Según la Ley 24/2003 de la Viña y del Vino, se reconoce como «denominación de origen» el nombre de una región, comarca, localidad o lugar determinado que haya sido reconocido administrativamente para designar vinos que cumplan las siguientes condiciones:
a) Haber sido elaborados en la región, comarca, localidad o lugar determinados con uvas procedentes de los mismos.
b) Disfrutar de un elevado prestigio en el tráfico comercial en atención a su origen.
c) Y cuya calidad y características se deban fundamental o exclusivamente al medio geográfico que incluye los factores naturales y humanos.
Las entidades responsable de otorgar la DO a una bodega son los Consejos Reguladores de dicha región.
A partir de la iniciativa de la Denominación de Origen, surgieron otras para marcar más la diferencia entre la calidad entre los vinos:
Denominación de Origen Calificada: además de los requisitos propios de las DO, las DOCa deben cumplir con algunas exigencias adicionales. Por ejemplo, más de 10 años reconocida como DO, las bodegas inscriptas deben producir exclusivamente vino con esta calificación, se regula no solo la produccion sino también la salida al mercado, etc. En resumen, un nivel de exigencia superior al de DO. Actualmente (Noviembre 2010) solo Rioja y Priorato cuentan con esta calificación.
Vinos de Pago: este es un nivel de calificación aún superior, asignado una regiones muy pequeñas, con condiciones climatológicas y/o de suelo diferentes a la de zonas aledañas. Uno de los requisitos es que la bodega se encuentre dentro del viñedo, lo que ha generado una gran polémica ua que uno de los mejores vinos de España, el Pingus, no cumple con esta exigencia. Estos vinos cumplen como mínimo con los requisitos de DOCa. A la fecha existen en España 10 regiones con Denominación de Origen de Pago; las fincas en general tienen entre 40 y 80 hectáreas.
Vinos de la tierra: estos son vinos de mesa que hacen referencia a una indicación geográfica. Los requisitos son menos restrictivos que los de la DO, y tienen en cuenta las condiciones ambientales y de cultivo que otorgan a esa región caracterísiticas específicas.
La Ley de la Viña y del Vino establece requisitos mínimos en lo referente al tiempo de envejecimiento de los vinos para poder poder clasificarse como crianza, reserva, etc. Sin embargo los distintos Consejos Reguladores de cada comunidad autónoma pueden establecer exigencias aún mayores. La siguiente tabla muestra los requisitos mínimos dictados por dicha ley, y como referencia, los requisitos para los DO Rioja y DO Ribera del Duero (en todos los casos, para vinos tintos).
Estos tres procediminetos puesden ayudar a mejorar el vino una vez abierta la botella, pero hay que saber cuándo aplicar cada uno, según lo que se busque.
Decantación: se busca eliminar los posos o residuos sólidos que pueden generarse en la botella. Este proceso puede necesitarse en caso de vinos muy viejos, o de los vinos sin filtrar. Un vino debe decantarse justo antes de consumirlo, para evitar una excesiva aireación, a menos que también sea ese un objetivo. El vertido del vino en el decantador debe hacerse en forma suave y constante. Es recomendable mirar el cuello de la botella durante el procesos, ya que se podrá observar cuando los residuos de acercan al pico de la botella, y entonces detener el vertido.
Aireación: se busca eliminar aromas de reducción no deseados, por ejemplo huevo prodrido, excesivo olor a animal, cuero, etc. Estos aromas se detectarán ni bien se abre la botella. Con la aireación se busca liberar al vino de esos aromas, pero no alterarlo oxigenándolo en demasía.
Jarreo: el objetivo es despertar o enfatizar aromas en base a una oxigenación brusca. El jarreo puede necesitarse en caso de vinos jóvenes, demasiado tanicos o astringentes.
Aromas primarios: también conocidos como varietales, son los que provienen de la variedad de la uva, y del entorno de cultivo
Aromas secundarios: provienen de la fermentación. Pueden ser aromas alcohólicos, lácticos. Un aroma secundario típico es el de plátano, proveniente de las levaduras.
Aromas terciarios: son los aromas provenientes de la crianza. Por ejemplo madera, ahumados. Un vino joven, o sin crianza, no presenta estos aromas. Puede darse el caso que un vino joven presente leves aromas ahumados, por provenir de suelos muy minerales.
Aromas de reducción: la reducción es lo opuesto a la oxigenación. Este proceso principalmente se desarrolla cuando el vino es embotellado, y privado de oxígeno. Estos aromas típicamente son a animal, cuero, caucho; son conocidos como "aromas de frenazo". La aireación puede ayudar a eliminar estos aromas.
Crianza: entre 3 y 5 años después del año de cosecha
Reserva: entre 5 y 7 años después del año de cosecha
Gran reserva: aproximadamente 15 años después del año de cosecha
Elaboración
La elaboración de los vinos de Jerez, única en el mundo, pasa por diferentes procesos antes de poder degustarlos.
La vendimia suele efectuarse a principios del mes de septiembre, cuando el escobajo de la vid se vuelve oscuro y la uva se vuelve blanda y dulce. La uva que llega al lagar se selecciona quitando los racimos en malas condiciones, el escobajo y las hojas que traiga, para evitar el exceso de tanino. La uva seleccionada se introduce en máquinas que la estrujan suavemente para que el grano se abra antes de entrar en la prensa. El mosto extraído se denomina mosto de yema. Al vino joven de cada año, ya terminado, se llama sobretabla.
Los mostos realizan una doble fermentación entre septiembre y diciembre. La primera dura unos tres días que convierte el 90% del azúcar de la uva en alcohol. La segunda, más lenta, le va confiriendo al mosto las características de un vino joven. Finalizada la fermentación, el caldo resultante es un vino blanco de una graduación entre 11 y 12º.
Los vinos resultantes de la fermentación se catan y se clasifican antes de la eliminación de las lías. Los catadores deciden el rumbo que seguirán en la fase de crianza en función de las características que presenten. Así, los vinos pálidos, muy limpios a la nariz y ligeros se clasifican como fino o manzanilla, mientras que los que son netos al olfato pero tienen más cuerpo y están bien estructurados, se clasifican como olorosos. Se le añade alcohol vínico (fortificación o encabezado) incrementando su graduación natural a distinta graduación según [los vinos vayan a criar con levadura de flor o no. (En la superficie de los finos y manzanillas se desarrolla una capa de levaduras que recibe el nombre de flor).
Tras la fortificación, el vino se introduce en barricas (aquí llamadas "botas") de roble americano de 600 litros de capacidad. Se llena de vino los 5/6 de la bota y se deja el sexto restante ("dos puños") a modo de cámara de aire. Esta práctica diferencia el sistema de crianza del jerez del usado en otras regiones vinícolas, en las que el vino se cría en vasijas herméticamente cerradas para evitar la oxidación. En los finos y manzanillas, este velo de levaduras cubre toda la superficie del vino dentro de la bota, aislándolo del aire e impidiendo su oxidación, por lo que esta forma de crianza no es oxidativa sino "biológica". La flor se reproduce y muere constantemente, proliferando o "floreciendo" especialmente en primavera y otoño y debilitándose en verano e invierno, cuando las temperaturas son más extremas. La "flor" interactúa constantemente con el vino que cubre, consumiendo parte de su alcohol y nutrientes y aportándole aromas y sabores. La "flor" que va muriéndose, se decanta y deposita en el fondo de la "bota", formando lo conocido como "madre del vino".
Otra gran originalidad es que el vino no se introduce en una bota para que haga toda su crianza oxidativa hasta que pase a la botella, sino que se elabora con el sistema de “soleras” y “criaderas”: se trata de varias filas superpuestas de botas (criaderas), sobre una fila que descansa en el suelo (solera). Las botas se alinean en hiladas a distinta altura llamadas andanas, ordenadas según la vejez del vino que contienen y se agrupan en baterías o cachones.
Cada año se saca una pequeña porción de las botas de la solera para embotellarla y sacarla al mercado (operación llamada “saca”); el vacío dejado en la bota se rellena con una cantidad equivalente de otra bota de la fila inmediatamente superior (“rocío”), que a su vez es rellenada con el vino de otra bota de la fila inmediatamente superior; es decir se realiza un corrimiento de los vinos. Finalmente la fila superior se rellena con el vino nuevo de cada año. Esta operación de trasiego se conoce como "correr la escala" o "correr las clases”. De esta manera, el vino más joven se va mezclando con el más viejo del que adquiere progresivamente sus características, logradas tras años de solera. Este sistema de soleras y criaderas hace posible una perfecta homogeneización del vino. El sistema de criaderas y soleras, es un sistema de crianza dinámico, completamente distinto al sistema de añadas que es estático. []Precisamente el hecho de que el vino más envejecido es el que se encuentra en la fila del suelo (solera), es la que da origen al concepto “un vino de solera” o a la expresión popular de “tener solera”, para referirse a algo con tradición o antigüedad. Por ello, no puede decirse que los vinos del Marco de Jerez sean de una cosecha concreta, sino que solamente puede indicarse una vejez mínima o media, según los casos. La vejez mínima del Jerez es de tres años, lo que equivale a una solera y dos criaderas. Por eso las etiquetas de las botellas de los vinos de Jerez nunca indican la cosecha, ya que el vino es una mezcla de muchas de ellas, y cuando visitamos una bodega jerezana y nos hablan de una solera del año 1880, no quiere decir que el vino que contiene la bota es de ese año, sino es una mezcla de todas las cosechas desde 1880 hasta la última.
La comarca de Jerez y viticultura
La región de producción y crianza de vinos de Jerez (marco) supera las 18.000 hectáreas de viñedo que se reparten por los términos municipales de Jerez de la Frontera, Puerto de Santa María, Puerto Real, Rota, Sanlúcar de Barrameda, Chiclana de la Frontera, Chipiona, y Trebujena, en la provincia de Cádiz, así como por Lebrija, en la provincia de Sevilla.
La orografía del marco de Jerez se compone de grandes llanuras y suaves lomas que forman una campiña de horizontes abiertos, donde se sitúan los pagos. Hay tres tipos de tierras en Jerez: albarizas, formada por acumulación de algas microscópicas, son las mejores y constituyen la zona conocida como “Jerez Superior” (vinos de mejor calidad) y las emplazadas en pagos de barro (de color oscuro) o de arena (de tonalidades doradas) que constituyen y la "Zona".
La albariza es el elemento edafológico más singular del Marco, que recibe su nombre por el color blanquecino del terreno. Consiste en una roca blanca y orgánica, rica en carbonato cálcico, arcilla y sílice formada en el Oligoceno por la sedimentación de las aguas de un mar interior. Es la tierra más apropiada para la producción del jerez, pues tiene un alto poder de retención de agua y durante el verano permanece seca en la superficie pero húmeda a varios metros de profundidad. Además, en verano hace como una costra que actúa de espejo distribuyendo el sol por todas partes de la cepa para que maduren todos los racimos a la vez.
El clima es muy cálido como corresponde al sur de la península Ibérica, atemperado por la cercanía del Atlántico y dominantes vientos de poniente (del océano) y levante. La temperatura media durante el período de actividad de la vid es de 17,5º centígrados, rondándose los 300 días de sol anuales. En verano, la humedad marítima modera la temperatura, contrarrestando el efecto del viento de levante y trayendo a las viñas la blandura. Las precipitaciones anuales rondan los 600 l/m2 de media, concentradas entre octubre y mayo, siendo septiembre un mes seco, circunstancia que favorece la maduración y la recogida de la uva en la vendimia. La viña recibe tradicionalmente más cuidados que cualquier otra, hasta 24 trabajos diferentes a lo largo del año.
Agostao: La plantación de la viña se prepara mediante el desfonde o cava de la tierra. Se realiza un cajón por cada cepa que se va a plantar, se procede al abonado de fondo de cada uno de ellos y se tapan con tierra. Estas faenas se realizan en agosto, cuando la tierra está más seca y cuesta menos ararla al ser menos compacta.
En la primera poda, a la cepa injertada, se le dejan sólo dos brazos, que posteriormente servirán para podarla según el sistema de "vara y pulgar", que consiste en dejar en un brazo de la cepa una vara de ocho yemas, mientras que en el otro brazo se deja un pulgar de una sola yema. De la vara nacerán los racimos de esa cosecha, mientras que del pulgar saldrá un sarmiento. Al año siguiente el sarmiento que brotó del pulgar será la vara, mientras que la vara del año anterior se podará en corto, a modo de pulgar. Este sistema de poda alterno se realiza entre diciembre y enero.
La vendimia suele efectuarse a principios del mes de septiembre, cuando el escobajo de la vid se vuelve oscuro y "la uva se rinde", esto es, cuando está blanda y dulce. La uva debe tener como mínimo de 10,5º baumé. La "corta" de la uva se realiza a mano y se lleva inmediatamente al lagar. Para lograr la pasificación de la uva destinada a la producción de vinos dulces (Pedro Ximénez y Moscatel), se coloca ésta sobre redores de esparto al aire libre, pero que de noche se cubren para que la humedad de la madrugada le afecte lo menos posible. Este procedimiento, que se denomina soleo, puede prolongarse más de una semana, dependiendo de las condiciones climatológicas que se den.