Comprende todos los procesos por los cuales los seres vivos obtienen la energía y las sustancias que necesitan para vivir.
Abarca todos los procesos por los cuales los seres vivos se relacionan consigo mismos, con otros organismos y con el medio que los rodea.
Sin esta función, los seres vivos serían incapaces de nutrirse y reproducirse, pues gracias a ella perciben lo que sucede a su alrededor y en su propio cuerpo, reaccionando ante los estímulos.
Son ejemplos de esta función el crecimiento de las plantas hacia la luz o la huida de un animal ante la presencia de un depredador.
Agrupa los procesos por los cuales los seres vivos originan nuevos individuos. Las formas de reproducción son muy variadas, pero pueden agruparse en dos tipos:
Asexual. Interviene un solo individuo a partir del cual se originan descendientes idénticos al progenitor. Por ejemplo, las bacterias.
Sexual. Intervienen dos individuos de diferente sexo que aportan una célula sexual o gameto. Ambos se unen y dan lugar al nuevo individuo. Por ejemplo, la gallina.