quedaba entonces tan lejos, él en su carro tirado por un caballo, subía y veía como su proyecto se hacía realidad. Por entonces, el Servicio Forestal tenía un caballo, que estaba en Villanueva, que era hasta donde subía en coche de viajeros. A partir de aquí era “la tartana o tilburí”, con el caballo al frente, la que completaba los desplazamientos hasta el Vivero y viceversa.
Uno de los pocos descendientes de los chopos que plantaron a los lados del camino de entrada hace 100 años.
Según pasaban los años, las semillas en el vivero iban germinando y estas montañas se iban cubriendo de pinos con la producción del vivero. Y no solamente aquí en Pineda, sino en el ahora Parque Natural de Cebollera, tanto en la vertiente de Lumbreras como en la de Villoslada (los pinos de la entrada a mano izquierda de la carretera de este pueblo, se trajeron del Vivero); En diversas partes de La Rioja, las plantas de este vivero fueron las que repoblaron sus montes.
En 1970, bajo la dirección de D. Julián Francia, se le renovó todo el tejado a la casa y no fue de haya como el original, sino de pino ya autóctono. También se acondicionaron parte de los interiores.
Esta solitaria casa en medio del pinar ha albergado durante su historia y ahora actualmente, a muchos guardas forestales, que en el pasado, con jornadas de 24 horas, sin apenas permisos ni vacaciones dedicaron su vida profesional a la mejora del medio ambiente. Al principio estaban siempre en pareja, pero a partir de 1960 aproximadamente, de forma individual.
La Casa Forestal hacia la mitad del siglo XX.
A principios del siglo XXI
Francisco, Anselmo, Luciano, Isidoro, Felipe, Julián, Demetrio, Braulio, Segundo, Fructuoso, José Antonio.., han sido los que hasta casi finales del siglo XX, vigilaron el pinar y cultivaron el vivero.
Demetrio de Francisco y Julián Francia, en la puerta de El Vivero en 1945.
Como significativo a señalar es que el guarda o agente forestal jubilado D. Julián Francia ha vivido o “guardado” la Casa y el entorno de La Pineda en tres momentos a lo largo de la vida, con lo que ello conlleva en vivencias, conocimiento del entorno y trabajos desarrollados: De 1921 a 1927, cuando tenia entre 2 y 8 años, ya que su padre D. Felipe estaba destinado allí como guarda. El 10 de Julio de 1945 entró D. Julián Francia, ya de funcionario, durante unos años. Y de 1979 a 1985 custodiando la Casa y la Zona Forestal, aunque con residencia en el desaparecido Pajares.
Julián Francia con sus nietos, a la entrada de la casa, en 1985.
Duros eran los inviernos con tanta soledad y con la escuela en San Andrés para los hijos de los guardas, no obstante con la llegada del verano las personas se multiplicaban en la casa. Durante decenios los ingenieros veraneaban en la planta noble de la casa acompañados de toda la familia, ya que la vivienda de la primera planta estaba acondicionada para ello. Además disfrutaban de la “piscina” que suministraba el agua al vivero para bañarse. La pareja de Guardas Forestales, en aquellos años de la postguerra, también se alegraban de que llegaran las vacaciones de verano, no para hacerlas, que no las hacían, sino porque los sacos de 100 kg. de harina que traía el ingeniero y que ellos amasaban, era un aliciente muy sabroso, en aquellos años de penuria, incluso a la hora de hacer el pan en el horno de la casa.
Alberca o "piscina" utilizada para regar la huerta de plantación, y de manera esporádica para bañarse.
El coger la manzanilla que crecía y que casi se ha perdido ya, en las zonas más húmedas de los alrededores, era además de una provisión para atenuar determinados males a lo largo del año, un aliciente para distraerse por los alrededores.
Manzanilla en los alrededores.
También ha habido momentos desagradables, que mejor sería no recordar, en esta Casa Forestal; y fue en la década de los 80 cuando rajaron con un hacha la puerta principal del edificio.
Pero, olvidando este paréntesis desagradable, por lo demás, el cantar de los pájaros a lo largo del año y el “ruido” los días de viento, de la copa de los pinos movida por el viento, constituían y constituyen los sonidos más característicos que se escuchan en la soledad del entorno. Los cencerros del ganado y sus emisiones guturales eran también compañeros lejanos de los que habitaban la casa y, en determinadas épocas con la extracción de los pinos, los leñadores compartían durante unos meses los anexos de la casa, mientras duraba “la corta”.
La incomunicación anterior a los años 60 fue disminuyendo con la distribución de motos por parte del Distrito Forestal (actualmente Icona). Más adelante D. Fructuoso pudo llevar sus hijos al colegio ya con el coche y trajo la televisión a la Casa. Ahora con la mejora de las carreteras y la llegada de los “todoterrenos” todo se ha vuelto diferente. No obstante hace falta una gran voluntad, espíritu de sacrificio y un gran amor a la naturaleza para vivir en una casa forestal aún hoy en día.